Cosas del español (77): LA AMÉRICA SOÑADA

Ciudad de Potosí, Bolivia, donde se encuentra el Cerro del Potosí, la mayor mina del mundo en su época.

La llegada de los españoles a América y el inicio de una relación continuada con el nuevo continente generaron un enriquecimiento lingüístico, gracias a la incorporación al habla común de nuevo términos para designar realidades desconocidas hasta entonces. Fueron creándose, en paralelo, expresiones y frases hechas que pasaron al lenguaje cotidiano para exaltar la imagen de una América idealizada. Metáforas que hablaban de paraísos cargados de riqueza y feracidad, y que alentaron el alma aventurera de viajeros y cronistas durante siglos.

En la poesía del Siglo de Oro ya puede encontrarse el término potosí para designar el valor extraordinario de algo. Hacía referencia a una ciudad fundada a mediados del siglo XVI en el virreinato del Perú, en la actual Bolivia, centro de una región rica en minas de plata. El propio Cervantes alude a esta circunstancia en la segunda parte del Quijote, cuando el hidalgo se dirige a su escudero en estos términos: «el tesoro de Venecia, las minas del Potosí fueran poco para pagarte». Las minas del Potosí, que enseguida fue una de las principales ciudades del Nuevo Mundo, comenzaron, por desgracia, a dar muestras de agotamiento poco mas de ciento cincuenta años después de su hallazgo. Lo que en principio parecía riqueza interminable concluyó a comienzos el siglo XVIII, pero la expresión valer un potosí ya estaba plenamente incorporada al español. En la actualidad, compite con ventaja con valer un Perú, variante de reminiscencias también hispanoamericanas.

La expresión ¡Esto es jauja! Se utiliza para expresar júbilo ante el bienestar y la abundancia. La decimoquinta edición del diccionario académico, de 1925, recogió por vez primera esta acepción de jauja, que definió así: ´Nombre con que se denota todo lo que quiere presentarse como tipo de prosperidad y abundancia´. La ciudad de Jauja fue fundada por Pizarro en 1534, en el corazón del antiguo Imperio inca, antes de hacer de Lima su capital. La bonanza del clima y la fertilidad del territorio convirtieron el lugar en símbolo de riqueza y felicidad, gracias, en gran medida, a la pluma hiperbólica de Lope de Rueda. Al dramaturgo se debe la obra titulada La tierra de Jauja (1547), donde se describe una suerte de paraíso idílico en el que fluyen ríos de leche y miel, y donde hasta «pagan a los hombres por dormir».

Si Potosí y Jauja tienen un referente real, El Dorado es legendario. A esta mítica tierra, situada al parecer en algún lugar del antiguo virreinato de Nueva Granada, se asoció tal abundancia de oro y riquezas que desde mediados del siglo XVI las expediciones se multiplicaron en su busca, aunque concluyeron en fracaso. El topónimo esta parcialmente lexicalizado, de modo que cuando alguien busca El Dorado, busca algo que le va a procurar gran fortuna o riqueza, y tiene a menudo connotaciones de vana ilusión.

Cruzar el charco para hacer las Américas siempre fue una aventura arriesgada. La locución alude a los emigrantes que, en especial desde finales del siglo XIX, embarcaron rumbo al Nuevo Mundo en busca de una vida mejor. Más allá de El Dorado, Jauja y Potosí, las Indias fueron para muchos, tierra de oportunidades. A quienes regresaron enriquecidos a España se les denominó indianos. Las casas que edificaron simbolizaron su buena fortuna. Incorporaron detalles propios del Nuevo Mundo. Ejemplo claro de ello son las palmeras plantadas ante las fachadas, que pueden verse todavía en aquellas regiones en que la emigración a América fue más intensa.

(Fuente: Nunca lo hubiera dicho, Taurus, Madrid, Real Academia Española, Asociación de Academias de la Lengua Española, págs. 193, 194 y 195).

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