Hace 50 años: “LOS HORCONES”, LEPAGUARE. HISTORIA DE UNA MATANZA (XXII)

Anales Históricos

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PARTE XXII

Juan Ramón Martínez

Lic. Serapio Hernández Castellanos, Procurador General de la República.

68. La acusación de la Procuradora General, los implicados y los hechos

El 25 de julio de 1975, el Procurador General de la República, Lic. Serapio Hernández Castellanos, acusó por asesinato ante el Juzgado de Letras de Juticalpa a: José Enrique Chinchilla Valle, Benjamín Rodolfo Plata, David Tablada Ártica,  Eugenio Alemán, Abelardo Carias, Rodimiro Zúñiga, Enrique Erazo, Manuel Zelaya, Carlos Barh, José Tomas Linares y Efraín Cloter Montes por el delito de asesinato  en perjuicio de María Elena Bolívar, Ruth García Mayorquin, Iván Betancourt, Jerome Cipher (Padre Casimiro), Oscar Ovidio Ortiz Ruiz, Roque Andrade Madrid, Juan Benito Montoya Cárcamo, Lincoln Colman Fuentes,, Bernardo Rivera Irías, Miguel Ángel Barahona Doblado, Fausto Cruz, Francisco Colindres, Alejandro Figueroa, Inés Arnulfo Gómez”El expediente continua: 

