MORRIS, EL ESPAÑOL
Juan Ramón Martínez
Conocí a Andrés Morris un jueves a las 11 de la mañana, en febrero de 1963. Estaba en la cafetería de la Escuela Superior del Profesorado, con Alejandro Barahona y Leslie Castejón conversando. Con el cigarrillo en la mano derecha; en la izquierda la inevitable taza de café. Su voz fuerte, solo derrotada por sus carcajadas que interrumpía una tos persistente, propia de incorregible fumador. Había llegado a Honduras, después de contraer matrimonio con la hondureña Luz Laínez en 1960. Nació en Valencia en 1928. Cursó estudios de derecho en las Universidades de Sevilla y Valencia. Tenía 35 años, tez blanca y elevada estatura, -más alto que Alejandro Barahona y Julio Escoto– de paso angular, con el pelo rojizo cayéndolo sobre la cara y las espaldas caídas, imitando a un águila mojada tomando el sol sobre las peñas elevadas. Bajo la nariz afilada, un bigote hirsuto y descuidado en que eran notorias las trazas imparables de la nicotina.
Era muy amigable. Había sido locutor en la BBC,
en Londres, me dijeron. Pero le gustaba más que otra cosa, el teatro. En la
Superior donde era profesor de la Carrera de Letras, había fundado entonces el
TESP (Teatro Escuela Superior del Profesorado), donde ya destacaban Mario
Berrios y Reina Gabriela Núñez. Después, en las tertulias participaban
Francisco Salvador y Roberto Sosa, que iniciaba su andadura en las grandes
ligas de la literatura nacional. Según Morris “Roberto Sosa, Julio Escoto y
Rodolfo Sorto, eran los más prometedores, una vez que hubieran superado la
cohetería barata del lenguaje hondureño”. Julio Escoto era alumno de la Escuela
Superior. Sorto egresado de Letras, daba clases en Trinidad, Santa Bárbara.
Roberto Sosa, trabajaba en el Ministerio de Salud. De Francisco Salvador
resaltaba su talento, aunque hacía burla de sus opciones sexuales, lo que me
parecía que no tenían nada que ver. No hablamos mucho. Una vez, me abordó para
invitarme a participar en un proyecto radiofónico de las Fábulas de Luis Andrés
Zúñiga; y me propuso, no recuerdo qué personaje-animal. “Me gusta tu voz”,
dijo.
Morris renovó y le dio prestigio al teatro
hondureño. Con Francisco Salvador fundaron el Teatro Nacional de Honduras. Él
escribió y montó varias obras propias: “El Ascenso del Busito”, “El Guarizama”,
“Oficio de Hombres” y “La Miel del Abejorro”. En el teatro “funde el realismo
costumbrista y el teatro del absurdo sustentado en personajes de raigambre
valleinclanesca para conformar una visión crítica e irónica de la realidad
hondureña y conformar una visión crítica”.
Por diferencias políticas con otro español,
abandonó el país en una fecha que no conozco. En 1982 fue nombrado Cónsul de
Honduras en Valencia. Falleció en 1988 en su ciudad natal. Tenía 60 años de
edad, víctima de una infección pulmonar. Su nombre, carga polvo de olvido. Las
nuevas generaciones lo desconocen. No lo leen. La UPN, todavía no ha reeditado
sus obras; ni recogido sus columnas periodísticas que desde 1961 escribiera en
“La Prensa” de San Pedro Sula. Tampoco le ha sobrevivido el “TESP”.

Juan Ramón: recién terminé de leerte, a ese personaje no lo conocí, sin embargo se lo escuchaba constantemente a mi hermana mayor (+)Paula Fidelina Barrios Solano tilada en la carrera de letras de la Superior. Feliz domingo...
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