Contracorriente: OPORTUNIDADES DESAPROVECHADAS

Juan Ramón Martínez

En la historia de las naciones exitosas, destaca la capacidad de sus élites para aprovechar las oportunidades. En las fracasadas sobresale la incompetencia para aprovecharlas; y usarlas en dirección al logro de una mayor fuerza para lograr el mejoramiento de la calidad de vida de su pueblo. En el caso de Honduras, nadie puede negar las oportunidades, las ventajas comparativas que hemos tenido. Más que suficientes.

En primer lugar estamos ubicados en el trópico, en el Caribe de los huracanes; pero en la orilla de la zona más inestable, con una precipitación de agua inmejorable, días de sol más que suficientes para una agricultura exitosa, tierras de buena calidad y suficientes para alimentar a una población de mas de diez millones de habitantes; y con dos océanos, de forma que podemos comerciar con todo el mundo, teniendo acceso, desde finales del siglo XIX, al mercado de consumidores más grande y fuerte del planeta: los Estados Unidos.

Sin embargo, no hemos contado con la elites inteligentes y comprometidas con un proyecto nacional; ni con un pueblo inteligente y ávido de éxitos y logros extraordinarios. Por el contrario, ha privado la conformidad, el ejercicio lastimero, la elección de la mediocridad como ruta; y la creencia que todo tiene que caernos del cielo, sin el menor esfuerzo y responsabilidad.

Geográficamente, tenemos el mayor número de ríos de la región, con niveles diferentes entre sus nacimientos y desembocaduras en el Pacifico y el Caribe. Sin embargo, somos deficitarios en energía eléctrica, dependemos de los derivados del petróleo para generarla e incapaces de construir una matriz eléctrica que nos permita ser autosuficientes.

La ganadería, una de las primeras actividades económicas, no permitió el desarrollo de la industria láctea; ni la producción de carnes que compitiera con el resto del mundo. Privó el bajo costo de la tierra, el exceso de mano de obra barata; y la falta de ánimo empresarial. Igual ocurrió con la minería. Apenas llegamos a la exportación de la broza.

En la industria bananera, el más exitoso momento de la economía nacional, no fue aprovechado para desarrollar una nueva clase empresarial. En 1975, creyó que podíamos desde el gobierno, suplir esa falta con resultados negativos. Ahora, importamos bananos de Nicaragua es decir que, igual que en el resto de los bienes básicos, no somos autosuficientes, ni siquiera en el maíz blanco que tanto le gusta a nuestra gente.

Ahora, que por momentos se habla de la importancia de aprovechar la condición ístmica para transportar mercancías y personas, se pasa por alto que, en 1975, Honduras recibió 464 kilómetros de vías férreas, ahora desaparecidas. Los rieles fueron vendidos a las fundidoras de Guatemala por millones de dólares: y con ese dinero se levantaron elegantes hoteles. Solo han dejado los terraplenes, que no han podido echárselos al hombro. “El único valiente que advirtió la debacle de la industria bananera fue Rodolfo Luna Moran”. Anticipó lo que ocurriría. “Será similar a la industria del tabaco en Cuba. Los mejores técnicos y profesionales de esa agroindustria dejaron Cuba y se establecieron en otros países, con los daños conocidos por todos”, menos por Rixi Moncada.

El lugar destacado en la exportación de banano, fue ocupado por Ecuador y Costa Rica. Ellos entendieron los retos y los anticiparon, aprovechando las oportunidades. Ahora, en lo único que “competimos”, es en la exportación de mano de obra barata que tiene alguna aceptación en varios lugares; y, políticos mediocres que, desafortunadamente, nadie quiere tener en sus territorios.

En 1975, los militares se equivocaron. Creyeron que desarrollar un país era como manejar un batallón. Desde 1980, para acá, la mediocridad se ha impuesto. El pueblo ha aumentado en número; pero ha perdido calidad. En cada elección escoge a los peores, porque no tiene una idea del buen gusto; ni de la calidad que debe reunir un servidor público.

Mel, un “sinvergüenza simpático” y sincero, lo dijo en su oportunidad: en Honduras, “cualquier pendejo es presidente”. Él lo fue. Xiomara también. Igual, López Arellano, Paz García, Suazo Córdova, Reina, Flores y JOH.  

Ahora, de cara a las elecciones de noviembre, lo razonable es votar por el “menos peor”. Si elegimos a un compatriota sin méritos, que no aproveche las oportunidades; y que más bien, haga las mismas estupideces, nos empujará hacia la pobreza y la mediocridad. Hasta 2050 en que Jubal Harari, ha anticipado que Honduras desaparecerá. Y el territorio nacional, será ocupado por los países vecinos.

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