Hace 50 años: “LO HORCONES”, LEPAGUARE: HISTORIA DE UNA MATANZA (XIII)
Anales Históricos
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PARTE XIII
Juan Ramón Martínez
Policarpo Paz García & Mario Maldonado Muñoz
37. La “legitimidad” del régimen militar y
el papel de los partidos.
Para septiembre de 1975, un año después de la
devastación de la Costa Norte por el Huracán Fifí, que dañara las plantaciones
bananeras y la sequía del año siguiente destruyó el 85 % de la producción
agrícola (Arístides Padilla, La Prensa 28 de septiembre de 1975, Colección
Hondureña, Biblioteca Central, UNAH); y a pocos meses que se hubiera
cometido la matanza de los Horcones, Lepaguare, Olancho, la cuestión básica de
las reflexiones en Honduras era la legitimidad del régimen militar, el papel de
los partidos políticos y la participación de la inversión extranjera. Los
militares se imaginaban mejores que los políticos civiles, -- más honrados y
más competentes – aunque en los hechos, el mayor Chinchilla en Olancho había
ensombrecido el discurso, y el soborno bananero (abril de 1975) evidenciado que
los ladrones podían usar o no uniforme militar; o saco y corbata.
Que la cuestión era la legitimidad democrática
y dentro de esta, la voluntad de las mayorías, expresadas en elecciones libres.
Y aquí, los militares, estaban en desventaja. Sin embargo, Juan Alberto Melgar
Castro, en una gira de trabajo en la zona central, dijo que “Los partidos
políticos deberían estar ayudando a calmar el hambre y no organizando
concentraciones. Estamos abocados a situaciones difíciles, hablar de diálogo
ahora no es correcto. La verdad es que este no es el momento adecuado para
hablar de política… llegará el día, pero no hoy”. El tema de la “soberanía
militar”, era muy importante para los hombres de uniforme. La idealización de
la espada, era un imperativo de su existencia que, de alguna manera se sentía
afectada por el regreso al orden constitucional, al estado de derecho y a la
soberanía popular.
Y para Melgar Castro esas situaciones difíciles
incluía además de las que provocaba los efectos climáticos adversos, la
relaciones con el Salvador rotas desde el 27 de junio de 1969, la supuesta
carrera armamentista de este vecino país; y las reformas económicas, en las
que, más que en otra cosa después de la supuesta superioridad militar, los
militares basaban y justificaban su control sobre el poder. Así, la
justificación del régimen y el orden de cosas vigente eran las reformas que el
país urgía para impulsar su desarrollo socio económico. Por ello cuando le
preguntaron a Melgar sobre las reformas que se decían se iban a hacer a la Ley
de Reforma Agraria, dijo “que no la reformaremos porque eso sería echar pie
atrás en cuanto la aplicación de la Ley. Del artículo 39 lo único que hemos
hecho es el reglamento que ya está aprobado”. (Leonardo Letona, La Prensa 13
de septiembre de 1975, Colección Hondureña, Biblioteca Central UNAH).
Melgar no ignoraba sin embargo, que no solo era
cuestión de deslegitimar a los partidos políticos por sus posturas; o por el
supuesto distanciamiento de los votantes – cosa que estaba en duda porque desde
1972, no había habido elecciones generales en el país – en vista que además, la
empresa privada nacional, en la voz de sus dirigentes más calificados y
agrupados en el COHEP, empezaban a moverse para auscultar la realidad nacional
y asumir posturas que nadie ignoraba que estaban más cerca de las de los partidos
políticos que de los militares. “Los miembros del Consejo Hondureño de la
Empresa Privada (COHEP) se reunieron ayer durante varias horas para elaborar la
agenda que será analizada en la importante cita de hombres de empresa que se
efectuará el próximo 18 de octubre en San Pedro Sula, a nivel Nacional. Camilo
Girón, máximo directivo de esa organización expresó a “La Prensa” que el
documento incluye análisis sobre el proceso de reforma agraria, la situación
económica que atraviesa el país, el anuncio de probables cargas impositivas, el
sistema crediticio tanto a nivel nacional como internacional, proyecciones y
logros del Plan Nacional de Desarrollo y la situación política actual en sus
aspectos negativos en cuanto se refiere al desarrollo integral de Honduras”. (La
Prensa, 26 de septiembre de 1975, Colección Hondureña, Biblioteca Central,
UNAH).
