LA LUCHA POLÍTICA DE 1954 Y LA RUPTURA DEL ORDEN CONSTITUCIONAL (II)
Anales Históricos
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PARTE II
Ramón
E. Cruz
Dr.
Ramón Villeda Morales & Gral. Abraham Williams Calderón
El 10 de octubre se practicaron en todo el país
las elecciones para autoridades supremas. El liberalismo obtuvo alrededor de
121.000 votos, el nacionalismo cerca de 80.000 y el reformismo 52.000. Para la
elección de Diputados hubo mayoría absoluta en los Departamentos de Francisco
Morazán, Santa Bárbara, Cortés y Atlántida; el Nacionalismo la obtuvo en Colón
y el Reformismo en Islas de la Bahía.
El liberalismo proclamó la noche de la elección
y en los días subsiguientes su triunfo, alegando que había obtenido mayoría
absoluta, pero los datos oficiales demostraron al día siguiente de la elección,
que ningún candidato había obtenido mayoría absoluta y que las dos alas del
nacionalismo unidas, tenían más de 10.000 votos sobre su oponente el
liberalismo.
El 11 de octubre a las 3 de la tarde, el autor
de esta reseña, acompañado del Dr. don Silverio Laínez, se constituyeron en
casa del Gral. Carías. Se le hizo ver al General que no habiendo obtenido
mayoría absoluta ninguno de los partidos, la situación política podía ser
controlada unificando al nacionalismo y reformismo, a base de que en el
Gobierno que se organizara, no se hiciera ninguna discriminación en la
distribución de los empleos públicos, para lo cual debía procederse
inmediatamente a hablar con el Gral. e Ing. don Abraham Williams a quien
debería proponerse como paso previo, la obtención de los Diputados en los
departamentos en que no había habido mayoría absoluta, debiendo las Juntas
Departamentales de Agentes, elegir diputados a los reformistas en los lugares
en que estos tuvieran más votos que el nacionalismo y los de este partido, en
aquellos que hubiesen obtenido más que los reformistas.
El Gral. Carías aceptó inmediatamente y sin
reservas, la proposición indicada y nombró una comisión integrada por los
Licenciados Francisco Salomón Jiménez y Rubén Álvarez para que se avocaran con
el General Williams y procedieran a celebrar los arreglos consiguientes.
Esa misma noche salió por las calles de la
ciudad una manifestación de nacionalistas y reformistas celebrando alegremente
la unificación del nacionalismo, pero desgraciadamente a los dirigentes les
faltó previsión y no procedieron a firmar un pacto que unificara
definitivamente a los dos grupos del viejo Partido Nacional.
Los delegados del nacionalismo y reformismo
recorrieron todos los departamentos habiendo asegurado los votos de los Agentes
de las Juntas Departamentales, las cuales el 24 de octubre eligieron los
diputados en la forma siguiente: Nacionalistas, Comayagua 3, La Paz 2, Lempira
3, Ocotepeque 2, Choluteca 5, Valle 3, El Paraíso 3, total con el de Colón 22.
Reformistas, Copán 4, Intibucá 3, Yoro 4 e Islas de la Bahía 1, total 12. El
liberalismo obtuvo un total de 23 diputados, de modo que la representación al
Congreso sería la siguiente: Nacionalismo y Reformismo, 34 votos, Liberalismo
23. En total forma ninguno de los grupos antagónicos, Liberalismo y
Nacionalismo con el primero y segundo puesto en la votación general, sucedió el
caso de que cualquiera de ellos que se le agregaran los diputados del
Reformismo podría obtener el quorum de dos tercios que para celebrar sesiones
requería la Constitución Política, que en una base de 57 diputados era de 38.
El Nacionalismo y Reformismo, con el fin de
demostrar que las alegaciones del Liberalismo de haber obtenido mayoría
absoluta, eran falsas e infundadas, acordaron unirse para las elecciones de
Autoridades Locales, habiendo celebrado el siguiente:
CONVENIO
PARA LANZAR FÓRMULAS DE AUTORIDADES LOCALES
El Partido
Nacional y el Movimiento Nacional Reformista se comprometen a presentar un
frente unido en las elecciones de autoridades locales que se llevarán a cabo el
domingo veintiocho del corriente en toda la República, y al efecto han decidido
celebrar el siguiente Convenio:
1º. Los institutos arriba mencionados tomarán
como punto de partida el resultado de las últimas elecciones municipales. Así,
el Partido Nacional lanzará este año planillas integradas exclusivamente por
ciudadanos nacionalistas en los municipios donde sus fórmulas resultaron
triunfantes en aquella oportunidad. Estas candidaturas tendrán el apoyo
decidido del Movimiento Nacional Reformista. Y este partido a su vez, lanzará
planillas de su exclusiva filiación en los municipios donde su causa triunfó el
año pasado, para lo cual contará con el apoyo decidido del Partido Nacional.
