Cosas del español (67): HISTORIAS DE ÉXITO
Juego de ping-pong en el Reino Unido en el año
de 1891.
La incorporación al léxico común de palabras
que en origen fueron nombres comerciales es un fenómeno que viene de antiguo y
se basa en la identificación de un producto con una marca registrada
determinada, de manera que el objeto correspondiente, sea de la marca que sea,
pasa a llamarse con ese nombre. Son historias de éxito, tanto mercantil como
lingüístico.
Una de estas historias es la del futbolín
(también conocido en América por otros nombres: metegol, futbolito
o tacataca, por ejemplo), cuya paternidad -muy discutida- se ha
atribuido a un gallego de curiosa peripecia vital, Alejandro Finisterre, quien
lo habría patentado en plena Guerra Civil. Otro juego de mesa que debe su
denominación a una marca comercial es el pimpón. Nacido en el Reino Unido a
finales del siglo XIX por iniciativa de James Gibb, fue la firma de artículos
deportivos John Jaques la que lo registró con el nombre de ping-pong,
voz que evoca el ruido de la pelota de celuloide sobre la raqueta -entonces de
pergamino- y la mesa.
La bañera de hidromasaje debe su nombre actual
a Cándido Jacuzzi, miembro de una familia de inmigrantes italianos establecidos
en Estados Unidos, que a comienzos del siglo XX fundaron la empresa homónima,
especializada en la fabricación de bombas hidráulicas. Primero surgió la idea
de sumergir una bomba en una bañera con agua -con fin terapéutico, para tratar
dolencias reumáticas- y más adelante se integraron en ella los chorros. Había
nacido el jacuzzi, nombre con el que se registró en los años
sesenta.
Caso particular es el de Michelin, cuya
penetración en el vocabulario castellano se debe a la popularización del icono
de la empresa francesa de neumáticos, una figura de apariencia humana formada
por la superposición de varios de ellos, que se identifican con los pliegues
generados por la acumulación de grasa, las lorzas o michelines.
En español abundan los vocablos lexicalizados a
partir de marcas registradas ideadas para designar un material. Formica,
pladur, uralita, teflón, neopreno, nailon, tergal, escay o licra
son algunos de ellos. Entre los productos higiénicos o cosméticos, se
encuentran voces como gillette -que mantiene la cursiva en la
escritura, como extranjerismo crudo- o clínex -en este caso con
adaptación desde el nombre original, Kleenex-, támpax,
vaselina y rímel. También fueron marcas registradas tirita,
mercromina, aspirina, típex, pósit, birome, táper, tetrabrik, zotal, DDT,
chupachup, gominola y dónut.
Fuente:
Nunca lo hubiera dicho, Taurus, Madrid, Real Academia Española, Asociación de
Academias de la Lengua Española, págs. 171 y 172.

Comentarios
Publicar un comentario