Hace 50 años: “LOS HORCONES”, LEPAGUARE. HISTORIA DE UNA MATANZA (XXI)
Anales Históricos
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PARTE XXI
Juan
Ramón Martínez
Bernardo Rivera
65. Proceso
judicial en contra de los implicados en el asalto a Santa Clara: dictamen
forense, muertos y heridos.
El juez de Letras de Juticalpa Augusto
Bustillo Rosales, originario de esa ciudad, con estudios de derecho en la
Universidad Nacional Autónoma de Honduras; y miembro activo del Partido
Nacional, el 25 de junio de 1975, levanto el auto siguiente: “Por cuanto, ahora
que son las once del día y teniendo conocimiento que en el Centro Santa Clara
ha habido un enfrentamiento entre fuerzas militares y un grupo de campesinos,
resultando muertos y heridos, procédase a su esclarecimiento, tomándose
declaraciones a cuantos testigos hayan presenciado los hechos, estando ausente
el Medico Forense de esta localidad, nómbrese perito al señor Director del
Hospital San Francisco Doctor Gustavo Corrales, para que reconozca los
cadáveres de las personas fallecidas y de las demás personas lesionadas que
resultaron en el susodicho enfrentamiento, hágase saber de este enfrentamiento
para su aceptación y demás fines; también se tiene informes de que un grupo de
campesinos detenidos y que se hallaban en el mismo local donde hubo el enfrentamiento,
y si estas tienen culpa, procédase a tomar sus declaraciones, ya sea en
forma indagatoria o como ofendida, dese las órdenes pertinentes para su
detención para inquirir y por el termino de ley y así poderse averiguar el
motivo de dicho enfrentamiento y tómese declaración a militares y para el mismo
fin y procédase a una inspección. Dese cuenta a la Honorable Corte Suprema de
Justicia de la iniciación se estas diligencias”. El juez Bustillo pasó por alto
que los campesinos, trabajadores de las cooperativas y empleados de Acción
Cultural Popular Hondureña y un sacerdote que en ese momento había sido
capturados, desnudados y amarrados de los pulgares y conducidos al presidio de
Juticalpa, donde estaban detenido por órdenes militares y, además, bajo control
del jefe del Presidio David Ártica Tablada. Ese mismo día el doctor Gustavo
Corrales rindió dictamen (sobre cadáver número 1) “que corresponde a un hombre
no identificado (ARNULFO FLORES). Se le reconoció su cadáver, teniendo
un orificio de bala de entrada a nivel posterior de la oreja izquierda, con
salida por el cráneo en la porción izquierda del hueso frontal. Se observa
salida de masa encefálica, y hay además laceraciones en la piel de la espalda.
Seguidamente se reconoció el cadáver de FAUSTO CRUZ, un orificio de bala
a nivel axilar y del hombro derecho en su parte anterior; igual número de
orificios se observa por la parte posterior, todos son orificios de salida de
proyectiles. Otro orificio de entrada nivel de la parte media del antebrazo
derecho por su cara lateral y salida del mismo nivel por la cara interna. Otro
orificio de entrada en la línea axilar anterior derecha a nivel de la sexta
costilla, sin orificio de salida, se le extrajo una bala a nivel de la línea
clavicular izquierda a la altura de la duodécima costilla… Luego reconocí el
cadáver de FRANCISCO COLINDRES quien presenta orificio de bala a nivel
de la axila derecha, articulación externo clavicular derecha y mango del
esternón. Todas en la región del tórax, orificio de salida en el cráneo, a
nivel del hueso temporal en su porción izquierda; hay salida de masa de masa