En las localidades donde triunfó el
Liberalismo, las entidades signatarias lanzaran candidaturas mixtas, convenidas
previo acuerdo entre los nacionalistas y reformistas de cada localidad. Igual
procedimiento ha de seguirse en aquellos municipios donde el Reformismo lanzó
el año pasado planillas mezcladas con el Liberalismo.
Y respecto de algunos lugares donde los
miembros de las Municipalidades se han tornado liberales, se precederá a una
cuidadosa investigación del asunto, y una vez establecida la verdad de dicho
extremo, se arreglarán candidaturas mixtas.
2º. La propaganda, de una y de otra parte, para
estas elecciones, tenderá siempre a sembrar en el público la idea de la
unificación del Nacionalismo, para cuyo efecto se usará la frase “Nacionalismo
y Reformismo Unidos”.
Los mensajes que cursen ambas entidades, dando
instrucciones a sus correligionarios para el feliz cumplimiento de este
convenio, tendrán un contenido idéntico, e irán firmados por representantes de
ambos Institutos Políticos. Y los resultados de las elecciones se harán
publicar bajo el mismo texto.
3º. El financiamiento de las elecciones se hará
de la siguiente manera: ambos partidos remitirán a los Departamentos cantidades
iguales previamente convenidas. Estas cantidades serán administradas y
distribuidas por una Comisión de tres ciudadanos nacionalistas y tres
reformistas, designados por las dirigencias departamentales respectivas.
En fe de lo cual los representantes de ambas
agrupaciones, debidamente autorizadas, firman el presente Convenio en
Tegucigalpa, Distrito Central, a diez de noviembre de mil novecientos cincuenta
y cuatro.
Por el
PARTIDO NACIONAL:
Por el
MOVIMIENTO NACIONAL REFORMISTA:
En los primeros días de la segunda quincena de
noviembre se reunieron de nuevo los señores Alvarado y Cruz, habiendo
presentado el primero, para ser considerado por el Jefe del Partido Nacional,
las siguientes bases para un acuerdo:
“PRIMERA: Compromiso de concurrir a las
sesiones preparatorias y a la instalación del Congreso el cinco de diciembre
próximo; asistir a todas las sesiones puntualmente, y no romper el quórum.
SEGUNDA: Hacer el escrutinio general de votos de la
República, declarar electos Presidente y Vicepresidente a los candidatos que
hubieren obtenido mayoría absoluta de votos, o hacer la elección de estos Altos
Magistrados, en su caso, dentro del término de veinte días que señala la
Constitución.
TERCERA: Compromiso del Presidente electo de hacer un
Gobierno nacional con los mejores elementos de las tres agrupaciones políticas
que se disputaron el Poder, en las elecciones que se verificaron el 10 de
octubre pasado, a base de capacidad y honradez, con exclusión de todo
favoritismo.
CUARTA: La Corte Suprema de Justicia sería integrada
por tres Magistrados propietarios de la misma filiación política del Presidente
de la República, y dos del otro partido pactante. En la misma forma será
integrado el Tribunal Superior de Cuentas.
Aceptadas estas bases podrían convenir ambas
partes Contratantes en las especificaciones que juzguen convenientes y
oportunas”.
Se le hizo ver al Dr. Alvarado que la redacción
de las dos primeras bases, se podrían prestar a juegos que podrían permitir el
burlar el convenio, y que, en la segunda, se eliminaba la posibilidad de la
elección del Presidente y Vicepresidente, por la Corte Suprema de Justicia,
prevista en la Constitución Política.
El Jefe del Partido, al leer las bases, expresó
que con la forma en que estaban redactadas las dos primeras, se le quería meter
en un callejón sin salida, anulando con la segunda las disposiciones de la
Constitución Política que otorgaba a la Corte la facultada de elegir al
Presidente y Vicepresidente cuando el Congreso no lo hiciere en el plazo de
veinte días contados desde su instalación.