Para entonces, el programa televisivo más
popular del país era el que dirigían Jacobo Goldstein, Mazariegos y Gabriel
García Ardón “Este Domingo”, creyó que era oportuno un debate entre Mario
Maldonado Muñoz, director del INA y Modesto Rodas Alvarado el líder máximo del
Partido Liberal y el mejor representante y defensor de los intereses de los
ganaderos y de los agricultores del país, para confrontar las dos tesis: la
reforma agraria y la protección de los campesinos por una parte y por la otra,
la defensa de las tierras de propiedad privada – cultivadas o no – y las
tierras fiscales bien trabajadas por agricultores y ganaderos. Ni Maldonado
Muñoz y menos, Rodas Alvarado aceptaron la invitación. En cambio, García Ardón,
invitó a su programa de televisión en SPS a Edgardo Dumas Rodríguez, exitoso
profesional del derecho y empresario de aquella ciudad que había empezado a
llamar la atención, insinuando que estaba interesado en iniciarse en la vida
política nacional. Dumas Rodríguez, en forma directa y sin vacilaciones, afirmó
que el régimen militar no tenía credibilidad entre el pueblo hondureño y que,
por ello, el régimen presidido por Melgar Castro, debía ser sustituido por un
gobierno civil provisional para superar la crisis hondureña. (La Prensa, 20
de septiembre de 1975, Colección Hondureña, Biblioteca Central, UNAH).
Dumas Rodríguez, había sido Ministro de Trabajo
de López Arellano y gozaba de mucho prestigio en los medios bancarios de la
capital industrial del país. De forma que sus declaraciones causaron impacto.
Los militares por su parte, en busca de una retórica escolar desarrollaron una
nueva justificación de sus tareas en el mundo político. En la inauguración de
obras en el IV Batallón de Infantería de la Ceiba, el Jefe del Estado Juan
Alberto Melgar Castro dijo que “el soldado es un ciudadano que viste de uniforme
para servir a la Patria. Empuñado por un buen soldado”, “la espada es arma que
se ennoblece en la causa de la redención popular”. (La Prensa, 22 de
septiembre de 1975, Colección Hondureña, Biblioteca Central, UNAH).
Más bruscos, otros militares, especialmente
oficiales miembros de la Primera Promoción de la Escuela Militar Francisco
Morazán, se mostraron más inquietos, nerviosos y agresivos. Mas primarios y
rurales. El teniente coronel Rigoberto Regalado Lara en declaraciones a un
periódico dijo que “ocho centros de salud, iguales a los que construye el
Ministerio de Salud Pública, pudo haber edificado el gobierno militar con el
sueldo anual de cada diputado ante el Congreso Nacional, el último del régimen
de derecho. Eso equivale a 412 centros de asistencia rural que, a un costo de
mil lempiras cada uno, se hubieran levantado con el salario de los 64 padres de
la patria que sumó un total de 1.536.000 en el mismo periodo. Eso indica que
varios centenares de miles de hondureños se hubieran beneficiado con la
inversión de ese dinero, sin incluir lo que se gastó en dietas, pagos de
secretarias, papelería y otros materiales, mantenimiento del edificio y otros
gastos extras que todo el mundo conoce. Hasta el momento, el Ministerio de
Salud Pública ha construido 130 centros de salud rural (CESARES) con una
inversión aproximada de 390.000 lempiras. Por el mismo camino van las escuelas.
Nosotros no queremos atacar a los partidos políticos, ni lo estamos haciendo.
Queremos hacer conciencia entre el pueblo (para) que cada hondureño comprenda
que el gobierno de las Fuerzas Armadas está trabajando por lograr un beneficio
para la mayoría” Y al final, dijo que “retornaremos a la constitucionalidad
cuando el pueblo, las organizaciones sindicales y las bases populares, así lo
demanden”. (Tiempo, 5 de septiembre de 1975 Colección Hondureña, Biblioteca
Central, UNAH).
Para entonces los dirigentes de los partidos
políticos habían presentado ante Naciones Unidas una denuncia en contra del
Gobierno de Melgar Castro, “por la prohibición para que los partidos políticos
pudieran efectuar sus concentraciones políticas”. Ante esto Rigoberto Regalado
Lara aclaró al periódico citado que “El pueblo tiene más razón para protestar
que ellos nunca hicieron un intento para mejorar y transformar la situación.