encefálica; orificio de bala paravertebrales izquierdos a nivel de la décima y
duodécima costilla. No hay orificios de salida. Orificio de entrada a nivel del
ángulo mandibular izquierdo. Después pasé a reconocer el cadáver de ALEJANDRO
FIGUEROA, quien presentaba un orificio de entrada de bala por la línea
media clavicular izquierda a nivel de la octava costilla, a un centímetro de
distancia se encuentra otro orificio de entrada de bala. Otro orificio de
proyectil en la línea axilar media derecha nivel de la quinta costilla. En
ambos se observan orificios de salida. Otro orificio de entrada de bala a nivel
medio del antebrazo izquierdo por su cara lateral y de salida al mismo nivel
por la cara interna. Orificio de entrada de bala en la parte media del hueso
frontal con salida a nivel del parietal derecho. Se observa salida de masa
encefálica. Orificio de entrada de proyectil por la parte posterior del hombro
izquierdo y salida por la región anterior. Seguidamente se reconoció el cadáver
de MIGUEL BARAHONA TORRES, quien presentaba orificio de bala a nivel
medio del hueso frontal con salida de masa encefálica. Todos los cadáveres
reconocidos, las heridas que recibieron de proyectiles de arma de fuego eran
mortales de necesidad y las que les produjeron la muerte instantáneamente. En
el hospital San Francisco he reconocido al herido MAXIMO AGUILERA SORIANO,
quien presenta orificio de entrada de bala a nivel del hombro izquierdo sin
orificio de salida. Hay parálisis completa de los miembros inferiores, lo que
indica que hay sección medular completa al nivel de la segunda y la tercera
vértebras dorsales. Quedará invalido en caso que no muera. Las curaciones de
las heridas superficiales curaran en un mes. También reconoció en el mismo
centro de salud al señor LORENZO ESPINOZA OLIVERA, el que presenta
orificio de entrada de proyectil en el cráneo a nivel del hueso occipital, lo
que indica que únicamente lesionó el cuero cabelludo. Tiempo de recuperación
diez días. Y leído que le fue su dictamen lo ratificó y lo firmó” (Juzgado
de Letras, Juticalpa, Olancho, 25 de junio de 1975, Archivo de Daniel Torres
Tamos, páginas 1, 2, 3) Miguel Barahona Torres, era soldado de la Región
Militar de Olancho, miembro de la patrulla militar que asaltó al Centro Santa
Clara; y que fuera muerto, presumiblemente, en el intercambio de balas, por el
guardia del Centro, Alejandro Figueroa, por el impacto de una bala 38.
66. Denuncia
de ADOLFO DIAZ, contra dirigentes campesinos, profesionales, políticos y
trabajadores del Centro “Santa Clara”.
Ramón Velásquez Nassar
El 28 de junio, tres días después del asalto al centro Santa Clara, el
Mayor de las FFAA, Adolfo Antonio Cristóbal Díaz, -- militar de “línea”, no
egresado de la Escuela Militar Francisco Morazán -- en su condición de
Jefe de la Séptima Región de la Fuerza de Seguridad Pública (FUSEP), tres días
después de haberse ajusticiado a algunos de los dirigentes y trabajadores del
Centro Santa Clara que habían sido llevados al presidio de Juticalpa,
incluido el padre Casimiro Cypher y cinco personas más: el padre Iván
Betancourt, María Elena Bolívar y Ruth García Mayorquin, que fueron
asesinados en la Hacienda los Horcones, compareció ante el Juzgado de
Letras de Juticalpa, “denunciando a los individuos Adán Palacios, Julián
Lagos Álvarez, Rodolfo Sorto Romero, Pedro Mendoza, Wilmer Suazo, Miguel
García, Adán Amador, Carlos A. Amador, Faustino Rodríguez, Lincoln Coleman,