Se informó al Dr. Alvarado que el Jefe del
Partido Nacional aceptaba las bases 3ª y 4ª , pero pedía se cambiarán las 1ª y
2ª , en tal forma que se garantizara la libre elección del Congreso o de la
Corte y que además se conviniera expresamente en renunciar a la acción de la
nulidad parcial o total de las elecciones, pues se tenía conocimiento que el
ala liberal de diputados electos solicitaría la nulidad de la elección de
Diputados hecha por la Junta Departamental de El Paraíso, pues si eso ocurría,
el nacionalismo podría impugnar la validez de elecciones de Francisco Morazán,
Cortés y Atlántida, ya que en estos dos últimos departamentos habían votado
miles de extranjeros que no se habían nacionalizado en el país.
La contestación del representante del Partido
Liberal, a las objeciones hechas a las bases primera y segunda, se tardó
bastante tiempo y no fue sino en vísperas de la iniciación de las sesiones
preparatorias del Congreso, que se presentó el proyecto de convenio siguiente:
“PRIMERA. Compromiso del Presidente
electo, de hacer un Gobierno Nacional, con los mejores elementos de ambos
partidos, (LIBERAL Y NACIONAL), seleccionado a base de honradez y capacidad
reconocidas, para el mejor desempeño de las funciones que se les encomienden,
en todos los ramos de la Administración Pública. Tales elementos serán
nacionalistas y liberales, por mitad; pero en el Gabinete habrá cuatro
Ministros de filiación política del Presidente y tres del otro partido.
SEGUNDO. La Corte Suprema de Justicia será integrada
por tres Magistrados propietarios de la misma filiación del Presidente y dos
del otro partido; y dos suplentes y un tercero, en el mismo orden. De igual
manera se integrarán las Cortes de Apelaciones y el Tribunal Superior de
Cuentas. El Fiscal General de Hacienda y el Tesorero General de Justicia, serán
respectivamente de filiación liberal y nacionalista.
TERCERO. Para el nombramiento y elección de los
empleados y funcionarios de la República, se atenderá a las propuestas
especificas que al efecto hagan los candidatos a la Presidencia de los Partidos
Liberal y Nacionalista que firmen este pacto.
CUARTO. Para conciliar los intereses y sentimientos
partidaristas, en todos y cada uno de los departamentos de la República, los
empleados y funcionarios departamentales y locales serán de ambos partidos. Si
el Gobernador Político y el Administrador de Rentas, por ejemplo, son
nacionalistas, el Comandante de Armas y el Juez de Letras deberán ser
liberales.
QUINTO. Al hacer la elección de Presidente de la
República, y la del Vicepresidente deberá recaer en el candidato del otro
partido.
SEXTO. Si el Presidente desea llevar a un Reformista
a un puesto público, deberá considerársele como su mismo partido, para los
efectos del Pacto.
Para garantizar la efectividad de este Pacto,
firmaran los candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia de los partidos
Liberal y Nacional, así como los Presidentes de las Autoridades Centrales de
ambos partidos, en presencia de dos miembros del Cuerpo Diplomático acreditados
ante el Gobierno de Honduras”.
Al informar al General Carías que las bases
serían modificadas por el Partido Liberal en el sentido deseado por los
dirigentes del Nacionalismo, manifestó, que las conversaciones deberían darse
por terminadas, porque se tenían informes fidedignos de que los liberales,
contra lo dispuesto por la Ley de Elecciones y por el Reglamento Interior del
Congreso Nacional, incorporarían sin credenciales, a los diputados derrotados
del Liberalismo, del Departamento de El Paraíso y que intentarían también
incorporar al Congreso, a sus candidatos de Ocotepeque, Comayagua, Copán e
Intibucá. Que además en una maniobra que contaría con el apoyo del Reformismo,
se tendría como quórum para celebrar sesiones, el número de 37 diputados en vez
de los 38 que son los 2/3 de 56, número total de diputados al Congreso.
Abraham Williams Calderón, candidato
presidencial del Movimiento Nacional Reformista con los diputados de ese
partido elegidos en octubre de 1954.
El candidato del Movimiento Nacional
Reformista, Gral. e Ingeniero don Abraham Williams Calderón, en entrevista
publicada por el Diario El Día, a fines de noviembre expresó, que la mejor
solución al problema político del país era la ruptura del orden constitucional
y la formación de un Gobierno de facto, con la creación de un Consejo
Consultivo. Tal posición fue corroborada con la decisión tomada el 29 de
noviembre por los diputados electos por el Movimiento Nacional Reformista de no
concurrir a las sesiones del Congreso Nacional.
