Cosas del español (68): COMO DECIR LO QUE NO SE PUEDE DECIR
A veces se emplean palabras y expresiones en
sustitución de otras consideradas poco amables, malsonantes, ofensivas o
vulgares, percibidas como tabú. Se entra entonces en el terreno del eufemismo,
con el que se pretende evitar realidades desagradables o incómodas. A la
inversa, cuando la intención es degradar algo o a alguien, ridiculizarlo o
manifestar desprecio, se recurre al uso de disfemismos: giros, perífrasis o
vocablos que arrastran de sus significados originales un componente peyorativo.
El disfemismo es anticonvencional, frente a su opuesto, que busca respetar lo
que por consenso se establece como adecuado.
Recurrir al eufemismo es costumbre antigua y
muy productiva en la lengua. El término cementerio procede del
latín tardío coemeterĭum, que, a su vez, deriva del griego
bizantino koimētêrion, cuyo significado era ´dormitorio´. El
paralelismo que en ciertos momentos se establece entre morir y dormir viene de
lejos, y se ha mantenido en el tiempo. El sueño eterno hace
referencia a la muerte.
El eufemismo da fe de la vitalidad de la
lengua, de su capacidad para buscar alternativas expresivas. La cuestión es
evidente en la terminología económica, en especial en coyunturas de crisis: desaceleración,
crecimiento negativo, movilidad exterior, disminución de las oportunidades
laborales, ajuste de planillas, copago, austericidio, rescate o naufragio.
También se utiliza el eufemismo para suavizar
realidades que se perciben como especialmente duras: hibernación
(parón de la economía), investigación por tráfico de influencias, mayores
o tercera edad, personas en riesgo de exclusión social, tercer mundo, sur
global, isla ecológica (área de reciclaje), cese temporal de la
convivencia, fake news, daños colaterales o conflicto armado.
Fuente: Nunca lo hubiera dicho, Taurus, Madrid, Real Academia Española, Asociación de Academias de la Lengua Española, págs. 173 y 174.

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