   “El día 25 de junio próximo pasado siendo las 10.00 horas se realizó en esta ciudad de Juticalpa una marcha de alumnos de las escuelas primarias la que se dirigió al centro de Capacitación Campesina conocido como “Santa Clara” y recientemente como “18 de Febrero”, siendo ocupado este edificio por unas 25 personas aproximadamente quienes al ver aproximarse la manifestación cerraron las puertas ya que se corrió la voz que quienes se acercaban eran los ganaderos habiendo oído un primer disparo del segundo piso de dicho edificio entrando a continuación elementos civiles identificados como agentes del DIN haciendo una balacera con los ocupantes de dicho edificio resultando muertos Miguel Ángel Barahona Doblado, Fausto Cruz, Francisco Colindres, Alejandro Figueroa, Inés Arnulfo Gómez, y heridos Máximo (Aguilera) Soriano y Lorenzo Espino interviniendo a los momentos personal militar procediendo a la detención de los ocupantes del referido edificio capturando un total de 15 personas las que fueron despojadas de sus ropas y dejadas en calzoncillos, siendo conducidos al presidio de esta ciudad por orden del Mayor Chinchilla. Siendo aproximadamente las 21 horas, el cabo Efraín Cloter Montes segundo jefe del presidio es llamado por el sargento David Ártica Tablada, quien le ordenó que como a las 22.00 horas llegarán al presidio a recoger seis de los 15 detenidos de ese día. A las 22.30 horas aproximadamente llegó el agente Enrique Erazo, conductor del Séptima Región de la FUSEP al presidio, a recoger los detenidos; el conductor en mención le asignan para el traslado un vehículo pickup rojo propiedad del sargento Ártica Jefe del Presidio, a continuación los seis detenidos en ropa interior y amarrados, los que son subido al pickup tendidos cubiertos y custodiados por el soldado; minutos después arriban a la Jefatura Militar y de allí se organiza un convoy integrado así: primer vehículo pickup militar ocupado por un conductor y el mayor Chinchilla, segundo vehículo, pickup del sargento Ártica ocupado por el conductor Enrique Erazo (de la FUSEP), dos soldados del VI Batallón de Infantería y seis detenidos; tercer vehículo propiedad de Mel Zelaya ocupado por un conductor civil y tres agentes del DIN. Aproximadamente a las 22.30 horas salen de la ciudad de Juticalpa y según declaraciones por un error tomaron la carretera para Catacamas; ya en esta localidad, el mayor Chinchilla manifiesta andar por una ruta equivocada y ordena regresar ruta Lepaguare. Siendo las 01.30 horas aproximadamente, el convoy llegó al valle de Lepaguare y obligadamente se detienen en el puente que da acceso al valle ya que parte de la carretera había sido destruida por el subteniente Plata, con cooperación de los señores Mel Zelaya y Carlos Barh por orden del mayor Chinchilla, para evitar el paso de los campesinos que como parte de la “Marcha de la Esperanza” se dirigían hacia Tegucigalpa en acto de protesta; en el mencionado puente se bajan los ocupantes de los tres vehículos en presencia de mucha gente de los alrededores, a continuación hacen transbordo de dos vehículos los que los esperaban al otro lado del puente, allí se suman al convoy los señores Mel Zelaya y Carlos Barh, quienes acto seguido se dirigen a la hacienda Los Horcones propiedad de Mel Zelaya.- La Hacienda servía desde el día anterior como alojamiento de un pelotón del VI Batallón de Infantería, al mando del subteniente Plata. El mismo día 25 en horas de la tarde, el padre Iván Betancourt acompañado de dos mujeres llegó al valle de Lepaguare y como la ruta de Juticalpa estaba interrumpida fue al “Aserradero Pecas” a pedir gasolina al señor Carlos Barh, simultáneamente el subteniente Plata estaba en el aserradero buscando también combustible. Al padre Iván le fue negado el combustible porque el aserradero no vende, y después de vacilar un momento el subteniente Plata le preguntó al sargento Eugenio Alemán ( subdelegado de la FUSEP) en Lepaguare sobre quién era esa persona, y al enterarse que se trataba del padre Iván, procede a seguirlo para darle captura; el padre Iván corría a mucha velocidad, pero logró alcanzarlo como a los 15 minutos en las cercanías de Limones; procedió a su detención e hizo que el padre lo acompañara en su jeep, el sargento Alemán condujo pickup azul Mazda del padre Iván con la dos mujeres, entrando la noche, los dos vehículos se conducen a la Hacienda los Horcones. A esta hora el mayor Chinchilla es avisado de los detenidos y promete llegar a Lepaguare a las 23.00 horas; sin embargo, llegó hasta a la 1.0 horas aproximadamente. Habiendo nueve detenidos identificados, el mayor Chinchilla decide que serán interrogados uno a uno, ordena a los tres miembros del DIN (que trajo de Juticalpa) para que se preparen. Una vez seleccionados el lugar de los interrogatorios, el mayor Chinchilla trae uno de los detenidos y no dando tiempo para ser interrogado lo pasa a una habitación contigua y trae al segundo, a quien le indica que si no dice lo que sabe le van a dar lo que, al primero, acto seguido, le pide un arma a Mel Zelaya quien el da un fusil calibre 22 mágnum de palanca y procede a ejecutarlo de un disparo en la cabeza. En la misma forma muere el resto de los detenidos en Juticalpa, ejecutados por Chinchilla, Mel Zelaya, Carlos Barh, Abelardo Carias (agente del DIN) y Rodimiro Zúñiga (agente del DIN). A continuación Chinchilla asegura a los del DIN, “allí viene lo bueno”  y hace llamar al padre Betancourt, los agentes proceden a interrogarlo inicialmente para lo cual usan la capucha, cuando el padre se decide a hablar los agentes proceden a conectar una grabadora que fue facilitada en Juticalpa por el Mayor Díaz y el padre relata las actividades que él y sus organizaciones realizan en Olancho, tales como la obtención de armas, organización de grupos armados, uniformados que se mueven entre Palestina, Poncaya, y el Portal del Infierno etc. Una vez que el padre Iván da sus declaraciones el mayor Chinchilla le dispara dos veces en la cabeza e Iván queda atado con las manos atrás y boca abajo en el suelo; casi al mismo tiempo el mayor Chinchilla le ordena el subteniente Plata que no deben quedar testigos y que debe eliminar a las dos mujeres que acompañaban al padre, diciéndole que será su “bautizo de fuego”. Plata obedece y saca a María Elena Bolívar de la pieza donde estaba inicialmente y la conduce a la pieza continua donde es interrogada y con el fusil 22 “mágnum” le asesta dos disparos por la espalda en la cabeza; a continuación condujo a Ruth García y la ultimó de un disparo en la cabeza en uno de los corredores de la casa; al entrar Plata a la habitación donde el padre Iván estaba tendido y al ser conducido fuera de la habitación, el padre trató de incorporarse pues no estaba del todo muerto, el subteniente Plata lo remato de un disparo en la cabeza con su pistola de reglamento. El soldado José Tomás Linares con el sargento Alemán fueron los encargado de sacar los cadáveres de la casa y llevarlos al vehículo pickup de Mel Zelaya; este en compañía de los dos ya mencionados los condujeron a un sitio ubicado aproximadamente a mil metros de la casa, donde hay un pozo de agua del tipo artesiano o malacate, con una profundidad aproximadamente de 40 metros y uno de ancho; aquí fueron depositados los nueve cadáveres a eso de las 04.30 horas; a continuación el teniente Plata recibió la orden de borrar todas las huellas y procedió a poner en el cuarto de las ejecuciones materiales que antes estaban en una bodega de la casa. Ese mismo día jueves 26, llevó el vehículo pickup color azul, a un desvió sobre la carretera principal que conduce a Guaymaca, allí procedió a rociar el vehículo con gasolina y lo incendió. La misma acción, deshacerse de las evidencias; realizó Carlos Barh. Los cadáveres de las personas asesinadas fueron extraídos mediante una excavación efectuada por un destacamento militar”.

