Los nuestros: JORGE FIDEL DURÓN, HUMANISTA Y DIPLOMÁTICO
Juan Ramón Martínez
Jorge Fidel Durón firmando la Carta de la OEA (1948)
Conservo una fotografía de 1968. Estamos en el
corredor de una escuela rural, en Concepción de María, Choluteca. Los
fotografiados de espaldas. Caprichos del fotógrafo. Destaca un hombre que usa
tirantes, camisa blanca y corbata que desentonan con el medio rural. Se llamaba
Jorge Fidel Durón (1902, Comayagüela), Presidente de Acción Cultural Popular
Hondureña (Escuelas Radiofónicas) que había viajado desde Tegucigalpa para
inaugurar la Escuela “Dionicio de Herrera” construida por los campesinos. “Soy
descendiente de Herrera”, me dijo Jorge Fidel Durón cuando nos presentaron. En
la comitiva que había viajado desde Choluteca incluía a Lidia Williams de
Arias, el padre Pablo Guillete, Ventura Álvarez y yo que trabajaba en la
Colmena, formando a líderes campesinos para que participarán en el desarrollo
comunal. Con Jorge Fidel Durón, andaban Fernando Montes y Antonio Casasola.
Jorge Fidel Durón, es descendiente de una de
las familias más distinguidas del país. Además, del parentesco con Herrera, era
nieto de Francisco Durón y Casimira Gamero de Danlí. Es el cuarto hijo de
Rómulo E. Durón, prominente historiador, ex ministro de varios gobiernos,
Magistrado de la Corte Suprema de Justicia, miembro del Consejo de Ministros
que sucediera en el mando de la república al Presidente Rafael López Gutiérrez.
Literato que recogió lo mejor de su tiempo en dos bellos textos de “Honduras Literaria”,
joyas de la bibliografía hondureña. Y además Rector de la Universidad Central
de Honduras.
Cuando conocí a Jorge Fidel Durón, había sido
Ministro de Educación – fundador de la Escuela Superior del Profesorado
Francisco Morazán – y Ministro de Relaciones Exteriores. Además, negociador con
El Salvador, sobre los derechos territoriales de Honduras. Sabía de su nombre
por sus artículos en los periódicos capitalinos, donde destacaban sus críticas
literarias y su famoso “Mosaico Nacional”, donde daba cuenta de las mejores
iniciativas y resultados literarios de los hondureños y los extranjeros, asentados
en esta tierra de “fusil y casa”. Allí comentó mi primer libro, publicado en
1975: Historia del Movimiento Cooperativo. Escribió dos novelas; e hizo
importantes traducciones, del inglés y el francés, dos idiomas que hablaba con
propiedad. Había estudiado en Estados Unidos, en donde adquirió el hábito por
el conocimiento enciclopédico, huyendo de las fatalidades de los especialistas.
Hombre del idioma, fue miembro y secretario perpetuo de la Academia Hondureña
de la Lengua.
Era de palabra fácil, conversador ingenioso; y
extraordinariamente amigable. Buen abogado. Aunque me lo exigió, nunca lo pude
tutear. Era el tratamiento que nos daba a los más jóvenes, para hacernos entrar
en confianza; y evitar, en su caso, los años acumulados que llevaba con enorme
dignidad. Lleno de anécdotas y con una memoria que lo hacía cercano y
maravilloso. Creo que fue – junto a Rafael Heliodoro Valle y Oscar Andrés
Rodríguez – el hondureño más conocido en el exterior. En muchas oportunidades en
América, Estados Unidos, Asia y Europa, cuando decía que era hondureño, me
preguntaban por Jorge Fidel; y cuando decía que era mi compañero, aumentaba mi
prestigio y consideración entre los desconocidos que eran sus amigos.
Al final de su vida, fuimos compañeros
rotarios. Él en el Club de Tegucigalpa y yo en “Tegucigalpa Sur”. Cuando
compensaba en su club, siempre estaba al lado del rumano George Saint Sieguens
– jugando a las cartas –, apostando 20 centavos; y divirtiéndose
contando anécdotas generosas, como ahora lo hace Armando García con igual
gracia y galanura. Era una cosa inolvidable conocer a Jorge Fidel Durón. En el
movimiento rotario, de naturaleza universal, es el hondureño que ha logrado
escalar la posición más alta: fue vicepresidente mundial de una organización de
servicio que tiene más de un millón y medio de miembros distribuidos en todo el
mundo occidental.
La última broma que le hice, que en fondo fue
una promesa que cumplo ahora, es que era el único intelectual que tenía el
honor de haber asistido a la develación de su estatua que la UNAH, le erigió,
frente al edificio 1 (A1), de Ciudad Universitaria de Tegucigalpa. Porque había
sido su Rector. Y, porque es él el más longevo de todos los intelectuales
hondureños, junto a don Luis Landa.
Jorge Fidel contrajo matrimonio con María
Antonieta Bustillo Rosales, con la que procreara a Mario Guillermo, abogado
(RIP) Jorge Luciano Jacinto (1939) arquitecto; y Mauricio Armando (1945),
comunicador y artista. Jorge Fidel Durón, murió en 1995, a los 93 años de
edad; y está enterrado en el Cementerio General de Tegucigalpa. Es difícil
superarlo.
Tegucigalpa, noviembre 22 de 2025.

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