Cosas del español (66): COMO PASAR A LA HISTORIA
Rudolf Christian Karl Diesel, ingeniero alemán,
inventor del motor de combustión de alto rendimiento que lleva su nombre, el
motor diésel.
La eponimia es un procedimiento para la
reacción léxica en virtud del cual una persona, un lugar o una cosa «ceden» su
nombre, de forma que este pasa a denominar un pueblo, una ciudad, una
enfermedad, etc. Es una herramienta para la formación de neologismos en ámbitos
médicos, científicos y tecnológicos. Alois Alzheimer prestó su apellido a una
alteración neurológica degenerativa, el del ingeniero alemán Rudolf Diesel
sirvió para nombrar el motor de combustión interna que utiliza gasóleo como
combustible y la británica Ada Lovelace brindó el suyo al lenguaje de
programación Ada.
La voz epónimo procede del griego
epōnymos, propiamente ´sobrenombre´ (de epi-,
´encima, sobre´, y -ōnymos, ´nombre´). Su tradición se remonta a
la Antigüedad, cuando era habitual que cada ciudad, territorio, pueblo o tribu
tuviera su héroe epónimo. En la actualidad, se recurre a la eponimia con
frecuencia en ámbitos menos trascendentes, en particular, en la prensa
deportiva. La voz pichichi, por ejemplo, proviene del apodo de un
famoso goleador del Athletic Club de Bilbao. Otras voces, como cholismo
(en alusión al entrenador de fútbol argentino Cholo Simeone), son de reciente
formación.
A los nombres de sus creadores o difusores se
deben: guillotina (de Joseph Ignace Guillotin), besamel
(de Louis de Béchamel, marqués de Nointel) o estraperlo (acrónimo
de D. Strauss y J. Perlowitz). Mas inmediata resulta la filiación de voces como
barrabasada (de Barrabás, el preso judío al que Poncio Pilato
concedió el indulto) o estajanovismo (del minero soviético Alexéi
Grigoriévich Stajánov, convertido en héroe nacional tras extraer ciento dos
toneladas de carbón en menos de seis horas). Filípica
(´invectiva, censura acre´) remite al discurso que pronunció el orador
Demóstenes para atacar al rey Filipo II de Macedonia.
El término cesárea se vincula con
la tradición que mantenía que el Cesar había nacido por este procedimiento.
Especialmente curiosa es la procedencia de una voz como bártulos,
que deriva del célebre jurisconsulto italiano del siglo XIV Bártolo de
Sassoferrato, autor de libros de uso común en las universidades que eran
conocidos por su nombre. Los bártulos eran herramientas
imprescindibles para los abogados y, por extensión, acabaron designando
cualquier tipo de enseres o utensilios. Más reciente es el origen de moscoso,
día de libre disposición de que gozan en España, algunos trabajadores, derivado
del nombre del ministro Javier Moscoso, que instituyó la prerrogativa en 1983.
En 1880, la intransigencia de Charles
Cunningham Boycott, administrador de fincas del conde de Erne en el condado
irlandés de Mayo, provocó la reacción de los colonos, que suspendieron toda
relación con él, obstruyendo la producción y venta de la cosecha. La lengua
inmortalizó el hecho con el término boicot. En el apellido de
Charles Lynch, oficial revolucionario que ordenó la ejecución de un grupo de
lealistas de Virginia durante la guerra de Independencia estadounidense tras un
juicio irregular, tiene su origen el verbo linchar. Cabría
citar también nicotina, leotardo, sándwich, saxofón, mausoleo…
En el ámbito geográfico, las islas Filipinas
deben su denominación a Felipe II. El nombre del territorio «descubierto» por
Colón procede del navegante y geógrafo italiano Américo Vespucio, que a
comienzos del siglo XVI lo identificó como un nuevo continente.
Fuente: Nunca lo hubiera dicho, Taurus, Madrid, Real Academia Española, Asociación de Academias de la Lengua Española, págs. 168, 169 y 170.

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