Esteban Mejía, Antonio Hernández, Luis Coleman, Carlos Landaverde Barnica,
Orlando Iriarte, Horacio Carias Rico, José Paz Casco Marroquín, Julián Acosta
Navarro, Francisco Zelaya Dávila, Roque Andrade Madrid, Oscar Ortiz Ruiz,
Miguel Álvarez Melcher, Luis Ulloa Godoy, Juan Benito Montoya, Bernardo Rivera
Irías, Cayetano Rosales Jiménez, Carlos Orlando Sánchez, Máximo Soriano,
Lorenzo Espinoza, Miguel Ángel Ortiz Ruiz, María de Zelaya, Lucas Aguilera,
Ramón Velásquez, José María Maradiaga, Lázaro Gonzales, Héctor Zelaya, Luciano
Rubio y Efraín Figueroa, por los delitos de Asesinato Consumado, Homicidio
Frustrado, Disparos de Arma de Fuego, Agresión, Lesiones y Atentado en Contra
de la Autoridad y sus Agentes, Resistencia y Desobediencia”. En la presentación
de los hechos, el Mayor Díaz, declara que “ el día 25 de junio del
presente año, 1975, a las diez de la mañana, se produjo en esta ciudad, un
ataque armado sin motivo justificable de elementos pertenecientes a la
UNION NACIONAL DE CAMPESINOS, contra una manifestación pública y pacífica
de profesores y alumnos de las escuelas locales que se aproximaban al Centro
Santa Clara convertido en Cuartel General de la Unión Nacional de Campesinos
del departamento de Olancho, dispersando estos a tiros a los manifestantes
desde el interior del edificio indicado; que ante tal situación grave que
alterase el orden público en esta ciudad, un pelotón de las Fuerzas Armadas de
este departamento, llego de inmediato al lugar de la balacera con el objeto de
restablecer el orden publico y cuando Jefe del mismo, oficial Norman
Altamirano Serrano y personal de tropa se aproximaron al local del
Instituto Santa Clara donde estaban os campesinos, dicho jefe ejerciendo las
funciones de su cargo, pretendió establecer comunicación con los ocupantes en
forma pacífica, cuando inesperadamente fue atacado con disparos de armas de
diversos calibres, disparos que causaron la muerte de uno de sus efectivos o
agente que respondía al nombre de ANGEL BARAHONA TABLADA, presentándose
así tenaz resistencia a la Autoridad Publica que se hallaba ejerciendo las
funciones de su cargo; que ante tal situación la Fuerza Armada se defendió del
ataque de que era objeto y para someter a sus atacantes, tomó el edificio
militarmente pereciendo para someter a los criminales, los individuos FAUSTO
CRUZ, FRANCISCO COLINDRES, ALEJANDRO FIGUEROA E INES ARNULFO GOMEZ MARTINEZ.
Que los campesinos denunciados y autores de los hechos anteriormente
relatados, sigue diciendo el Mayor Díaz, Jefe de la FUSEP de Olancho, “
constitutivos de los delitos de ASESINATO CONSUMADO, HOMICIDO FRUSTRADO,
DISPAROS DE ARMA DE FUEGO, LESIONES Y ATENTADO A LA AUTORIDAD, cometieron
además el delito de homicidio frustrado en perjuicio del soldado EFRAIN CRUZ
HERNANDEZ, el que fue atacado a tiros o disparos de arma de fuego, cuando
la autoridad militar pacíficamente trataba de solucionar el problema;
lesiones en las personas que resultaron heridas en el ataque alevós de los
campesinos parapetados en el edificio Santa Clara y Homicidio Consumado en las
personas de FAUSTO CRUZ, FRANCISCO COLINDRES, ALEJANDRO FIGUEROA E INES
ARNULFO GOMEZ MARTINEZ al enfrentarlos contra la autoridad que restableció
el orden; resultando además heridos los campesinos MAXIMO (AGUILERA) SORIANO Y
LORENZO ESPINOZA”( Adolfo Antonio Díaz, Jefe de la Séptima región de la
FUSEP, 28 de Junio, págs. 9, 10).
