Los nuestros: MEDARDO MEJÍA, ESCRITOR Y DRAMATURGO

Juan Ramón Martínez

Medardo Mejía Pagoaga, nació en la aldea de Jimasque, en el municipio de Manto, Olancho el 10 de junio de 1905. Estudió derecho y en el camino de la vida, se hizo poeta, narrador de exquisitas joyas, historiador de buenos momentos, dramaturgo de muchas piezas inéditas; y periodista obligado contador de desventuras generales. Como la mayoría de su generación, emigró hacia Guatemala. Después a México, en donde enfrentó la soledad y el desamparo. Al regresar a Honduras en la década de los cincuenta del siglo pasado, enseñó Sociología en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales; y le dio continuidad a la revista Ariel fundada por Froylan Turcios. 

En 1956, fue llamado por Julio Lozano Díaz, para que le asesorara. Mejía creyó en el discurso de quien hablaba de reformas y reconciliación. Escribió incluso un Proyecto de Constitución donde incorporó instituciones sugerentes y necesarias incluso en estos momentos. Mientras enseñaba en la UNAH y editaba Ariel, lo conocí en el Auditorio Juan Lindo en 1978. Me lo presentó Ramón Oquelí que había sido mi profesor de sociología en el CUEG. Eran amigos de muchos años y de correrías compartidas. Para presentarnos, le dijo “mirá Medardo, este es Juan Ramón Martínez, que vos decís que no existe”. Me extendió la mano y me dijo: “creía que era un seudónimo, porque usted escribe cosas que otros callan”, dijo.

Era un hombre de baja estatura. Vestía invariablemente saco y corbata; y que de vez en cuanto se rendía a la tentación de seguir la moda de usar sombrero italiano, que educadamente portaba en la mano izquierda, mientras hablaba con una voz suave como pidiendo permiso para expresarse. Creo que sus cuentos e historias de “camino real”, son un modelo de narración del mundo rural; desde una óptica y unas técnicas modernas de la narrativa de los años sesenta. Como historiador sus “Capítulos Provisionales sobre Paulino Valladares”, todavía no han sido superados por la maestría en el relato, el cuidado de la figura del biografiado; y la descripción del entorno en que se movió, entre la admiración y el rechazo por igual, de unos y de otros. La articulación de las relaciones económicas con Washington, la enemistad de los jóvenes que no querían dejarlo descansar serio y firme dentro de su féretro, es descrito de tal manera que no deshonra al fallecido; ni descalifica a los jóvenes arrogantes que desde el balcón de un hotel pretendieron ofender su memoria.

En la “Historia de Honduras” que escribiera para la UNAH, hay buenos momentos; pero no tuvo el rigor del que señalan las fuentes y no va más allá del recuerdo de las historias que otros contaron apresuradamente. Como poeta, creo que la “Canción de Victoria López”, es insuperable. El hecho que la hayamos “visto en las onzas españolas”, confirma lo que dijo Borges que un poeta vale cuando recuerdan sus versos. Su obra teatral es grande y variada, introduciendo la vinculación entre el pasado prehispánico y los hallazgos del escenario moderno. Desafortunadamente, su dramaturgia no ha animado al montaje de sus obras, en las que sin duda hay novedad, luz y muchas enseñanzas.

Estuvo de visita en Olanchito, en fecha imprecisa. Para entonces vivía afanado ajustándome a la vida laboral capitalina. Pero Juan Ramón Fúnez, cuenta que regresó encantado de haber conocido una ciudad en donde se sintió como uno más, en las animadas conversaciones; y un maestro en las discretas confesiones políticas de sus contertulios. Más de alguno de los que le conocieron, dijeron que era marxista. De los de antes, que leían, conocían y veían en la utopía de Marx y Engels un motivo para la creatividad. Su muerte no importó a la mayoría, que cuando tocó su puerta, ya estaba semi retirado, dirigiendo su revista; o escribiendo editoriales para algunos periódicos de San Pedro Sula. Mientras hacía tertulias con Yacamán, el dueño de la Librería Atenea.

No lo hemos honrado como se lo merece. Fue un buen hombre, que amo la cultura; y que sirvió a su país en forma honesta y patriótica. Murió en Tegucigalpa el 30 de abril de 1981. Le sobreviven dos hijos

Tegucigalpa, diciembre de 2025

Comentarios

  1. Velado el primero de mayo le hicimos guardia en nombre de la FEUH con Chepe Sarmientos

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