Contracorriente: DEFENSA DE LA SOBERANÍA POPULAR
Juan Ramón Martínez
Es lamentable el espectáculo que proyecta una
parte de la clase política. Con una madurez emocional de doce años, rechaza la
democracia e irrespeta a la ley. No tiene compromiso con el mantenimiento de la
paz, como precondición básica de su desarrollo. No vino del éter, sino que fue
empollada entre nosotros. Hay que decir que la falta de madurez,
responsabilidad y pérdida de compromiso confirman que la población está en un
proceso de degradación; que la familia no es la primera aula en donde se forjan
los hábitos y se desarrollan los valores seminales de la conducta humana. Y que
la escuela primaria y las instituciones secundarias y universitarias, han
dejado de preparar a los ciudadanos moral y cívicamente para vivir en sana
convivencia; y en forma suicida ha renunciado a luchar por el porvenir, soñar
por su grandeza; y lograr el desarrollo que permita una existencia plena, donde
satisfagamos las necesidades básicas, tengamos la oportunidad de dormir
tranquilos y seguros sabiendo que tenemos una autoridad que nos cuida; y nos
permite la posibilidad de ser felices. La corrupción en el sector público, se
inicia en los hogares cuando los niños mienten, engañan a sus padres; y estos
en vez de prepararlos para una vida decente celebran la delincuencia, privilegian
los fines menospreciando los medios para lograrlos. Y desarrollan en los
jóvenes, la idea que, con viveza, más que con honor, se puede triunfar en la
vida.
Mel Zelaya, Xiomara Castro, Rixi Moncada,
Salvador Nasralla, Luis Redondo, Iroshka Elvir, Roosevelt Hernández, Antonio
Díaz Gáleas, Marco Tulio Medina, Marlon Ochoa, Armando Orellana, Jorge Aldana,
Josué Colindres, Enrique Ortez Sequeira, Luis Zelaya, Ricardo Salgado, Gerardo
Torres, Enrique Reina, Hugo Noé Pino, Edgardo Cazaña, Joel Zelaya, Amílcar
Valdez tienen – en este momento – un comportamiento antidemocrático. Muestran
ignorancia cívica e irresponsabilidad de sus obligaciones. Irrespetan de la democracia.
Incumplen la ley, y amenazan la soberanía popular y a quien la conduce: el CNE.
Su comportamiento silvestre, su irrespeto a los
demás y su voluntad de imponer sus caprichos por encima de lo que establece la
ley, es una señal peligrosa del porque Honduras no sale adelante. Y
anticipadamente, confirman que las predicciones que su final como nación –
divulgadas por Yuval Noah Harari – tiene en ellos los dinamiteros de su
existencia.
La Constitución establece que el CNE es el
responsable de organizar y dirigir a la ciudadanía, al momento de determinar
quiénes serán sus gobernantes, los diputados que legislarán en favor de sus
intereses; y los alcaldes que manejaran los municipios donde residen; o tienen
sus propiedades. No son los partidos los que proclaman los resultados
electorales, sino que los magistrados del CNE. La afirmación de que en las
elecciones se ha cometido un fraude, más que un ejercicio de ira, es una
afirmación irresponsable, cuya carga de prueba le corresponde a quien la
anuncia. Los observadores internacionales, -- la OEA, la UE--, así como los
observadores nacionales, coinciden en que las elecciones fueron ordenadas. El
pueblo salió a votar y los voluntarios que actuaron en las mesas electorales,
hicieron sus tareas, con las limitaciones de las circunstancias y las
eventualidades de los errores.
Olvidan que la auditoría forense – palabra
bonita, pero engañosa – debe ser efectuada de conformidad con la ley; y
siguiendo los procedimientos y tiempos que esta tiene establecidos. No es cosa
de ir a un particular; y que este, en la soledad de su estudio, como quien
escribe una novela o redacta un cuento apurado, afirma doctamente que aquí,
hubo un fraude; y que, en consecuencia, hay que anular las elecciones, patear
la soberanía popular; y castigar a los que han organizados y manejado las
elecciones.
Este pequeño grupo, numéricamente ínfimo, no
tiene por qué amedrentarnos y quitarnos el sueño. El CNE ha cumplido con su
deber. Ha declarado ganador a Asfura como Presidente de la República; integrado
la lista de diputados al Congreso Nacional y señalado los alcaldes de los 299
municipios. A la mayoría nos queda la satisfacción de haber escuchado,
respetado y apoyado la voluntad del soberano que, con buen juicio, determinó lo
mejor para los intereses nacionales.
Los insatisfechos, tienen los recursos que
manda la ley para hacerlos prevalecer de forma civilizada. Los demás, a
celebrar el fin del año, preparándonos para un nuevo rumbo en 2026, desandando
las veredas engañosas para encaminarnos por la ruta correcta hacia la paz y el
desarrollo. Nos los merecemos.
Feliz año
nuevo queridos lectores.

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