Como testigos, el militar presenta a las
personas siguientes: Norman Altamirano Serrano, militar; David Artica
Tablada, militar y Jefe del Presidio de Juticalpa, Guillermo Ayes Mejía,
profesor, Director Departamental de Educación Primaria, Josefina Zapata vda. de
Romero, Oscar Humberto Ayala, Mario Salgado Tamayo, Antonia Meza de Rubí,
Amparo Cruz de Cerrato, Esmeralda Cruz Montes, Ofelia Zavala vda. De Sarmiento,
Norma Cálix de Rosales, profesores de educación primaria de las escuelas
que habían sido convocadas por Ayes Mejía para que se apostaran frente al
Centro Santa Clara, exigiendo la devolución del edificio que había sido
“construido con bienes y aportaciones de los olanchanos” según dijo después
Ayes Mejía. Además “pide que se practique una inspección personal del
señor Juez asociado a su Secretario, en el lugar se los sucesos, para
determinar los lugares donde estaban “afortinados” los atacantes; así mismo se
ofrece presentar oportunamente a ese juzgado, las armas, municiones, explosivos
y demás implementos bélicos que estaban en poder de los delincuentes y que les
fueron decomisados, para su correspondiente peritaje y que obren en el proceso
como piezas de ejecución y convicción; ofreciendo presentar además oportunamente
la propaganda subversiva que les fuera decomisada; además pido: se libren los
correspondientes comunicaciones a los secretarios Municipales y Encargados del
Registro Civil, de los lugares donde fueron asentadas las correspondientes
defunciones, para que certifiquen las correspondientes partidas de defunción
que acrediten la muerte de las personas fallecidas en los hechos
delictuosos denunciados”( Adolfo Antonio Díaz, págs. 17, 18).
El edificio a que alude el mayor Díaz, estaba
“ocupado por unas 25 personas aproximadamente quienes al ver aproximarse la
manifestación – día de deportes según los profesores testigos del mayor
Díaz – cerraron las puertas, ya que se corrió la voz de que quienes se
acercaban eran los ganaderos, habiéndose oído un primer disparo del segundo
piso de dicho edificio entrando a continuación elementos civiles identificados
como agentes del DIN” (Serapio Hernández Castellanos, Procuraduría General
de la República, Acusación, pág. 2).
Los testigos citados por el compareciente,
confirmaron que venían hacer prácticas deportivas en la Plaza Belén, situada al
frente del Centro Santa Clara y que cuando, estaban allí con sus alumnos,
escucharon un disparo que procedía del Centro de Capacitación, que temerosas
dispersaron a los alumnos y ellas se parapetaron detrás de unos ladrillos. Y se
fueron para su casa. Una de ellas, Norma Cálix de Rosales, agrega que las
fuerzas armadas llegaron a dicho edificio de Santa Clara “después de haber oído
los tiros dentro del edificio”. Ninguno de los testigos mencionados, vieron a
la patrulla militar comandada por el señor Altamirano Serrano cuando abrió
fuego y entro violentamente al Centro de Santa Clara, sin orden judicial y
produjo la muerte de por cinco personas -- uno de los atacantes, el
hermano del señor Artica Tablada Jefe del Presidio de Juticalpa-- y las
heridas superficiales de uno de sus soldados. En declaraciones a los
periódicos, el profesor Ayes Mejía – unos días después—dijo que él había organizado
la manifestación para reclamar el uso del centro para atender necesidades de
espacio en las escuelas bajo su mando. Pero lo que más llama la atención es que
el Juez no interrogó a Altamirano Serra, jefe de la patrulla que atacó Santa
Clara, aunque había provocado la muerte de cuatro personas y herido a dos. Y
tampoco se hace constar que uno de los muertos en el asalto que se agrego a la
patrulla militar, era hermano del señor David Artica Tablada, jefe del Presidio
de Juticalpa, es decir que era parte agraviada; y que, en consecuencia, tenía
interés, como se demostró posteriormente – en la misma pieza judicial que
estamos estudiando -- en la ejecución de los delitos que antes se habían
cometido en la Hacienda Los Horcones. Y los peor, que el mayor Adolfo Díaz,
Jefe de la Séptima Región Militar, cuando presentó el requerimiento en contra
de los implicados en las acciones subversivas, tenía información que varios de
sus subordinados habían participado en la ejecución del crimen del 25 de junio.