El 1º. de diciembre, se celebró la primera
sesión preparatoria con la asistencia únicamente de los diputados electos por
el Partido Liberal. Estos eligieron la Junta Provisional presidida por el
General Santiago Meza Calix y como Secretarios, los Lics. Modesto Rodas
Alvarado y Leónidas Fajardo.
En la sesión del tres, el mismo grupo de
diputados liberales eligió la Directiva del Congreso, recayendo la Presidencia
en el mismo General Santiago Meza Calix. Tal elección era violatoria de la
Constitución, que requería las dos terceras partes de los Diputados para
celebrar sesiones, ya que una fracción minoritaria del Congreso se arrogó las
facultades, que conforme al Art. 94 de la Carta fundamental correspondían al
Congreso en pleno. El Art. 8º del mencionado Reglamento, dice textualmente: “El
tres de diciembre, una vez reunido el número necesario de diputados para
celebrar sesión, se procederá de la manera siguiente: a) El Presidente nombrará
una Comisión de tres Diputados para que ante ella presenten sus credenciales
los Diputados. b) Emitido el dictamen sobre las credenciales presentadas, se
discutirá y una vez resuelto, se procederá a la elección de la Directiva del
Congreso, compuesta de un Presidente, un Vicepresidente, dos Secretarios y dos
Prosecretarios, elección que se practicará por voto secreto, conteniendo cada
cédula el total de candidatos. No podrán ser miembros de la Directiva los
Diputados cuyas credenciales no hayan sido aprobadas; y c) Verificado el
escrutinio, el Presidente provisional dará posesión al Presidente electo, quien
prestará la promesa de Ley ante la Cámara; y después ante él, lo harán los
representantes que no se hubieren incorporado y tomaran sus puestos los demás
miembros de la Directiva, continuando los trabajos que falten para preparar la
instalación del Congreso.
En esa memorable sesión, no solo se eligió la
Directiva del Congreso, sin el quórum de 2/3 por la ausencia de los diputados
nacionalistas y reformistas previsto en el Art. 94 constitucional sino que se
incorporan como diputados, sin presentar credenciales, a los candidatos
derrotados del Partido Liberal en el Departamento de El Paraíso, señores
Jacinto R. Rivas, Raúl O. Sevilla y Armando Idiáquez, en donde la Junta
Departamental declaró electos a los candidatos del Partido Nacional, señores P.
M. Esteban Rodríguez Flores, Aníbal Quiñonez y Ramón Sanabria.
La incorporación por una fracción de 23
diputados al Congreso, como miembros del mismo, de tres candidatos derrotados,
implica una usurpación de atribuciones de las funciones que corresponden a
aquel Alto Cuerpo conforme al Art. 94 de la Constitución y una reforma a la Ley
Constitutiva de elecciones, en sus Arts. 39, inciso final, 40, 41, 42 y 56. De
la nulidad de las credenciales de los diputados por el Departamento de El
Paraíso, sólo podía conocer el Congreso en pleno, conforme al Art. 56 de la Ley
últimamente citada, y en el caso de que la Junta Departamental no hubiera
extendido credenciales, era también la Cámara en sesiones plenarias, quien
debía llamar a los candidatos que declarará electos. Los artículos 39, 40, 41 y
42 disponían la forma de declarar electos a los diputados y el Reglamento
Interior del Congreso, que es una Ley Orgánica del mismo y que rige su
funcionamiento fueron violados por la minoría liberal, reformándolos o
derogándolos de hecho y arrogándose atribuciones que correspondían únicamente
al Congreso en sesiones plenarias.
De lo expuesto, que tiene un carácter
rigurosamente histórico, puede colegirse que el orden constitucional del país
se rompió, al no reunirse el Congreso en sesiones plenarias conforme el Art. 94
de la Constitución.
El 16 de noviembre el Presidente Dr. don Juan
Manual Gálvez, con motivo de enfermedad y en virtud del Decreto del Consejo de
Ministros, obtuvo licencia para ausentarse del país, haciendo entrega del cargo
al Vicepresidente, P.M. don Julio Lozano Diaz.