69. Los testigos claves de la Contraloría: un agente arrepentido y un ganadero que vio muchas cosas

Quinta Promoción de la Escuela Militar Francisco Morazán. Celebran su ascenso a Mayores de Infantería. De izquierda a derecha: Lionel Riera Lunatti, Juan López Grijalba, José Enrique Chinchilla Díaz, José Alcerro Prudoth, Leonel Gutiérrez Minera, Carlos H. García Enríquez, Edmundo Torres Chávez, Roberto Núñez Montes, Héctor Aplicano Molina, Lutfi Azaad Matute y Carlos Reyes Barahona ("Historia de la Escuela Militar General Francisco Morazán", pág. 264).

El Procurador General de la República, pide al Juez  “incoar el proceso, seguir la averiguación correspondiente; examinar a los testigos agentes (del DIN) Federico Ordoñez, Bayardo Mejía y cuantos puedan dar razón de los hechos; ordenar la detención por el término para inquirir de los encausados, orden que deberá librarse al Comandante General de la Fuerza de Seguridad Pública residente en la ciudad de Tegucigalpa, debiendo mantenerlos a la orden de este Juzgado, ya que dichos encausados se encuentran detenidos en cuarteles militares en dicha ciudad capital para mayor seguridad de los mismos y con este mismo fin, librar comunicación con las inserciones necesarias al señor Juez Primero de Letras de lo Criminal del departamento de Francisco Morazán, para que se sirva tomar a los referidos procesados sus declaraciones indagatorias; así mismo ordenar las inspecciones judiciales pertinentes y demás actuaciones judiciales conducentes a la averiguación de los hechos, debiendo decretar el auto de prisión correspondiente”. 

Los testigos citados principales por el Procurador General de la República fueron dos personas que habían participado en el asesinato y confesado su participación, aceptando, además una de ellas – para evitar su encausamiento castigo correspondiente – testificar en contra de sus compañeros de delito: el del DIN, Federico Ordoñez y el ganadero Bayardo Mejía amigo de Mel Zelaya que estaba enterado de los movimientos de la fatídica noche criminal. 

Además, la Procuraduría General de la República cuenta para respaldar la acusación, con un elevado número de testigos, porque ocurre que los actos: asalto a Santa Clara, sustracción de los detenidos del Presidio de Juticalpa, traslado de estos a la Finca los Horcones, Lepaguare y captura del padre Iván Betancourt, María Elena Bolívar y Ruth García Mayorquin, fueron presenciados por centenares de personas que testificaron sobre los hechos. Y lo ocurrido, durante el asesinato en el interior de la casa hacienda de Mel Zelaya, había sido confesado por el agente del DIN, Federico Ordoñez y confirmado por el ganadero Bayardo Mejía. Todo lo cual confirmando que todos los asesinados en la Finca Los Horcones, habían estado desde su detención, bajo la custodia de sus captores dirigidos por el mayor Enrique Chinchilla, cuya responsabilidad sobre su estado y situación, era exclusivamente suya y de nadie más.

70. Las versiones de los asesinos: Chinchilla “desconoce los hechos”.

Mayor José Enrique Chinchilla, saliendo del juzgado, sin esposas; y con escasa custodia.

El principal acusado fue el mayor de las FFAA José Enrique Chinchilla Díaz, “... (1.79 de altura, 180 libras de peso, pelo lacio, trigueño ojos café oscuro y con una cicatriz en el antebrazo izquierdo) de treinta y un años de edad, casado, mayor de infantería, y bachiller con residencia en Comayagüela, de nacionalidad hondureña, que nació en la ciudad de Comayagüela, el 7 de agosto de 1943, que tiene dos hijos que responden a los nombres de Reina María Chinchilla, de 14 años y Edy Maritza Chinchilla de siete años de edad; que sus padres responden a los nombres de José David Chinchilla Salazar (coronel de las FFAA)  y Josefina Díaz Gómez, ambos con vida, que profesa la religión católica, que no tiene apodo ni sobre sobrenombre conocido, que nunca antes de ahora ha sido procesado por delito alguno; que presume que se le procesa en la actualidad por hechos sucedidos en Olancho” . 

