Los Nuestros: ÁNGEL MOYA POSAS, PERIODISTA Y PROMOTOR MUTUALISTA

Juan Ramón Martínez

No era un literato. Por eso no aparece en el Diccionario de Literatos Hondureños de José Gonzales. Lo suyo era el periodismo, la sociología, la historia y la economía. Escribió y publico “La muerte de los poquiteros”, (1927) “La Primera Sociedad Ceibeña” (1931) “La esclavitud vino del norte” (1937) “El Estrangulamiento económico de la Ceiba” (1939) “Remembranzas Ceibeñas” (1948) “Historia del Periodismo Ceibeño” (1967)

Además, le preocupo la organización social y la política. Fue animador y organizador de sociedades mutualistas en la Costa Norte, en tiempos en que el sindicalismo era prohibido en forma terminante por las autoridades dictatoriales. Rufino Solís en La Ceiba y Tiburcio Carias Andino en todo el país. Organizó sociedades mutuales en Trujillo, La Ceiba, Tela, Olanchito y Progreso. Compañeros suyos en este esfuerzo fueron sus colegas de la Escuela Normal de Varones y otros amigos del Partido Nacional: Francisco Murillo Soto, Mauricio Ramírez, Rafael Elvir, Jacobo P. Munguía y otros más.

Nació en Olanchito, Yoro el 4 de agosto de 1890. Hijo de Roque J. Posas y Tomasa Moya. Su nombre completo fue Ángel Jacinto Moya Posas. Fueron sus hermanos Horacio, David y Salomón. Ingresó en la Escuela Normal de Varones de Tegucigalpa, graduándose de maestro en 1915, “miembro de la generación de educadores de la última promoción que recibió sus títulos de mano de Pedro Nufio” (Juan Fernando Ávila P.) Nufio falleció en Danlí en 1916. 

Una vez graduado de maestro Ángel Moya Posas regresó a Olanchito, donde fue profesor en la escuela Primaria “Modesto Chacón”. Se trasladó a la Ceiba, “donde se estableció definitivamente junto a su hermano Horacio quien ejercería su profesión de abogado”. La Ceiba era entonces, “el principal puerto de Honduras, gracias a las inversiones extranjeras y porque era una ciudad modelo para el futuro de la nación” Contrajo matrimonio con Margarita Serrano Cálix, originaria de Olancho, con la que procreó a Ricardo, Ondina, Carlos, Leda Argentina y Gustavo.  

El 4 de noviembre de 1926, puso en circulación “El Atlántico” que visitaba a sus lectores los jueves en la ciudad de La Ceiba como un “Semanario de propaganda cultural y comercial, órgano de los intereses generales”. En 1930, “El Atlántico” circulaba dos veces a la semana. Y en 1940, se convirtió en diario, hasta su cierre, por la muerte de su fundador y director Ángel Moya Posas, en 1967. Durante 42 años circuló bajo una misma dirección lo que constituye un hito de continuidad y perseverancia. Pero, además, una indicación de la fortaleza capitalista moderna de los comerciantes y empresarios ceibeños que anunciaban sus productos; y de esta forma, financiaban los periódicos, haciendo de la ciudad norteña, en un gran tramo de su existencia, la que contará con más periódicos en el país, después de Tegucigalpa.

Fue el maestro de Amaya Amador. Lo tuvo de pupilo en su casa y le enseñó, en sus ratos libres, el levantamiento de tipos en su imprenta. Era su lejano pariente. Y en las páginas del “El Atlántico” el joven Ramón Amaya Amador publicó sus primeras notas, ensayos, reportajes y poesías. Amaya -- Amador escribió crónica deportiva; los primeros ensayos sobre sus lecturas literarias, especialmente “Cacao”, donde comenta la novela homónima del novelista brasileño Jorge Amado; y que le sirviera de inspiración y modelo para escribir “Prisión Verde”, así como y algunas poesías. El impacto sobre Amaya Amador de las enseñanzas y ejemplos de Ángel Moya Posas fue tan singular que al regresar a Olanchito, apenas, concluido dos años de secundaria en el Instituto Manuel Bonilla, fundó el semanario “Alerta” en 1943, el que mantuvo en circulación hasta 1947, fecha que viajó a Guatemala para participar en la revolución que se había iniciado en aquel país. Aquí en La Ceiba, Amaya--Amador inició sus primeras lecturas de marxismo de primera mano aportados por marxistas locales. Ángel Moya Posas en cambio fue miembro del Partido Nacional, un seguidor ferviente del general Tiburcio Carías Andino.

En 1961, en compañía de Carlos Urcina Ramos; y en representación del “Bloque de Prensa” de Olanchito, viajé a una reunión con el “Bloque de Prensa” de la Ceiba. Allí tuve el honor y el gusto de saludar y conversar con Amílcar Cruz Garín, director del Diario El Heraldo; y, por supuesto, con Ángel Moya Posas, el paisano de mayor prestigio y distinción de toda la Costa Norte. Nunca antes lo había visto. Tampoco supe en mis días de estudiante que haya viajado a la ciudad cívica. Era un hombre de mediana estatura, piel blanca, pelo negro lizo, con anteojos redondos; y muy bien vestido, con saco y corbata. Zapatos muy bien lustrados y calcetines coloridos. Me pregunto por varias personas conocidas. Indagó sobre su hermano Salomón –el eterno archivero de la municipalidad de Olanchito– y si me gustaba el plátano verde. Puso a prueba mi memoria juvenil; y compartió conmigo nombres y anécdotas de su Olanchito natal. Sobre el plátano le dije que sí. Entonces me dio una “serena” y breve conferencia sobre los valores nutricionales de este producto que sustituye a la tortilla en la Costa Norte y especialmente en Olanchito de mis tiempos. Era obvio el tono bromista del maestro que daba catedra con deliberado sentido del humor. Me dijo muy serio que era tan bueno que “contenía todas las vitaminas: de la A hasta la Z”, terminó riéndose. Era entonces, un hombre sereno, tranquilo y seguro que había hecho lo mejor; que lo único que esperaba era el inevitable juicio de la historia que valoraría las cosas que había hecho en la vida terrenal. Murió el 21 de octubre de 1967 en La Ceiba. Tenía 77 años. Está enterrado en el Cementerio General de la Ceiba, en el Barrio Mejía.

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