Incluso, el había colaborado prestando una grabadora suya, para que uno de sus
subordinados grabará el interrogatorio del padre Iván Betancourt durante las
torturas a las que se le sometió antes de ser asesinado de dos balazos. (Serapio
Hernández Castellanos, Acusación de la Procuraduría General de la
República, 25 de julio de 1975 pag.4) Y en vez de poner tal información al
servicio de la justicia, deliberadamente distrajo la atención del juez – que
tampoco tenía interés en que se conociera la verdad-, para que se dedicara a
investigar en la dirección que le parecía mejor para encubrir el delito. Este
de alguna manera, después de oír a los testigos y los rumores que circulaban en
la ciudad, en el Valle de Lepaguare y otros datos que aparecían en los
periódicos, sólo vio en otra dirección, hasta cuando llegó a su
conocimiento que había llegado de Tegucigalpa una Comisión Militar de Alto
Nivel y que usando los medios de la FUSEP y el Departamento de Investigación
Nacional locales que el Juez emitió “el por cuanto” que a la lera dice “ ahora
que son los ocho de la mañana y habiendo sido requerido por la Comisión
de Investigación Militar de Alto nivel de los Crímenes de Olancho, para que me
traslade a un lugar de la Hacienda de los Horcones y más propiamente a un punto
donde se encuentra un pozo de malacate de gran profundidad y de propiedad del
señor don José Manuel Zelaya Ordoñez y queda inmediato a los aserraderos
Pecas número 1 de propiedad de los hermanos Casanova y en la parte oriental, en
donde se han sustraído o sacado siete cadáveres. Por tanto: hágase la
inspección ocular por el suscrito Juez de Letras y asociado del secretario de
actuaciones por la ley, nómbrese peritos para el reconocimiento de tales
cadáveres y de los demás que aparezcan, a los doctores José Raúl García Cruz,
médico forense de esta localidad y don Ubence Cálix Solís, Jefe de la Séptima
Región Sanitaria del departamento de Olancho, hágaseles saber de dicho
nombramiento para su aceptación y demás fines ( Augusto Bustillo, Juez de
Letras, Juticalpa, pág. 40, Expediente Criminal”).
67. Dictamen
de los forenses sobre los 9 cadáveres sustraídos del pozo malacate.
Ruth Argentina García Mayorquin
Los médicos García Cruz y Calix Solís, con el
apoyo de los médicos “militares” Jacobo Palma Molina y Francisco Reyes Mayes,
que no fueron autorizados por el Juez Bustillo, procedieron “ al conocimiento
de los siete cadáveres que habían sacado de un profundo pozo de malacate de
propiedad del señor José Manuel Zelaya Ordoñez y en horas de la mañana de este
día (16 de julio de 1975) y los que al ir reconociéndolos por su orden se les
fue numerando en orden sucesivo, así el cadáver número 1 correspondió a la persona
de RUTH GARCIA MAYORQUIN, con una talle de 1.50 (un metro cincuenta
centímetros) y de complexión delgada, el color de la piel no se le pudo
determinar por lo avanzado de la putrefacción, vestía blusa estilo camiseta,
color azul con lunitas blancas, de mangas largas, pantalón largo y de color
azul oscuro; cráneo destruido por fracturas y desarticulación de la bóveda
craneana y gran parte del macizo facial y con ausencia del pie izquierdo.
