Contracorriente: AHORA, A ¡ELEGIR DIPUTADOS!
Juan Ramón Martínez
Para la reconstrucción – después de los daños
producidos por Mel – la primera tarea es la elección de 128 diputados.
Confiables, de probado compromiso y sensibilidad para defender la democracia,
la creatividad de los ciudadanos y la perfección de la sociedad.
Asfura, Nasralla y Moncada, han hecho una
campaña personal y en momentos agresiva. Moncada más amenazante. Recuerda a
Rodas Alvarado de 1963 que dijo – no está confirmado – que
“faltarían pinos en Honduras para colgar a tanto cachureco”; y que “las
puertas de mi gobierno estarán abiertas a los nacionalistas. No para que
entren, sino para que salgan”. Nasralla más cuestionador. Asfura más
distante. El tema, centrado en la disputa presupuestaria, su repartición; y la
forma como las familias del poder lo distribuirán entre sus “miembros”,
“allegados” y “conocidos”.
Pero no todo es igual. El electorado se ha
polarizado y el discurso de Rixi es disruptivo, antidemocrático, violento,
racista y machista. Anclado en cierto rencor y amargura que siempre ha
“alimentado” a los revolucionarios nativos. Nasralla y Asfura lucen
democráticos, más defensores del sistema, de la continuidad para reformar. Sin
destruir.
En las formas, hay que destacar que, aunque la
campaña tiene como eje central a los candidatos presidenciales, en los hechos
ha emergido la figura de los aspirantes a diputados. Tanto los que buscan
reelegirse; o los que por primera vez se presentan al electorado. Antes de
este siglo ser diputados era una honra. Ahora es un gran negocio. Bien por
los altos salarios, las escasas exigencias, la falta de control sobre
resultados y las regalías que desde la Directiva del Congreso se hace para
que los diputados puedan mantener desde lo digestivo a las clientelas
electorales. Es evidente que ser diputado es una operación bursátil, sólo
inferior a la del candidato presidencial con opciones de triunfo. La mayoría de
los expresidentes, no vuelven a trabajar porque el poder es el premio de la
lotería nacional de sus vidas.
Por lo anterior, la campaña de los diputados
anda otra vez, bajo la falda de los candidatos presidenciales. La casi totalidad de los que
tienen más recursos – sin mayor explicación sobre su origen – centran su acción
en fijar su rostro en la mente del elector. Pero la mayoría, exigen que se
vote en plancha; no por gozar de la solidaridad de sus compañeros, sino que
para cerrar el paso a los que no son fieles al candidato presidencial; o
los que son muy ambiciosos y temen al riesgo del transfuguismo; o la traición
que ve Xiomara en su enfermiza relación con Jorge Cálix.
El diputado no se aproxima a sus electores; ni
llama por teléfono. Tampoco hace visitas. El énfasis está en la televisión y en
las redes sociales y en los aburridos retratos que provocan colorido cansancio.
Es interesante que, residiendo en Tegucigalpa,
solo un aspirante me ha llamado. No soy hombre de partido. Tampoco tengo
preferencias. Votaré cruzado, fijándome en el candidato. Probablemente creen
que soy una mala persona a la que se le debe ignorar. El aspirante a
diputado que me ha pedido el voto es Leizelar. Le dispenso cariño. El resto
cree que no puede convencerme.
No creo que solo sea conmigo. Donde vivo, no he
visto a ningún candidato hablando con los electores. Es invisible el contacto
personal, el uso del teléfono; o el correo electrónico. ¿Ha ocurrido un
distanciamiento hacia los que hacemos alguna crítica? O hay la creencia que
entre más distancia hay entre candidato y electores, se reduce el espacio para
el reclamo y la exigencia de rendir cuentas.
Esto no es bueno para la reconstrucción. Necesitamos
que los diputados que lo hicieron bien, que se plantaron frente al absolutismo
de Redondo, sean reelegidos. Pero urgimos de sangre nueva que lleven ideas
centradas en el ordenamiento jurídico, en la reconstrucción de las prácticas
legislativas modernas; y que tenga interés en perfeccionar el sistema
constitucional.
La clave es el elector; no los caudillos. Los
hijos de crianza, los que ven que el candidato presidencial como su madre o su
padre; y que, si no fuera por él, no existirían, son un peligro para la
democracia, Necesitamos diputados honrados, diferentes a Isis Cuellar,
Redondo o Shirley Arriaga, Rolando Barahona.
No podemos votar por cualquiera. Si lo hacemos seremos culpables. Debemos exigirnos, escogiendo lo mejor. Para después reclamar resultados. Si votamos en línea, por los que nos presentan sin ver si está bien costurados, no nos quejemos. Con otra Redondo en el Congreso, destruiremos al país.

Buenos días Licenciado Juan Ramón Martinez, quien por mantener sus privilegios y prevendas vende sus principios al final se queda sin nada.
ResponderBorrarMás que una elección del pueblo, es una repartición de diputados la que hacen los de arriba... Urgen reformas en el poder legislativo, pero... Si los zorros que cuidan el gallinero son los que deciden es muy difícil. No necesitamos 256 burócratas, solo es necesario 60 diputados y sin suplentes, que solo estén máximo dos periodos porque así como como está el sistema algunos se han hecho ancianos en el CN y sin beneficio para el pueblo.
ResponderBorrarEs evidente que los politicos tapan la confabilacion corrupta que nutren con débiles de mente como los chequesol pero Honduras dará un giro grande si Nasrralla Gobierna y un Lamento incomparable si mel sigue
ResponderBorrarSr. Martínez, además de degustar su lectura, se aprende mucho con este ejercicio a través de sus escritos. Realmente su análisis es muy bien atinado y aterrizado. Comparto plenamente que el voto en plancha daña la democracia, se pierde el balance. Vamos a buscar sangre joven y diversa. Yo ya hice el ejercicio y tengo ya casi listos los 23 diputados aquí en Teguz. Daré votos a todos los partidos a excepción del partido de los Liebres. Fuera los Liebres, nunca más. Gracias estimado señor escritor y analista político.
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