UNESCO Y LA FORTALEZA DE SAN FERNANDO DE OMOA (1973)
Juan Manuel Aguilar Flores
Fortaleza San Fernando de Omoa. Ilustración publicada en la
página 26 de la revista Harper’s New Monthly Magazine. No.
LXXIX. Vol. XIV, diciembre 1856.
Desde hace muchos años, Honduras ha gestionado ante la
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura
(UNESCO) que la Fortaleza de San Fernando de Omoa sea declarada Patrimonio
Mundial. Cabe señalar que, por decreto nacional, ya ostenta la categoría de
Patrimonio Nacional desde el 11 de mayo de 1959, declarada durante la
administración del Dr. Villeda Morales.
A mi juicio, silenciosamente dicha institución nos tiene
castigados, considerando que a pesar del tiempo tal inmueble en nuestro caribe
no ha recibido tal declaratoria. Quizá se deba a la gestión improvisada y
relativa del caso ya que en informes oficiales, se había de mencionar que la
fortaleza —construido a partir de 1743 y, según planos coloniales, inconcluso
en 1775— se mantenía, desde fechas anteriores a la declaratoria nacional bien
conservada, con estudios arqueológicos y de utilidad al turismo.
El engaño se descubrió en 1973. Así lo indica el informe de
una autoridad de carácter mundial:
“…el insólito caso del fuerte de San Fernando de Omoa, en
Honduras, el cual figuró en los archivos de las organizaciones internacionales
de museos como uno de ellos, pero jamás existió como tal. El autor de estas
líneas (Téllez, 1996) halló en 1973 que la fortaleza mencionada, al dejar de
ser tétrica prisión política, favorita del dictador Tiburcio Carías, estaba
espectralmente abandonada. Desde hacía muchos años solo albergaba murciélagos y
cierta acumulación de bombas, cargas antisubmarinas, cohetes y municiones para
cañones y ametralladoras de aviación y naval, todas de fabricación
norteamericana… todas en proceso de desintegración por óxido debido a la
tremenda humedad del clima local, al igual que numerosas balas de cañón
españolas del siglo XVIII”.
Téllez comparó esta situación con lo ocurrido en el Fuerte
de Cruz Grande (Colombia), en la ensenada interior de la Bahía de Cartagena,
donde se almacenaban torpedos disponibles. Era de esperarse: la explosión borró
del mapa aquella fortificación española.
En mayo de 1975, la Organización de los Estados Americanos
(OEA), el Gobierno de Honduras, el Ministerio de Cultura, Turismo e
Información, el Instituto Hondureño de Antropología e Historia (fundado en
1952), el Banco Central de Honduras, la Empresa Nacional Portuaria y fuerzas
vivas radicadas en Omoa participaron en trabajos de impermeabilización de la
fortaleza. Con ello:
“…se dio comienzo a la restauración de la fortaleza. Además
de conservar tan valiosa herencia, se buscó montar un museo de armas”.
Un rotativo local publicó posteriormente el cambio de aquel
abandono general hacia la creación de un museo de armas:
“…por uno de carácter histórico e instalarlo fuera del
complejo colonial, a fin de conservar su unidad integral”.
NOTAS
-Fortificaciones del Caribe. Memorias de la Reunión
de Expertos. 31 de julio, 1 y 2 de agosto de 1996. Cartagena de Indias,
Colombia. Observaciones sobre diseños y tecnología en las fortificaciones del
Caribe. Expositor: Germán Téllez, arquitecto, historiador y restaurador. Colcultura-UNESCO.
-Gaceta Oficial del Gobierno de Honduras. Decreto No. 73. 11
de mayo de 1959. No. 167753. Declaratoria de la Fortaleza de San Fernando de
Omoa.
-Zapatero, Juan Manuel. Fuerte de San Fernando y
fortificación de Omoa. Tegucigalpa. OEA-IHAH, 1997.
-Cruz Reyes, Víctor, et al. Fuerte de San Fernando de
Omoa. Época Colonial. Estudios Antropológicos e Históricos No. 5.
Tegucigalpa: IHAH.
Vitrina del museo de Omoa: muestra dos balas de cañón norteamericanas y una bala española.


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