Contracorriente: EL ASEDIO, NO HA TERMINADO
Juan Ramón Martínez
La declaración del CNE, proclamando a Nasry
Asfura como Presidente Electo nos da un respiro; y tiempo para prepararnos. La
lucha no ha terminado. Las fuerzas totalitarias, están fuera de las murallas
que defienden la democracia. El Fiscal General, husmea con los ojos enrojecidos
buscando a las Consejeras del CNE. Redondo se arregla las pistolas sobre su
abdomen desmesurado; y Mel, atizándose el bigote prestado, amarra las cinchas
de Coffe; y llama al mayordomo Ochoa para darle instrucciones.
Y Nasralla – que por momentos está con la
democracia; y otras no – vacila dudando si lo que le conviene a él y a su
mujer, beneficiara al pueblo hondureño. Duda de qué lado estará: contra los que
asedian la democracia; o al lado de Mel, “el mariscal de las derrotas”. Líder
indiscutible del asedio que mantiene entre el miedo y la duda a la mayoría de
los hondureños. Al interior de las fuerzas defensivas de la democracia, han
regresado los militares; y esto es un hecho positivo porque mejoró el balance
de fuerzas. Mel perdió al “comandante” Hernández; y su fuerza de ataque se ha
visto muy debilitada. Ahora empieza a murmurar contra el imperio.
Antes de 1975, el gobierno hacía las
elecciones. Y daba los resultados. El que no los aceptara, se atenía a las
consecuencias. Desde 1982 el Tribunal Nacional Electoral realizó las elecciones
de Suazo, Azcona, Callejas, Reina, Flores, Maduro, Zelaya, Lobo, Hernández (2)
y Castro. Todo dentro de una normalidad profesional. Incluso las elecciones de
2021 un apresurado analista las calificó como “las mejores del siglo”. De
repente tuvo razón. Rixi Moncada, Kelvin Aguirre y Ana Paola Hall, mantuvieron
la colegialidad y la institucionalidad del CNE. La Fiscalía General, no
intervino. El Congreso Nacional se mantuvo alejado como manda la ley; la Corte
Suprema no chantajeo a los candidatos; y los militares se comportaron como
académicos profesionales.
Ahora, cuatro años después las cosas cambiaron.
La mujer que hizo las “mejores elecciones del siglo”, convertida en candidata,
recibió el rechazo del electorado; y como reacción disgustada – con
patadas – le infirió severos daños al CNE. En vez de honrar su
pasado, renunció a sus obligaciones, permitiéndole al “Caudillo de Lepaguare”
convertir la peor derrota electoral recibida en toda la historia política en la
justificación infantil para perseguir al CNE, evitar que hiciera sus tareas; y
además, que no diga nada – con lo que ratifica de qué lado está – cuando
Xiomara afirma también que no reconoce los resultados. Hernández hace
peligrosas interpretaciones jurídicas; y Luis Redondo, sin mayoría en el Congreso,
amenaza con desconocer al CNE. Y hacer él y los suyos la declaración de los
comicios, suplantando al CNE institución exclusiva para tales tareas de
conformidad a lo ordenado por la Constitución.
Cuando parecía que caeríamos en manos del
“totalitarismo olanchano”, la comunidad internacional reaccionó. Nunca antes
habíamos contado con tanto respaldo. Y al final, como las fuerzas asediadas
tenían que decidir entre dos candidatos muy balanceados, Trump metió la
cuchara; y escogió su preferido, declarando inaceptable al otro. Dijo que
Asfura era su opción, logrando que los nacionalistas regresaran a su esquina.
Descalificó a Nasralla por razones conocidas por la mayoría; y este no pudo
entender el peligro que ello representaba para su candidatura. Le restó
importancia tanto porque la declaración era inusual, como porque creyó que él
como se imagina por encima del pueblo; y siendo “su salvador”, no creyó que
Trump afectaría sus resultados. Ese error fue fatal. Además, introdujo
fisuras en las fuerzas democráticas poniendo en peligro su capacidad para
frenar a los que asedian la institucionalidad.
Estamos hastiados. Derrotamos a Mel y sus
pretensiones napoleónicas; y a Rixi que cree que para llegar a la
presidencia basta con rendirse al caudillo más fuerte. El peligro no ha pasado.
Nasralla otra vez, no escucha. Solo a Iroska, malcriada susurrándole al oído lo
que debe decir. Al amenazar con romper con la dirección del Partido Liberal,
dudando si girar sobre sí mismo; o quedarse obediente del mandato popular que
pese a sus méritos, encuentra algo que no cuadra y no le gusta en su estilo de “llanero
solitario”. Esto debilita las fuerzas democráticas.
El peligro no ha pasado. Después del 27 de enero, hay que fortalecer el Congreso, sanear la Fiscalía y recuperar la colegialidad del CNE. Hay que aprovechar la pausa, para abastecernos; y mejorar nuestras defensas. Porque esta lucha solo terminará, cuando capturen a Mel; le quiten las espuelas. Y lo encarcelen en Tamara. Mientras tanto, la democracia seguirá amenazada.

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