Ellos (los partidos políticos) han violado en muchas ocasiones los derechos humanos
y nadie ha protestado por ello”.
Pero no todo el mundo estaba de acuerdo con
esta visión en la que los militares se apropiaban de la soberanía nacional y
desplazaban al pueblo de su derecho natural y jurídico. Manuel Acosta Bonilla,
que había sido ministro de Osvaldo López Arellano dijo sobre el asunto que “el
ejército que ha asumido la responsabilidad de gobernar el país, deviene
obligado a hacer posible una base mucho más amplia de apoyo popular que le
permita ejecutar las medidas necesarias para atender los problemas inmediatos
del país y consolidar el proceso de reformas iniciado en 1972. Esto, además de
devolver la normalidad jurídica dentro de un marco institucional más
democrático y representativo donde tengan plena cabida las tendencias
genuinamente hondureñas que están conscientes de los cambios que Honduras
necesita para superar con éxito los obstáculos que le presenta el
subdesarrollo, asegurando a las personas y a las futuras generaciones una vida
más digna y democráticamente libre”. (Tiempo, 12 de septiembre de 1975,
Colección Hondureña, Biblioteca Central, UNAH).
En una columna de opinión, el hijo del
expresidente liberal Ramón Villeda Morales, doctor Ramón Villeda Bermúdez,
escribió que “hay superficialidad cuando se invocan los desafueros de algunos
políticos, para impeler una orden arbitraria. Sabemos que si hay políticos que
nada pueden ofrecer al país, pero de esta definición tampoco se escapan algunos
integrantes de las Fuerzas Armadas. Es equivocado generalizar. Hace pocos meses
se asesinaron sacerdotes, mujeres y campesinos en Olancho quedando los restos
en un pozo artesiano. Hubo militares en el premeditado asesinato colectivo,
pero los partidos políticos no cayeron en la bajeza de acusar a las Fuerzas
Armadas. No lo hicieron porque no era justo”. (Ramón Villeda Bermúdez,
Declaraciones de los militares, La Prensa 7 de septiembre de 1975, Colección
Hondureña, Biblioteca Central, UNAH).
Igualmente, directo, fue el mayor e ingeniero
Roberto Gálvez Barnes, ex ministro de Julio Lozano Díaz, hijo del ex presidente
Juan Manuel Gálvez y ex triunviro de la Junta Militar de Gobierno, que
categóricamente sostuvo que “los militares no son los únicos jueces para
decidir el retorno constitucional”. Agregó que creía “que, si los partidos
políticos demuestran que existe la democracia dentro de sus mismas filas, el
pueblo adquirirá la confianza que desde hace algún tiempo ha dejado de tener en
las tradicionales instituciones políticas”. “Gálvez aboga por un retorno a la
democracia y no a la (simple) constitucionalidad. Esto lo interpreta en el
sentido de que el proceso de elección dentro de las instituciones políticas se
realice democráticamente, y que la Constituyente, una vez convocada, prosiga el
proceso, continuando con el paso siguiente, que es la elección de autoridades
supremas, mediante el voto directo. En relación con lo que
manifiestan las Fuerzas Armadas, en el sentido que será el instituto militar,
el que decidirá cuándo sea el momento preciso para el retorno constitucional,
Gálvez Barnes opinó que no creía que fueran ellos los únicos jueces que tenía
Honduras para determinar cuándo era el momento adecuado. Roberto Gálvez Barnes
censuró la prohibición que las Fuerzas Armadas han emitido para todo tipo de
reunión de los partidos políticos; porque considera que más bien puede hacer
que el pueblo reaccione en forma negativa a los intereses del ejército. “Yo
pienso que, si las Fuerzas Armadas en realidad quieren el retorno al orden
constitucional, deben contribuir a ello. Es necesario permitir las reuniones
políticas, de lo contrario se estará propiciando la clandestinidad de los
partidos tradicionales”. (Tiempo, 6 de septiembre de 1975, Colección
Hondureña, Biblioteca Central, UNAH).
El mismo periódico, en una nota destacada, sin
firma – atribuible a su director Manuel Gamero – le respondió
a Rigoberto Regalado Lara, diciendo que “esperamos que nos vengan con el cuento
de son (los ahorros que se tendrían sin que funcionara el Congreso Nacional)
para la soberanía nacional. Ya se comentó ayer el abuso que se está cometiendo
con el pretexto del desarme en algunas zonas del sur y occidente del país.