Julio Lozano Diaz, Presidente de Honduras (1954
a 1956)
Al Sr. Lozano le tocó la tarea de mantener el
orden y la tranquilidad del país, al no efectuarse el 5 de diciembre la
instalación solemne del Congreso Nacional, y tuvo que asumir el 6 del mismo
mes, los Poderes del Estado al romperse el orden constitucional.
El orden institucional del Estado pudo
perfectamente ser conservado, si los intereses nacionales hubieran sido
sobrepuestos a los intereses sectarios, ya que, a falta de elección de
Presidente y Vicepresidente por parte del Congreso Nacional, correspondía a la
Corte Suprema hacer la elección y dar posesión a los electos. El que estas
líneas escribe luchó hasta el 2 de diciembre en la tarde por preservar las
instituciones del país, pero sus esfuerzos resultaron estériles ante la
incomprensión de quienes se llaman a sí mismos patriotas y demócratas, pero
anteponen sus intereses particulares a los del pueblo a quien están obligados a
servir.
Los diputados electos del Partido Nacional y
del Movimiento Nacional Reformista lanzaron al romperse el orden
constitucional, el manifiesto siguiente:
MANIFIESTO DE LOS DIPUTADOS
NACIONALISTAS Y NACIONAL-REFORMISTAS, AL PUEBLO HONDUREÑO
CONCIUDADANOS:
Después de la violenta campaña política que
acaba de transcurrir con grave riesgo de la paz de la República, ninguno de los
partidos en pugna por el poder, ofrece seguridades suficientes para la
estabilidad de la paz aludida, por las profundas diferencias que el debate
político ha dejado, no solo entre los dirigentes de las agrupaciones que
concurrieron a las urnas, sino también entre los numerosos afiliados a cada una
de ellas.
Tal estado de cosas mueve a reflexionar
detenidamente pues siendo Honduras un país convulsionado por la guerra civil a
lo largo por toda su historia, aun no acaba de restañar las heridas que en su
economía y en su organización social le ha dejado el estado de anarquía en que
ha vivido; y sí cuando los frutos de la tranquilidad y del orden social
empiezan a hacerse visibles, los hondureños sensatos, y especialmente aquellos
en cuyas manos ha puesto su destino, no se detienen a analizar en todos sus
detalles y consecuencias la importancia de determinados fenómenos políticos y
la influencia que ellos pueden ejercer en el desenvolviendo de la vida
colectiva, muy comprometido quedaría el futuro de la Nación hondureña y muy
expuesta estaría la República a caer nuevamente en aquel estado de anarquía de
dónde ha venido saliendo a costa de muchos esfuerzos y de innumerables
sacrificios.
Desde las últimas guerras intestinas que
hundieron al pueblo en un peligroso estado de descomposición social, hasta las
elecciones de autoridades supremas que acaban de transcurrir, la ciudadanía
hondureña dio muestras de su deseo de mantenerse al margen de las violencias
que en el pasado, casi siempre degeneraron en asonadas, en motines o en guerras
civiles; y si la evolución civilizada ha que ha llegado nuestro país quedó
demostrada por la compostura que guardó el pueblo en la mayoría de los casos,
no se podría decir lo mismo de muchos líderes que, no habiendo sido favorecidos
en sus aspiraciones ni en sus intereses políticos, están en condiciones de
producir agitación en las masas, y especialmente en los trabajadores de campos
y aldeas, corriéndose el riesgo de que las conquistas logradas por la Nación en
los últimos tiempos, tanto en el orden financiero y económico, como en el
social y cultural, se malogren y desaparezcan como esfuerzos inútiles, en un
estado de anarquía que no solo nos traería desprestigio internacional, sino que
agotaría los exiguos veneros de la confraternidad y ahondaría más profundamente
las diferencias entre la familia hondureña.
La actual organización de los Partidos, por la
falta de responsabilidad y sanción de sus dirigentes, que debiera estar
prevista en sus estatutos correspondientes, no garantiza ni los intereses de
sus afiliados ni mucho menos los del conglomerado nacional. Es así como los
dirigentes del Partido Liberal, a pesar de las conversaciones y propuestas de
los otros grupos políticos, rehusaron un convenio para organizar el gobierno
con la participación de elementos pertenecientes a los tres partidos en lucha,
desaprovechando el momento histórico propicio a la conciliación y al gobierno
nacional que hubiera llevado a una solución favorable.