Contesta que no conoce a las personas asesinadas; pero supone que algunas de las personas que se le mencionan estuvieron en el Centro Santa Clara el día 25 de junio del presente año. Acepta que conoce Benjamín Rodolfo Plata, David tablada Ártica, Eugenio Alemán, Abelardo Carias, Rodimiro Zúñiga, Enrique Erazo, Manuel Zelaya, Carlos Barh, José Tomas Linares y Efraín Cloter Montes. El conocimiento de estas personas reconoce es vago, excepto Plata que es su subordinado. “Que el señor Manuel Zelaya si lo conoce y que lo conoció en Juticalpa, guardando una amistad cordial y amistosa con dicho señor; que al señor Carlos Barh, también lo conoció en Juticalpa, pero la relación que mantuvo con el fue muy poca, ya que muy pocas veces se miraban; que a José Tomas Linares y Efraín Cloter Montes, el declarante no los identifica por sus nombres, no sabiendo quienes son”. 

Con respecto a los hechos ocurridos en el Centro Santa Clara el 25 de junio en horas de la mañana, dice “que se encontraba en su Despacho de la Jefatura Militar Departamental en donde fue notificado que maestros y alumnos de diferentes escuelas, así como personas particulares simpatizantes con ellos, se movilizaron desde el Parque Central de Juticalpa, hacia el Centro Santa Clara, en la intención de manifestar mas vivamente su deseo de obtener el citado edificio, para que sirviese con fines educativos para niños de una escuela que carecía totalmente del local y medios adecuados para recibir sus clases, le fue solicitado también seguridad personal para niños y maestros, anteriormente en horas de la mañana de ese mismo día, el que declara había tenido conocimiento que del referido centro estaban siendo extraído diverso tipo de material para abastecer a la manifestación de campesinos que se dirigía hasta Tegucigalpa, y que entre las personas que estaban cargando el camión fuera del edificio se encontraba, un conocido delincuente y prófugo de la justicia denominado Esteban Granados, en tal situación dicto ordenes al Jefe del Presidio para que fuese a identificar al referido delincuente, lo mismo que al Departamento de Investigación Nacional, para que diese captura al elemento citado en caso de ser cierta la información, luego ordeno al campamento donde se encontraba la tropa regular del exponente, que se enviase un destacamento al mando de un oficial con la misión de dar seguridad a las personas que se encontraban en la marcha y evitar cualquier alteración del orden público, no sin antes recomendarle que buscará una autoridad judicial que le acompañara, previniendo cualquier alteración o anormalidad en el lugar. Alrededor de media hora después fue informado por el subteniente Norman Altamirano que dirigía el destacamento enviado, que a su llegada que casi coincidía con la llegada de los Maestros y los niños al Centro Santa Clara, escucho varios disparos provenientes desde el Edificio, habiéndose dispersado la muchedumbre compuesta por maestros y niños y personas acompañantes; le informaba también que inmediatamente el opto por entrar al zaguán de edificio acompañado de tres o cuatro personas, entre ellas el sargento Ártica, quien a su vez había sido notificado al parecer por el Juez Primero de Letras de Juticalpa ( Abog. Augusto C. Bustillo), que el teniente Altamirano había llevado, según sugerencia anterior, que su hermano o sea el hermano del sargento Ártica, había sido herido; a continuación el teniente Altamirano le informo al que declara que conminó en repetidas ocasiones y en voz alta a los que estaban disparando sus armas y su actitud violenta, a lo que ellos respondieron con nutrido fuego, habiendo casi alcanzados por el fuego el oficial y un soldado que le acompañaba que recibió un impacto de bala en el casco de acero de uso regular del soldado; y le  informó así mismo al subteniente Altamirano, que había resultado como consecuencia de la agresión recibida algunos muertos y heridos, y que uno de ellos era el hermano del sargento Ártica, informándole además Altamirano que se había visto en la obligación de tomar el edificio”. 

