Cosas del español (54): EL ERROR, MOTOR DE LA LENGUA

---

En muchos casos, las equivocaciones o errores que se cometen en la lengua acaban por enriquecer el idioma.

A medida que las lenguas romances peninsulares a lo largo del medievo ganaban terreno al latín, el uso de este se fue reduciendo, quedando limitado a algunos ámbitos, uno de los cuales fue el de la liturgia, donde se mantuvo hasta el Concilio Vaticano II, ya en la segunda mitad del siglo XX. Los fieles escuchaban en la iglesia un discurso que resultaba incomprensible para la mayoría de ellos. En ocasiones, se produjo una reinterpretación de términos y expresiones. A este respecto llama la atención el caso de la voz sursuncorda: Ni aunque lo mande el sursuncorda. En la misa, tras escuchar la palabra sursuncorda, los fieles se ponían en pie, lo que dio lugar a que esa voz latina se entendiese como si se refiriese a una persona importante. Una malinterpretación semejante padeció in diebus illis, que significa ´en aquellos días´; por mediación de un falso corte de palabras del pueblo iletrado, la fórmula se convirtió en busilis -hoy en retroceso-, voz que de manera coloquial alude al ´punto en que se estriba la dificultad del asunto de que se trata´.

Las uniones o separaciones equivocadas de palabras en las frases se denomina reanálisis, y ha generado términos y expresiones como atril o al alimón. La palabra atril procede de un hipotético lectorile, del latín lector, -oris (´lector´), que en su evolución al romance dio latril. Se produjo después una falsa partición: [l] atril, al considerar los hablantes que la l correspondía al artículo. El nombre de alalimón designa un juego infantil cuyos participantes cantaban unos versos que empezaban con el estribillo «alalimón, alalimón». De la errada división de esta voz -al considerar al como contracción- deriva la locución al alimón (´conjuntamente´).

Caso singular es la expresión no hay tutía, que se emplea para señalar que no hay esperanza o que algo no tiene remedio. Al vocablo atutía, derivado del árabe hispano attutíyya, que designaba un ungüento curativo preparado a base de cinc, le fue arrebatada la a inicial. Una vez perdida la noción de ese tutía, se procedió a separarlo en dos: tu tía, identificando espuriamente a dicho miembro de la familia. La reinterpretación ha triunfado y está registrada en los manuales de la Real Academia.

(Fuente: Nunca lo hubiera dicho, Taurus, Madrid, Real Academia Española, Asociación de Academias de la Lengua Española, págs. 143 y 144).

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Contracorriente: EJERCICIO DE FRAUDE GENERAL

WikiLeaks: Las Reflexiones Completas del Embajador Ford sobre “Mel” Zelaya.

Contracorriente: LOS “HIJOS” DE MEL, ¡ENSILLAN SUS CABALLOS!