Por otra parte, los partidos políticos que en
el fondo han logrado significativos avances en lo que se refiere a sus
ideologías y a sus programas de acción administrativa, aún no han llegado a
infundirle confianza a sus respectivos adversarios, de donde se deduce que unos
y otros temen -acaso injustificadamente-, la ascensión al Poder de sus
oponentes, por cuanto esperan, con base en las realidades de las luchas
políticas del pasado y en las violencias de la reciente contienda, el reinado
de las venganzas y de las represalias.
Este estado de cosas, no solo sospechado, sino
comprobado en la realidad por los preparativos bélicos para el ataque o la
defensa, hacen prever días de zozobra y anarquía para la Nación, si quienes
están en capacidad de imprimirle rumbos nuevos al acontecer social y político
del país, con actitudes salvadoras por su naturaleza patriótica, no asumen la
responsabilidad que las circunstancias demandan, guiando a la República por los
senderos de la conciliación nacional y del olvido del pasado, mediante la proposición
de situaciones que se presten para estructurar un gobierno que sea garantía de
todos y que responda a las aspiraciones y a las necesidades del pueblo.
CONCIUDADANOS:
Largo es el viacrucis sufrido por la República
a través de su historia. Los intereses políticos de los bandos contendientes
ligados a las fuerzas económicas cuya influencia se ha hecho sentir en el
mantenimiento de un estado social de verdadero atraso, han mantenido a Honduras
hasta hace poco tiempo, en la desorganización y en la incapacidad técnica para
la explotación de sus fuentes de riqueza; y a tal grado llegó en el pasado el
estado de anarquía de la familia hondureña, que ya en muchas ocasiones se esbozaron
planes y se concibieron proyectos para dar vida a un estado de convivencia
social que hiciera posible la confraternidad entre los distintos sectores del
pueblo hondureño, como base fundamental para su progreso y bienestar.
Esta noble aspiración, justa y civilizada, tomó
forma en la creencia de que a través de un gobierno de unidad nacional que se
integrará con participación de todos los bandos en pugna, los hondureños
podrían alcanzar ese elevado estado de cultura en que los pueblos alternan en
las luchas políticas esgrimiendo ideas y principios, esbozando planes y
proponiendo programas concebidos para el bien y el progreso de la República,
sin que el fuego del debate produzca las profundas escisiones y malquerencias
que nos han mantenido aherrojados en un abismo de odio y de separatismo.
La organización de un gobierno que fuera la
expresión nacional, ha sido un viejo anhelo del pueblo hondureño, muchas veces
esperado y muchas intentando, sin que hasta la fecha el sectarismo político lo
haya dejado producirse en la plenitud que nuestras circunstancias políticas lo
exigen.
Frente a tales ideas y tales aspiraciones,
hemos creído nosotros que en esta ocasión en que los viejos partidos políticos
luchan por ascender al poder y se preparan para defenderse, cada uno acuciado
por temores y desconfianza hacia el otro, el viejo sueño del pueblo puede
ayudar a resolver el problema en forma pacífica, si para ello se crean
situaciones que lo hagan posible.
A esta circunstancia debemos agregar, que
nuestra calidad de Diputados, representantes de un considerable sector de ese
pueblo hondureño que sueña y espera una vida mejor, nos impone la obligación de
velar no sólo por los intereses políticos de nuestras respectivas agrupaciones,
sino también, y sobre todo, por los sagrados intereses de la República, en
cuyas instituciones y conquistas culturales descansa en forma absoluta el
porvenir de la generaciones presentes y futuras. Pero ese sagrado deber que para
los intereses políticos de las agrupaciones que se oponen a nuestros
respectivos Partidos, es según ellas y según el criterio de sus representantes
en el Congreso, la aceptación de determinadas circunstancias que les serían
favorables, es para nosotros, representantes del pueblo, un imperativo y una
obligación patriótica que nos ordena y compele a actuar en forma que garantice
los intereses generales y que asegure el bienestar colectivo y la
estabilidad del orden, de la concordia y de la libertad dentro de las fronteras
patrias.