Informa además el mayor Chinchilla “que había ordenado confiscar el edificio, trasladar los heridos al hospital, ordenar al juez que levantara un acta notarial y que el médico forense reconociera los muertos y heridos.  Pudo comprobar también que habían sido capturados dentro del edificio quince hombres y cuatro mujeres, a continuación ordenó al teniente Altamirano un registro total del edificio buscando otro personal que se encontrase escondido, con la orden absoluta de evitar más violencia y dar seguridad personal a los prisioneros; que una vez efectuado el registro total del establecimiento los prisioneros fuesen trasladados a los lugares adecuados hasta que el deponente recibiera ordenes superiores; que ordeno asimismo que los muertos  ocurridos ese día en el Centro Santa Clara fueran a la morgue. Acto seguido intentó por diferentes medios comunicarse con Tegucigalpa para informar del hecho a las autoridades superiores, habiendo sido totalmente imposible; pues los teléfonos y radios de Juticalpa estaban en mal estado, incluso radios de entidades privadas, como el Banco de El Ahorro Hondureño, en tal situación aprovechó una avioneta particular que había llegado momentos antes y en ella se trasladó a Tegucigalpa informar los hechos a sus superiores, después de haber informado regreso a Juticalpa y recibió información a eso de las cuatro de la tarde que habían sido encontradas varias personas más dentro del edificio Santa Clara; que sus órdenes anteriores habían sido ejecutadas, tomó conocimiento del fallecimiento del hermano del sargento Ártica, el cual lo había acompañado a Tegucigalpa y en ese mismo momento también fue cuando recibió la noticia de su muerte; que esta información la obtuvo a la llegada en la pista de aterrizaje. Seguidamente se trasladó a la jefatura en donde mandó reunir a las mujeres detenidas y las dejo en libertad para que se dirigieran a sus casas, no sin antes hacerles ver que tal consideración era dada su carácter femenino, pero que permanecieran en sus casas, hasta que las autoridades legales competentes requerían su presencia; cabe agregar que todo esto fue hecho con la mayor caballerosidad”. 

Con respecto a la detención y traslado de los seis presos del Presidio de Juticalpa, que “había ordenado que las llevaran a un lugar adecuado, por consiguiente no puede indicar la forma en que dichos detenidos fueron llevados, ni tampoco a un centro determinado” Y sobre la persona que le dio la orden a Efraín Cloter Montes, Segundo Jefe del Presidio de Juticalpa que a las 22.00 horas ( diez de la noche) llegarían a recoger seis de las 15 personas detenidas ese día, y le consigno los nombres, contesta  “que a eso de las veinte horas y quince minutos o sea las 8.15 minutos de ese día 25 de junio, el deponente hablo por teléfono con el Departamento de Investigación Nacional de Juticalpa para que fuesen llevados a la jefatura Departamental Militar seis elementos de los detenidos, no tomo conocimiento de la persona que le contesto y mucho menos se especificaron nombres de los detenidos; con el objeto de ser interrogados se mando a llamar a las seis personas con el fin de que de esta manera poder conjuntamente con los licenciados Juan Ángel Padilla Ballesteros y Bustillo poder determinar o tipificar el delito por el cual serian puestos a la orden de los tribunales competentes. Que encontrándose esperando a los seis detenidos que había mandado a llamar, y pasada una media hora se le comunicó al declarante por una persona que no recuerda su nombre que los seis detenidos que eran traídos a la jefatura se habían fugado en el trayecto del Presidio a la jefatura”. 

