Cartas al Director: ESTRELLAS DE PRIMERA MAGNITUD

Armando Euceda

Antiguo edificio de la Escuela Superior del Profesorado.

Excelente lectura, tu breve columna de hoy sobre *Andrés Morris*. Más que una lectura ligera de un domingo cualquiera, has evocado a uno de los personajes que, con su tremendo impulso y vocación académica, se integró profundamente en el ADN de nuestra querida Escuela Superior del Profesorado.

Llegué a la UPNFM en 1969, cuando la institución contaba con un equipo extraordinario, conformado por profesores visitantes —europeos y norteamericanos— y jóvenes docentes hondureños que irradiaban un entusiasmo inmedible. Un grupo que, sin queja alguna, pero con una creciente deuda histórica, la institución aún no ha logrado honrar plenamente, ni mucho menos recuperar y difundir su inmenso legado. 

Andrés Morris era, como solía decir el profesor Luis Alberto Baires al referirse a nuestra institución, “una estrella de primera magnitud”. El destino me brindó la oportunidad, siendo estudiante en 1971, de organizar una excursión a San José de Costa Rica. Entre otros propósitos, asistimos a una presentación del “Teatro Universitario de Honduras” en el Teatro Nacional de Costa Rica, donde actuaron los jóvenes que mencionas: Saúl Toro, Eduardo Bähr y el gran actor nacional Ricardo Redondo Licona, quien ese año obtuvo el premio al Mejor Actor Teatral Universitario de Centroamérica.

Con la obra de Andrés “Oficio de Hombres” el grupo logró representaciones exitosas tanto en España como en Gran Bretaña, dentro del teatro universitario ofrecido al gran público. Esa pieza forma parte de la *Trilogía de Andrés Morris*, testimonio de su vigor creativo y de su compromiso con el arte y la palabra. 

Aunque por entonces yo cursaba el *Profesorado en Matemática y Física*, confieso que me deleitaba escuchando a Andrés Morris hablar, entre carcajadas y reflexiones, de literatura con sus colegas y pupilos. Aquellos tres años de estudio en la Escuela Superior del Profesorado me marcaron profundamente y permanecen vivos en la memoria. 

Con tu artículo, haces justicia a la labor de un gran profesor de las letras hondureñas. Te felicito sinceramente.

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