CONCIUDADANOS:
Las anteriores ideas y los fundados temores de
que la alteración de la paz nacional, bien supremo, puede sobrevenir si el
Congreso Nacional en uso de las atribuciones que le confiere la fracción 9ª.
del Articulo 101 de la Constitución Política que manda “hacer la elección del
Presidente y Vicepresidente entre los dos ciudadanos que hubieren obtenido para
cada cargo mayor número de sufragios populares” y que, no haciéndolo dentro de
los veinte días de instalado pasará esta atribución a la Corte Suprema de Justicia,
hemos dispuesto no asistir a la instalación del Congreso de la República, para
que, en tal caso, quien ejerza las funciones de Presidente de la Nación
hondureña, asuma el control de los poderes del Estado, y sirviendo de garantía
a la paz, a la libertad, al orden y a la estabilidad de las conquistas
culturales y de las instituciones patrias, asegure la organización de un
gobierno que responda a las viejas aspiraciones del pueblo hondureño y
satisfaga los intereses generales de la colectividad, teniendo como norma la
capacidad y la honradez de quienes lo formen, a fin de garantizar no solo los
bienes nacionales, sino también los anhelos de las diversas agrupaciones
políticas.
Si los partidos políticos compenetrados de su
función social han de ser los medios propicios a través de los cuales se
realice el progreso de los pueblos, el Partido Nacional, que ha dado muestras
en el pasado de su profundo amor a la República, de su apego a la ley y de su
interés por la conservación de la paz y de la armonía entre los hondureños,
esta vez unificando a los Diputados de las dos agrupaciones en que se ha
dividido, ha resuelto influir en la medida de sus capacidades, en el desarrollo
de los acontecimientos futuros, mediante una acción conjunta y patriótica de
sus representantes, que haga posible las reformas sociales, económicas,
jurídicas y culturales que el pueblo hondureño necesita para fundamentar su
progreso y el establecimiento de un gobierno que sea la expresión genuina de
los diversos intereses nacionales, para que dentro de una unidad patriótica, se
aseguren las aspiraciones colectivas y se garantice la estabilidad de las
instituciones fundamentales de la República.
HONDUREÑOS:
Si la resolución tomada no correspondiera a la
naturaleza de las fuerzas en pugna y en consecuencia no alcanzara a ser
neutralizadora capaz de detener la marcha de los factores de la violencia que
luchan por tornar el país hacia un estado de atraso y de incultura que ya no se
compagina con la evolución alcanzada por nuestra Patria a la hora presente, al
menos quede constancia histórica que hubo un grupo de ciudadanos que deseando
hacer honor a la representación que el pueblo les ha confiado y pensando en la
grandeza, en el porvenir de la República, y especialmente en la necesidad de dar
vida a un estado de armonía social entre los hondureños, que asegure la
tranquilidad nacional y la estabilidad de las conquistas que en orden al
progreso se han alcanzado hasta la fecha, asumen la responsabilidad de hacer
posible el surgimiento de un orden constitucional nuevo, que sirva de base a la
evolución de las diferentes clases sociales mediante la reforma constitucional
y la emisión de leyes de trabajo y de previsión, que garanticen el progreso de
la República en todos los órdenes de la actividad humana.
Fieles al pueblo que depositó su confianza en
nosotros y deseosos de contribuir a la transformación de HONDURAS,
sentando las bases de su futura grandeza y de la concordia nacional, asumimos
las responsabilidades que el presente de la República demanda, para hacer
posible como representantes del pueblo, lo que éste desea y necesita para su
bienestar, avizorando para nuestra Patria un porvenir radiante en que la
libertad, la paz, la justicia y la concordia entre los hondureños estén
aseguradas para felicidad de todos.
Tegucigalpa, D.C., 3 de diciembre de
1954.
DIPUTADOS
NACIONAL-REFORMISTAS:
Céleo Murillo Soto, Marco Tulio Burgos, Manuel
J. Fajardo y Fajardo, Ramón Medina Cueva, Cesar Augusto Cabrera Girón,
Alejandro Hernández Sandoval, Rafael Tercero Mendoza, Manuel Luna Mejía, J.
Humberto Medina Alvarado, Alejandro López Cantarero, Lem Mac Nab Abbott.
DIPUTADOS
NACIONALISTAS:
Eliseo Pérez Cadalso, Víctor M. Padilla, Tito H. Cárcamo, Luis F. Lardizábal, José J. Portillo, Pedro Aplicano Mendieta, Miguel A. Hernández C., Modesto Bonilla G., Aníbal E. Quiñonez, R. Sanabria E., Esteban Rodríguez F., A. Castañeda Palacios, José Iglesias G., Jacobo Hernández G., Julio Hernández G., Rafael Ruíz L., Jesús E. Alvarado Lozano, Andrés A. Martínez, J. Andrés Escaleras, Fernando Izaguirre A., Jesús Villela Vidal, Gregorio Espinoza M.



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