A la pregunta quien ordenó a Enrique Erazo para que fuera recoger a los seis prisioneros, responde “que desconoce quién dio esa orden, si que así fue dada, hasta ahora tiene conocimiento que los detenidos se conducían en un carro, pues lo que realmente el sabe, es que dichos detenidos se conducían a pie, que es negativo totalmente que esa personas hayan llegado a la Jefatura Departamental, y totalmente que se haya formado un convoy desde la jefatura, y por consiguiente desconoce el nombre  del soldado que dice custodiaba a dichos detenidos”. Preguntado sobre el número de vehículos del convoy, declaró “que es falso que se haya formado un convoy desde su Jefatura, y por consiguiente desconoce el nombre del soldado y ratifica que el convoy nunca existió”. Y cuando se le preguntó sobre el convoy que se dirigió a la hacienda Los Horcones, respondió que “ignora el contenido de la pregunta, puesto que no ha existido tal convoy como lo expresó anteriormente”. Preguntado sobre la detención del Padre Iván Betancourt, María Elena Bolívar y Ruth García Mayorquin, respondió que “ no fue avisado ni tenido conocimiento alguno de ese hecho”. Sobre lo que Jerome Cypher, Oscar Ovidio Ortiz Ruiz, Roque Andrade Madrid, Juan Benito Montoya Carcaño, Bernardo Rivera Irías, Lincoln Coleman Fuentes fueron ejecutados por un fusil calibre 22 de propiedad del señor Manuel Zelaya, respondió que ”no ha tenido ningún conocimiento oficial sobre tales hechos y que únicamente por los periódicos es que se ha dado cuenta de esos hechos”. Preguntado si el declarante “es la persona que ejecutó disparando a la cabeza a uno de los detenidos al tiempo de interrogarlo, así como al padre Iván Betancourth, a quien una vez que dio sus declaraciones le disparó dos veces en la cabeza y que luego le ordenó al teniente Plata que no debía quedar testigos y que debía de eliminar a las dos mujeres que acompañaban al padre Betancourth diciéndole que sería “ su bautizo de fuego”, contesta: “que esa persona (Plata) se encontraba cumpliendo una misión de evitar el choque entre campesinos de la UNC y personas llamadas de la Tercera Fuerza de Lepaguare, en el puente de Lepaguare, por lo tanto el teniente Plata no pudo haber ejecutado otros actos que no fueran los de vigilancia de la zona mencionada, hecho ese que el declarante supervisó personalmente entre la una y media de la mañana de ese día”. Sobre si tiene conocimiento de los cadáveres de la persona mencionada fueron arrojados a un pozo de agua del tipo artesiano o malacate, ubicado dicho aproximadamente a mil metros de la casa donde fueron ejecutados, contesta que “desconoce totalmente esos hechos y que lo único que sabe es lo que ha leído en los periódicos”. Preguntado sobre quién dio la orden al sub--teniente Plata de borrar todas las huellas del crimen” contesta que “desconoce que el teniente Plata haya recibido órdenes semejantes”, y para terminar agrega que “ sus actos, tanto los de sus subalternos en Juticalpa, estuvieron siempre inclinados dentro de la ley y saturados de la mejor buena voluntad para llevar la tranquilidad y fomentar la productividad en el departamento de Olancho, como pueden dar fe de todo esto los dirigentes de la AGAO y UNC en Olancho. Que todos los hechos sangrientos en los cuales se quiere hacer responsable obligados directamente o indirectamente, son definitivamente falsos y faltos a la absoluta verdad, que la relación que el declarante obtuvo del señor Manuel Zelaya fue de colaboración en todos los sentidos y jamás observo el deponente alguna afrenta a la ley en el señor Zelaya solo o acompañado, reconoce que los motivos profundos de orden social y económicos que son los causantes de profundas divergencias en el departamento de Olancho tienen antecedentes antiguos y que el dicente solo tuvo la oportunidad de permanecer veinte y un días en ese departamento, y al cual nunca antes había visitado, no tuvo la oportunidad de analizar a conciencia, pero en ese corto tiempo de estadía en dicho departamento, hasta cierto punto es una razón muy fuerte para que el deponente de fé que no ha existido jamás motivo alguno para que el deponente directa o en combinación con otras personas haya cometidos delitos tan azarosos de los que actualmente está siendo acusado, supone las diferentes comisiones investigadoras han llegado a sus respectivas suposiciones o conclusiones basados en rumores callejeros, versiones que se tejen alrededor de intereses creados, que pueden ser desde dañar directamente a una persona o grupo de personas hasta desprestigiar una institución, hace constar también que como Militar sus actos han estado siempre ceñidos al orden y el conducto regular del escalón militar, y que no ha cometido ningún acto fuera de lugar, ni ordenado ni no ordenado, que es su humilde opinión el desastre actual es consecuencia directa del odio tradicional entre familias y agrupaciones que allá existen o que grupos aislados como la UNC como en este caso para formar mártires o de la que se ha llamado la Tercera Fuerza, los responsables de los hechos delictivos ya de todos conocidos y que da testimonio absoluto que su declaración ha estado ceñida a la más estricta verdad”. Chinchilla, creía que Manuel Zelaya Ordoñez, seria recíproco dando buenas opiniones sobre él, como las que había vertido alabándolo y significándolo. Mel Zelaya, diría cosas contrarias que comprometerían las responsabilidades del mayor Enrique Chinchilla Díaz en la ejecución de la mayor masacre de la historia de Honduras.

(CONTINUARÁ)

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