Pareciera, pues que de la demagogia estamos pasando al terror, que es la
antesala de la Dictadura” (Tiempo, 6 de septiembre de 1975, Colección
Hondureña, Biblioteca Central, UNAH).
Cesar Batres & Manuel Acosta Bonilla
Más conciliador Cesar Batres, en declaraciones
a un corresponsal internacional, declaró que “compete al Consejo Superior de
las Fuerzas Armadas despejar la incógnita política que vive el país sobre el
retorno del orden constitucional”. En su calidad de hombre más cercano a Melgar
Castro, Batres se mostró partidario de un sistema de gobierno constitucional.
“Soy, dijo, un hombre que cree en el derecho y el país debe regirse por leyes”.
El también asesor de la Jefatura del Estado manifestó que “ya es tiempo que el
Consejo Superior de las Fuerzas Armadas tome las medidas pertinentes para
encauzar el país a un gobierno constitucional que surja de elecciones
generales. Un proceso que devuelva al país un gobierno constitucional es lento
y hay que seguir los pasos que requieren mucho tiempo”. (ACAN—EFE, 26 de
septiembre, Tiempo, 17 de septiembre de 1975, Colección Hondureña, Biblioteca
Central, UNAH).
Ese mismo día, Benjamín Santos, Secretario de
Formación del Partido Demócrata Cristiano de Honduras PDCH, dijo que “si las
organizaciones que piden el retorno a la constitucionalidad estuvieran
dirigidas por personas más identificadas con el esquema neocapitalista y, por
lo tanto, menos ligadas al sector tradicional de la economía, esta bandera de
lucha tal vez tendría una aceptación entre los que sustentan tal ideología”.
“La Constitución – dijo Santos – ha sido utilizada como
cortina de humo para cometer toda clase de excesos. En general, el pueblo no
cree en la efectividad de las leyes porque sabe que los grupos económicos y
políticos que han manejado el país siempre están por encima de sus disposiciones.
Por la tendencia a la arbitrariedad, heredada del sistema colonial y por los
abusos cometidos en la época independiente por las elites de poder, en el
pueblo nunca ha penetrado profundamente el sistema jurídico como para decir que
ha normado y norma la conducta en los diferentes campos de la actividad
humana”. Aseguro que en “la historia de las doce constituciones que ha regido
la vida de este país, las preocupaciones constitucionalistas han sido propias
de grupos de intelectuales o criollos ilustrados, pero no de la masa popular.
Es explicable esta actitud si tomamos en cuenta que el 80% de la población ha
sido analfabeta y que las mismas constituciones han tenido poco que ofrecer al
pueblo para satisfacer sus necesidades de alimentación, salud, vivienda y
vestuario”. (Tiempo, 17 de septiembre, Colección Hondureña, Biblioteca
Central, UNAH)
Con tales declaraciones, Santos estableció que
el PDCH no se imaginaba todavía como partido político, sino como una parte de
la organización popular interesada en las reformas del proyecto militar que
atendían necesidades puntuales de la población pobre, y que, en consecuencia,
los objetivos políticos y la búsqueda del poder, era algo subalterno e
instrumental. Y para confirmar este supuesto, “aseguro que es falso el
argumento de que el qué no apoya la campaña constitucionalista es que adversa
el constitucionalismo como principio y la democracia como sistema. La
democracia es algo diferente al capitalismo –- aunque históricamente han
caminado de la mano—y su esencia no está en que el pueblo meta el dedo en las
urnas cada seis años, sino en el control permanente del poder por parte del
pueblo”
38. El regreso de sacerdotes y laicos a
Olancho.