Cadáver número 2: MARIA ELENA BOLIVAR, con una talla de 1.50 un metro
cincuenta centímetros y de complexión delgada, el color de la piel no se pudo
determinar por el grado de descomposición; pero vello pubiano era castaño;
tenía un pañuelo azul al cuello, vestía camisa manga larga y de color azul,
blúmer estilo bikini y calado y de color rojo, medias tipo calceta, con pérdida
del cráneo totalmente y una fractura del fémur derecho. Cadáver numero 3: BERNARDO
NASARIO RIVERA IRIAS; estatura de 1.84 y de complexión fuerte, el color de
la piel no se pudo determinar por el grado de avanzada descomposición, tenía
calzoncillos tipo trusa color blanco; cráneo completamente destruido, el tronco
con exposición de intestinos por extensa herida en el flanco izquierdo; vello
pubiano color negro, con fracturas en la tibia y el peroné del miembro inferior
izquierdo; con ausencia del pie izquierdo. Cadáver numero 4: IVAN BETANCOURT
(padre) con estatura de 1.70 un metro setenta centímetros de comprensión
fuerte; el color de la piel no se pudo determinar por lo avanzado de la
descomposición bacteriana; vestía camiseta abierta, llevaba calcetines y
calzoncillo estos aparentemente de color blanco, cráneo con fractura al nivel
temporal derecho y estaba dicho cráneo casi integro. Cadáver numero 5: RAMON
ROQUE ANDRADE MADRID con una estatura de 1.70 un metro setenta centímetros
y de complexión delgada; el color de la piel no se pudo determinar por lo
avanzado de la putrefacción del cadáver; vestía camiseta “teeshert” con mangas,
calzoncillos aparentemente de color blancos; cráneo totalmente destrozado por
fracturas y desarticulaciones; el tórax con fracturas expuesta del esternón y
tercera costillas; extensa solución de continuidad en el muslo derecho, el
resto de los miembros íntegros, pero en estado de franca descomposición bacteriana.
Se le encontró un anillo de graduación en el dedo anular de la mano derecha que
tenía la siguiente inscripción: Inst. 18 de noviembre, 1971: Maestro de
Educación Primaria y más las iniciales del nombre R.A.M. Cadáver número 6: MICHAEL
JEROME CYPHER.(Padre Casimiro) Estatura de 1.60 un metro sesenta
centímetros y de complexión robusta, sin ropas, el color de la piel no se pudo
determinar por el grado de avanzada descomposición del cadáver; el cráneo con
fractura fronto temporal derecho, fractura conminuta y total de los maxilares
superiores; hay ausencia del pie derecho. Cadáver numero 7: LINCOLN COLEMAN
FUENTES, con estatura de 1.55 un metro cincuenta y cinco centímetros y de
complexión delgada, vestía camiseta calada de mangas y de color blanco, cráneo
fracturado a nivel de la región pareto—occipital derecha y en la parte de la
base del cráneo; el color de la piel no se le pudo determinar por el grado de
descomposición avanzada; el tronco no presenta lesiones, extremidades con
ausencia de las partes blandas y en completo estado de descomposición. (Todos
los cadáveres reconocidos fueron preparados por los médicos militares doctores
don Jacobo Palma Molina y Francisco Reyes Mayes y metidos en sus respectivos
ataúdes, tres de los cuales fueron conducidos a la capital de la república para
ser entregado a sus familiares para su enterramiento definitivo). Cadáver numero
8: JUAN BENITO MONTOYA, con una talla de 171 metros un metro setenta y
un centímetro y de complexión robusta, no se le pudo determinar el color de la
piel por el grado de avanzada descomposición; tenia atadas las manos por
detrás del tronco con fuertes cuerdas de nylon de los dedos pulgares y muñecas
de las manos; vestía calzoneta de color oscuro de tela corriente; el cráneo
integro en su parte ósea y con perdida de las blandas del mismo, el resto del
cadáver estaba integro. Cadáver número 9. OSCAR OVIDIO ORTIZ RUIZ, sin
cráneo, con una estatura de 1.70 un metro setenta centímetros y de complexión
delgada; vestía calzoncillos aparentemente de color azul; tenia las manos
atadas con fuertes cuerdas de nylon por delante del tronco y que le sujetaban
de los pulgares y de las muñecas de las manos, con ausencia del tercio
distal de la pierna derecha. (Estos dos cadáveres reconocidos fueron
debidamente arreglados y metidos en sus respectivos ataúdes por los doctores
militares don Jacobo Palma Molina y don Francisco Reyes Mayes) (Inspecciones
oculares, 17, 18, 19 de julio de 1975, Proceso Judicial, Juzgado de Letras
Juticalpa, Olancho, págs. 41, 42, 43, 44).
(CONTINUARÁ)



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