Cosas del español (75): ABRIR LA CAJA DE PANDORA
La historia de la medusa ha sido analizada de muchas maneras: como víctima, como representación del miedo masculino y como un símbolo de transformación.
La presencia de los mitos clásicos en el arte,
la literatura y el pensamiento ha sido una constante a lo largo de los siglos y
muy especialmente a partir del Renacimiento. No puede resultar sorprendente,
por tanto, el gran número de términos que, introducidos por vía culta, hunden
sus raíces en la mitología clásica: adonis, hercúleo, hermafrodita,
fauna, morfina, narciso, océano, pánico, quimera, sirena o volcán.
De manera intuitiva se relacionan los
tentáculos colgantes de la medusa marina con la temible criatura
de abundante cabellera a la que venció Perseo. Coloquial y despectivamente, se
ha identificado al híbrido cruel de águila y fémina de la mitología griega, la arpía,
con la mujer malvada. A medio camino entre águila y león se encuentra el
fabuloso grifo, guardián de los tesoros en el mundo clásico. Su
figura adornaba las fuentes públicas, en las que el agua surgía de sus fauces
abiertas, de ahí su significado general de ´llave situada en la boca de una
cañería´.
La voz dédalo -nombre del
constructor del mítico laberinto del rey Minos- se lexicalizó para designar una
intrincada sucesión de calles y encrucijadas. Desde que el geógrafo Mercator
publicará en el siglo XVI su colección cartográfica, el gigante Atlas que, en
la portada, soportaba sobre sus hombros el globo terráqueo (aunque el titán
mitológico fuera condenado en realidad a sostener la bóveda celeste y no la
Tierra), dio nombre a cualquier recopilación de mapas.
Quizá resulte más desconocido el mito de
Anfitrión, rey de Tirinto, a quien Zeus suplantó para tener relaciones con su
esposa, argumento abordado por Plauto en una de sus obras y que Moliére llevó a
la escena en el siglo XVIII, contribuyendo así a la introducción del vocablo en
el léxico común cuando uno de sus personajes, el criado, sabedor de la farsa,
proclama que «el auténtico Anfitrión es el Anfitrión que ofrece la cena». Puede
que no todo el mundo sepa, además, que del nombre del sirviente, Sosias,
procede el correspondiente sustantivo común que significa ´persona que tiene parecido
con otra hasta el punto de poder ser confundida con ella´.
El mosaico, actividad artística
que alcanzó un notable desarrollo en el Imperio Romano, no es otra cosa que la
´obra de las musas´. Musēum (´museo´), edificio destinado al
estudio y consagrado a las nueve hijas de Zeus y Mnemósine, es un término
latino que deriva del griego Mouseîon. La relación de las musas
con la música está implícita en la propia etimología de la palabra, que
proviene de mousikē [téchnē] (´[arte] de las
musas).
Podría finalmente consignarse el caso del
elemento químico tántalo, vocablo que procede del nombre del
personaje mitológico, a quien los dioses condenan a permanecer dentro de un
lago padeciendo hambre y sed durante toda la eternidad. Para el hijo de Zeus
era imposible saciar su necesidad con alimentos y agua, a pesar de que,
aparentemente, estaban a su alcance. El elemento químico tántalo, que se
inspira en este mito, es incapaz de absorber el ácido aun estando sumergido en
él.
(Fuente:
Nunca lo hubiera dicho, Taurus, Madrid, Real Academia Española, Asociación de
Academias de la Lengua Española, págs. 188 y 189).

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