Contracorriente: TREGUA, PARA RECONSTRUIR (1/3)
Juan Ramón Martínez
Solo el Mitch se le parece. Debíamos
reconstruir el país; y, eso hizo Carlos Flores. Ahora no hay tiempo que perder.
Hay que firmar una tregua y consagrarnos a cumplir con el deber de reconstruir
Honduras después del paso del “huracán” Mel. La economía está lesionada, el
crédito internacional dañado; y la imagen nacional afectada. La pobreza ha
aumentado, los servicios públicos deficitarios; y las exigencias de los más
pobres elevadas. Es inevitable firmar una tregua entre las fuerzas políticas
para dejar que el gobierno haga sus tareas, ayudándole a dar resultados; y
devolverle esperanzas al pueblo.
Los retos: 1. Desbloquear el financiamiento
externo para que la administración tenga fondos para honrar sus obligaciones;
2. Reformar el manejo financiero eliminando la “caja única”; y buscando la
colaboración de los bancos en el manejo de fideicomisos, especialmente el
de compra de medicamentos para surtir los hospitales, dándole confianza
al pueblo que las cosas mejoraran; 3. Hay que pagar a los constructores para
que se reanuden las obras inconclusas; y reactiven el empleo, aumentando el
circulante en el bolsillo de las personas para qué compren más. 3. Hay que
regresar a la mediación para negociar las demandas provocadas por la
eliminación de la legislación sobre las ZEDES. 4. Proyectar una mejor imagen
internacional para lo que hay que reconstruir el servicio diplomático,
volviéndolo profesional, prescindiendo de activistas y políticos que lo han
usado para fines partidarios 4. Renegociar la deuda externa porque es imposible
manejarnos con un servicio de la deuda tan elevado y 5. Municipalizar la Policía
bajo la dirección de un civil, para que desde el departamento y con el
liderazgo de alcaldes y ciudadanos, diseñar planes de seguridad específicos.
Hay que considerar un desarme general; y prohibir la portación de armas por
particulares.
Para estas tareas y otras que señalare en otros
dos artículos, urge crear un nuevo modelo de gobierno, --más pequeño-- con
menos ministros y más descentralizado. De forma que, en el departamento -- bajo
el liderazgo del Gobernador Político, los alcaldes y líderes locales --
planifiquen las tareas, estableciendo las áreas de productividad en que pueden
ser autosuficientes; y reduciendo las que no, para aumentar su contribución al
desarrollo nacional. Prohibiendo a los diputados la ejecución de proyectos o manejo
de fondos, fuentes de corrupción visibles en la administración “zelayista”. Los
diputados deben legislar, sin intervenir en las tareas del Poder Ejecutivo.
El Poder Ejecutivo, debe manejarse de otra
manera. El Presidente de la República, su Consejo Asesor (Político, Económico,
Seguridad y Jurídico), y el gabinete – 15 ministros – deben
rebajarse los sueldos; y dejar de usar vehículos blindados, obligándolos a que
utilicen los propios. Hay que dar un ejemplo de austeridad, humildad y
honradez, gobernando con los mejores de forma que liberales, nacionalistas e
incluso del PLR den resultados porque el pueblo quiere satisfacer sus urgentes
necesidades.
El país no puede seguir a la deriva, sin planes
y sin capitán en el puente de mando. El Presidente debe tener un plan elaborado
desde las propuestas de los dos partidos; y para su dirección y evaluación debe
crearse un Consejo de Planificación con participación de empresarios,
trabajadores y expertos. Esta unidad revisará el presupuesto y su ejecución de
forma que el gobernante, tenga información inmediata de lo hecho; y lo
pendiente.
El Consejo de Planificación debe revisar las
relaciones económicas con Estados Unidos y China, para conocer avances del
Tratado de Libre Comercio con esta y rescatar con USA la posibilidad de revisar
el TLC que Trump ha dañado. Conseguir que ambos gobiernos nos den tiempo, para
lograr resolver lo urgente es ideal.
Los partidos mayoritarios, deben firmar un
pacto poniendo a disposición del gobernante sus mejores cuadros, dando
sugerencias para resolver los problemas y volver al país a la normalidad.
Suspendiendo las actividades políticas por dos años.
Es urgente parar las invasiones de tierras en
el Bajo Aguán e iniciar allí un proceso industrialización y crear empleo
inmediato. Hay que acelerar la reconstrucción de las carreteras de la Costa
Norte. Y concluir los 7 hospitales.
Al final, hay que enfrentar el tema de la energía eléctrica y las aguas para consumo humano y riego, preferentemente en las Costa Norte y Sur. Concluir R—Nacaome; y construir un muro en el Goascorán para defender la Costa de los Amates. Además, hay que dragar el Ulúa y el Chamelecón. La ENEE, no puede seguir operando deficitariamente, consumiendo recursos necesarios para otros fines. La ciudadanía debe participar en el manejo de la ENEE, sacándola del comercio político.

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