Contracorriente: EL NEGOCIO DE LA CRUELDAD
Juan Ramón Martínez El país no encuentra rumbo. El liderazgo nacional, no cuaja. Todavía se imponen los viejos líderes. Los fracasados que en su momento no conservaron ni siquiera las esperanzas iniciales. Diferenciar derecha e izquierda –como es el ejercicio habitual de los politólogos— no tiene sentido. El hilo que separa la “derecha” de la “izquierda”, ha sido muy tenue. Casi invisible. Por ello, algunos colegas resolvieron el problema, eliminando las diferencias. Aquí, todos son conservadores, todos iguales. Solo dejando un espacio en que se juntan en el “populismo”. Todo plano. O a la inversa. Aceptar el discurso único: yo soy lo que quiero ser y el otro solo existe cuando yo quiero que respire. Renuncia a la lógica e imposición de clasificaciones, basadas en visiones caprichosas e infantiles. El diálogo ha desaparecido. No hay discusión. Algunos políticos incluso prefieren hablar con los perros y las cabras. Solo se leen a sí mismos. O mediante intercambios de mercaderes. Pr...