Monseñor Evelio Domínguez
No sabemos la fecha en que se le confió a
Monseñor Evelio Domínguez Recinos, párroco de Sabanagrande y Obispo Auxiliar de
Tegucigalpa la dirección y administración de la diócesis de Olancho. Pero el 18
de septiembre dio declaraciones, en el sentido que “el regreso de varios
religiosos a esa comarca ha llenado de satisfacción al pueblo al que catalogó
como fervoroso seguidor del cristianismo”. Durante los últimos días, sigue
diciendo el periódico “ha trascendido que el pueblo católico de Olancho desea
que Monseñor Domínguez sea nombrado en forma permanente para dirigir allí las
actividades eclesiásticas en sustitución de Monseñor Nicolás D’ Antoni contra
quien al parecer existe un mal ambiente entre quienes conforman la población
olanchana. Por su parte Monseñor Domínguez dijo estar dispuesto a permanecer
allí durante el tiempo que las autoridades eclesiásticas estimen conveniente,
mas no en forma permanente, pues desde hace algún tiempo impulsa programas en
la zona de influencia en el municipio de Sabanagrande y sin su presencia, ese
plan tal vez fracasaría según sus propias palabras. Declaro que según lo
observado la tranquilidad ha retornado a Olancho luego de los lamentables
sucesos de junio anterior, agregando que el trabajo conjunto de todos, hará
posible la riqueza espiritual y material para este enorme departamento. Ricardo
Preston uno de los sacerdotes que se ha integrado a la parroquia de Juticalpa,
declaró al corresponsal que “al principio hubo un poco de temor, pero eso se ha
ido disipando, a medida que el pueblo los hace objeto de toda clase de
atenciones, como siempre ha ocurrido”. Agregó que después de dos meses y medio
de haberse alejado de esa zona, puede aseverar que las actividades de la
Iglesia Católica no han sido descontinuadas, pues muchas personas se han
encargado de activar en la obra de la evangelización. Debido a las
circunstancias actuales, en Olancho no se puede atender a todas las parroquias
y feligreses, pero el padre Preston estima que eso se solucionara en los
próximos días, terminando su intervención prometiendo que trabajaran en pro de
los intereses de todas las personas de Olancho” (Leonardo Letona, La Prensa,
19 de septiembre de 1975, Colección Hondureña, Biblioteca Central, UNAH).
Por su parte las autoridades militares
declararon que “los sacerdotes en este departamento tienen todas las garantías.
Estamos en capacidad de brindarles toda la colaboración que como autoridades
estamos obligados a proporcionar” declaró el capitán Rolando Emilio Bustillo,
representante del gobierno militar en Juticalpa, Olancho. En relación con la
llegada del Monseñor Nicolás D’ Antoni manifestó que “el prelado puede llegar
cuando él así lo estime conveniente. Olancho se encuentra en completa calma y no
hay ningún motivo como para pensar que la vida de algún religioso pueda
peligrar. Existe absoluta tranquilidad” aseguró el militar. Por su parte el
mayor Dolores Suazo, Delegado de la Fuerza de Seguridad Pública (FUSEP)
manifestó que todo el mundo en Olancho se encuentra dedicado a sus labores
diarias. Tenemos instrucciones del alto mando de dar todas las garantías y
seguridades, tanto a las autoridades eclesiásticas como a los laicos. En
relación con la visita que recientemente realizó a Juticalpa el Cónsul de
Francia en compañía de un religioso, expresó que los visitantes andaban
“investigando algunas cosas que se extraviaron en el centro” de “Santa Clara”.
Por cierto, concluye el corresponsal, el inmueble sigue en manos del ejército
nacional” (Leonardo Letona, La Prensa 19 septiembre de 1975, Colección
Hondureña, Biblioteca Central, UNAH):
Aunque el corresponsal evita señalar las cosas
por su nombre, la investigación tenía que ver con el saqueo que el Ejército
hondureño, efectuó en las oficinas y bodegas de la Federación de Cooperativas
de Consumo, que estaban instaladas en el mismo edificio del Centro Santa Clara.
El interés de los franceses tenia que ver con el apoyo financiero que algunas
organizaciones sin fines de lucro de Francia, les daban a las iniciativas de
lucha en contra de la pobreza, especialmente las acciones de las cooperativas
en la que había tomado conocimiento el sacerdote francés Michel Pitón, objeto
de persecución antes del 25 de junio de 1975.
39. La iglesia Católica de los Estados Unidos, se pronuncia
Arzobispo Joseph Bernardin
El diario La Prensa, en su edición del 17 de
septiembre de 1975, publica un cable de la agencia ACAN—EFE, en que se dice que
“La Jerarquía Católica dispuso hoy el retorno de su personal y sacerdotes al
departamento de Olancho, zona centro oriental del país, donde el pasado 25 de
junio se produjeron más de quince muertes violentas, entre ellas las de dos
religiosos extranjeros. Después de los violentos sucesos de Olancho, el
Gobierno Militar y la Jerarquía Eclesiástica dispusieron el retiro de los
religiosos de ese departamento. Monseñor Héctor Enrique Santos, arzobispo de
Tegucigalpa, declaró que el Gobierno Militar había dado garantías a estos
religiosos para la realización de su misión apostólica en ese departamento.
