Cosas del español (64): EL TODO POR LA PARTE
La metonimia, junto con la metáfora, es un
factor que contribuye al enriquecimiento del vocabulario. Gracias a la
metonimia, la relación existente entre dos realidades -ya sea por su proximidad
física o temporal, o por la asociación lógica que se establece entre ambas-
permite utilizar el nombre de una de ellas para referirse a la otra. Atendiendo
a la naturaleza de esa vinculación entre los términos, cabría distinguir entre
metonimia y sinécdoque, aunque podría considerarse que esta última es, en sentido
amplio, un tipo particular de metonimia.
La metonimia recurre al desplazamiento del
sentido recto del vocablo, aumentando así las posibilidades expresivas de la
lengua. Para ello cuenta con el contexto. Como resultado, cabe nombrar algo
tomando el efecto por la causa -las arrugas por la vejez- o a la
inversa, la causa por el efecto, y decir que el sol se soporta mal
para expresar que hace calor.
También se recurre al uso metonímico del
lenguaje cuando se toma a un autor por su obra -y se dice, por ejemplo, que ese
Picasso cotiza al alza o que a cierta edad uno disfruta leyendo a
Cervantes- o se utiliza el signo en lugar de aquello que significa: ceñir
la corona implica asumir la autoridad monárquica.
Hay aún otras posibilidades. El continente
puede servir para expresar aquello que contiene. Una persona adulta sin mayores
problemas gástricos puede tomarse dos tazas de té. Del mismo
modo, todo el mundo entiende que, si Barcelona sale a la calle,
la ciudad no es estrictamente el sujeto de la manifestación, sino sus
habitantes. A veces, el lugar de origen de un producto termina por imponerse
como denominación del propio producto, lo que ocurre, por ejemplo, con el champán
(de Champagne, Francia), o con el cabrales, un queso de España y
nombre de un concejo asturiano. En ambientes periodísticos o literarios cabe
hablar de la mejor pluma, ya que resulta habitual que el
instrumento designe al agente que hace uso de él.
También serían metonimias recurrir a una parte
de algo para designarlo en su totalidad -las cabezas de ganado
son, como parece obvio, los animales completos-, o nombrar la materia con que
un objeto ha sido fabricado para referirse a un objeto -clavar el acero
se identifica con clavarle a alguien la espada-.
Fuente:
Nunca lo hubiera dicho, Taurus, Madrid, Real Academia Española, Asociación de
Academias de la Lengua Española, págs. 164 y 165.

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