Cosas del español (62): PALABRAS QUE VIENEN Y VAN
Hay voces que se encuentran en proceso de
desaparición y que, sea por moda o porque adoptan un nuevo uso, disfrutan de
una segunda oportunidad. Valga como ejemplo un término como proletario,
que procede del latín proletarius, ´pobre´, derivado a su vez de proles,
´prole´. En Roma, se denominaba así a los ciudadanos que podían tener hijos y
cuyo censo no superaba una determinada cantidad, por lo que estaban exentos de
impuestos. Este sentido de la voz se documenta a finales del siglo XV, pero
solo se recoge en el primer diccionario académico, en el siglo XVIII, como
adjetivo aplicado al autor «de poca nota». Como señala el diccionario,
prácticamente carecía de uso. Pero el significado original cobró fuerza, ya
entrado el siglo XIX, probablemente por influencia primero del francés y
después del Manifiesto comunista, en el que Marx y Engels lo
identificaron, en el sistema capitalista, con el trabajador asalariado.
Un caso semejante es el de burgués,
término que es utilizado por algunos autores de la época medieval, entre los
que se cuentan Berceo o el Arcipreste de Hita. Sin embargo, la palabra
desaparece después. De ello deja constancia el primer repertorio académico
(1726), que lo recoge con el significado propio de la época, «el vecino o
natural de alguna villa o ciudad», y especifica que «es voz tomada, y de poco
tiempo acá introducida del francés». Su uso posterior es poco sistemático. En
la segunda mitad del siglo XIX, el vocablo ya es empleado en su sentido actual.
Aunque la secuencia histórica sea muy
diferente, resulta significativa de este tipo de fenómenos la revitalización de
la que ha disfrutado en los últimos tiempos el término arroba
(del árabe hispánico arrub´, y este del árabe clásico rub´
`cuarta parte´). En época medieval se empleaba en referencia a una unidad de
peso o de capacidad -con distintos valores según las áreas- y se encontraba en
clara regresión cuando su símbolo (@) comenzó a utilizarse en el
ámbito informático, de modo que su nombre está viviendo una nueva edad de oro.
Otro ejemplo de palabra errante es la voz popurrí
(´mezcla de varias cosas distintas´ y ´composición musical formada por
fragmentos de varias obras´), que procede del francés pot pourri
y que, literalmente, significa ´olla podrida´. Se documenta en la segunda mitad
del siglo XVI (en el quinto libro de Gargantua y Pantagruel, de
Rabelais) y es un calco de la que da nombre a un conocido plato de la
gastronomía española, que además de carne, tocino y legumbres incorpora jamón,
aves, embutidos y otras viandas. El término evolucionó después en francés, y en
el siglo XIX se incorporó de nuevo, convenientemente adaptado, al español, con
los significados figurados que había ido asumiendo.
Fuente: Nunca lo hubiera dicho, Taurus, Madrid, Real Academia Española, Asociación de Academias de la Lengua Española, págs. 159 y 160.

Comentarios
Publicar un comentario