Esas garantías fueron confirmadas hoy por el ministro de Cultura, Turismo e
Información en declaraciones a la prensa. Unos nueve sacerdotes fueron
extrañados del departamento de Olancho por sus vinculaciones estrechas con el
movimiento social cristiano que emprendió una Marcha de Hambre sobre Tegucigalpa
el pasado 25 de junio y que fue disuelta por tropas del Ejército Nacional. El
Obispo de Olancho, Monseñor Nicolás D’Antonio, dijo hace un mes que los
ganaderos y terratenientes habían puesto precio a su cabeza, pero después
rectificó y expresó un llamado de concordia. Los religiosos del departamento de
Olancho se han caracterizado por su identificación con los grupos campesinos,
dentro de una nueva corriente de la Iglesia Católica que adversa la sacristía
sostiene posturas proféticas”. (La Prensa, 17 de septiembre de 1975,
Colección Hondureña, Biblioteca Central, UNAH)
Por su parte la Iglesia Católica
estadounidenses que se había mantenido en silencio ante los hechos del 25 de
junio de 1975, “denuncio hoy (16 de septiembre) en términos enérgicos la
presunta violación de los derechos humanos en Honduras, así como el papel monopólico
que atribuyera a esa república centroamericana a las empresas multinacionales
bananeras de propiedad norteamericana. Una declaración emitida aquí
(Washington) por el arzobispo Joseph L. Bernardin de Cincinnati (Ohio)
Presidente de la Conferencia Católica de Estados Unidos, advierte así mismo que
el grueso de la población hondureña se enfrentará a una hambruna en los
próximos meses. Al mismo tiempo el arzobispo Bernandin prometió la solidaridad
de la Iglesia Católica de los Estados Unidos “con aquellos que buscan el logro
de la justicia en Honduras. Estaremos atentos a sus comentarios (de los
hondureños) sobre el papel que desempeñan nuestro gobierno y las corporaciones
multinacionales norteamericanas en ese país. Pocos pueblos han sufrido tanto en
el curso del último año como los pobres de Honduras, manifestó el religioso
norteamericano, que considera a esa nación centroamericana como un “microcosmo
del tercer mundo”. Los comentarios del líder religioso norteamericano se basan
en los incidentes del pasado 25 de junio, en que murieron, aparentemente en
forma violenta, cuatro personas, incluso dos ciudadanos colombianos (uno de
ellos un misionero) y un sacerdote norteamericano. ¿Quién es responsable de la
muerte de esas personas?, se preguntó el arzobispo Bernardin”. Luego agregó:
“El gobierno hondureño ha iniciado una investigación y levantado cargos contra
varios individuos, tanto civiles como militares, que han estado en contacto con
la asociación de ganaderos y terratenientes. Esta situación ha sido empeorada
aún más por el papel monopolístico que desempeñan en Honduras las corporaciones
multinacionales y sus exitosos esfuerzos en mantener bajos los precios de
exportación del banano. al lograr que el gobierno de Honduras otorgar
concesiones especiales en materia de impuestos a cambio de sobornos pagado a
altos funcionarios del gobierno. El banano cuya explotación y comercialización
están controlados por varias firmas de propiedad norteamericana, es el
principal producto de exportación de Honduras y, por ende, su primera fuente de
divisas extranjeras. El arzobispo Bernardin también denunció que casi la
tercera parte de la población de 2.500.000 personas se enfrenta a una posible
hambruna en los próximos meses y muchos de ellos ya sufren hambre hoy en día.
Honduras, dijo Bernardin, es un “microcosmo del tercer mundo”. Al igual que
otros llamados países subdesarrollados, Honduras es rica en población y tierra,
pero la gran mayoría de su población es obligada a vivir en la miseria mientras
una pequeña minoría, la oligarquía nacional se vuelve rica cada día y las
corporaciones multinacionales logran cada día mayores ganancias”. (UPI, La
Prensa, septiembre 16 de 1975, Colección Hondureña, Biblioteca Central, UNAH.
(CONTINUARÁ)




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