Los nuestros: FROYLAN TURCIOS, DIVULGADOR CULTURAL Y REVISTERO MAYOR
Juan Ramón Martínez
No cabe duda que Froylan Turcios es el más popular de los escritores de Honduras del siglo XX. Poeta menor –pero más repetido por su prosa alegre y cercanía de sus sonidos al oído popular– con relación a Juan Ramón Molina el Poeta Mayor. Era más sociable, más educado; y nunca se inclinó por las bebidas alcohólicas u otros nepentes. La bohemia suya y los placeres mundanos con amores furtivos e inconclusos contados con prosa ágil y sonora por el Don Juan Catracho, fueron más literarios que otra cosa. Vestía con suma elegancia: bigote a la usanza, portaba sombrero y usaba bastón de puño marfileño. Nunca se casó. Tampoco tuvo descendencia. Aunque cargaba pistola al cinto, no fue hombre de guerra como Juan Ramón Molina o Augusto C. Coello que siguieron a Manuel Bonilla en las luchas por el poder de un lado para otro, con la imprenta sobre cabalgaduras famélicas editando boletines guerreros y proclamas revolucionarias. Tampoco mató a nadie; ni provocó sufrimiento jamás a ningún mortal. Era un hombre de letras, bueno, puro y natural, como el agua fresca de los ríos venidos de las altas montañas hondureñas.
Froylan Turcios, nació en Juticalpa el 7 de julio de 1875. Hijo de hacendado y “exportador de ganado hacia Cuba”. (José Gonzales (Diccionario de Literatos Hondureños, pág. 208). Fue hijo de Froylan Turcios y de Trinidad Canelas. Su abuelo Gregorio Canelas “era uno de los principales hacendados de Olancho. Dueño de grandes hatos de ganado que vendía en Guatemala, fue jugador, mulato, nieto de esclavos lavadores de oro en las orillas del rio Guayape, en las postrimerías de su vida, político de significación y partidario del general Morazán”. Fue “dueño de los sitios de Chichinalguapa, Hato Viejo, San Francisco y La Trinidad”. (José Sarmiento, Historia de Olancho)
Desde muy joven se estableció en Tegucigalpa. Hizo amistad con Juan Ramón Molina, constituyéndose ambos, “en los mejores ejemplos del modernismo hondureño”. Muy jóvenes, fueron vice ministros en el Gabinete Presidencial con Manuel Bonilla. En 1894 fundó la revista “El Pensamiento”. En 1902 “Revista Nueva”. En 1903, “Arte y Letras”. A “Esfinge”, la fundo en 1905. “Ateneo de Honduras” en 1913. “Ariel” en 1925 en su primera etapa y la segunda en 1937, cuando residía entonces exilado en Costa Rica. Pero además dirigió varios periódicos en Honduras. “El Tiempo” (1904), modelo de diagramación y pulcritud, “El Heraldo” en 1909, “El Nuevo Tiempo” en 1911 y el “Boletín de la Defensa Nacional”, durante la guerra civil de 1924 fundado para protestar por la presencia de soldados estadounidenses que habían desembarcado en Honduras para proteger intereses estadounidenses. Este desembarco fue resentido por el Gobierno de la Dictadura, que dirigía el Consejo de Ministros a la muerte del Presidente Rafael López Gutiérrez. Rómulo E. Durón, Canciller, protesto por la presencia gringa en Honduras. Refiere Oscar Aníbal Puerto que Turcios por las mañanas desde las alturas donde ahora está el Estadio Nacional, hacia disparos falsos con una pistola 32—20 cacha de nácar, pavón blanco, descargada, a los marines gringos que hacían sus ejercicios en la Isla a la orilla del “Rio Grande” de Juan Ramón Molina.
En 1956, conocí en Olanchito a Dolores (Lolita) Turcios Canelas, prima hermana de Froylan Turcios y madre de mi mejor amigo Darío Efraín Turcios, compañero de curso y de ilusiones en el Instituto Francisco J. Mejia. Una vez, junto a Darío, buscando periódicos viejos, encontramos una caja en que la que originalmente llegaban a los comercios clavos de distinto tamaño, dentro de la que había una colección de la revista Ariel, que desde Costa Rica, Froylan Turcios le había mandado a su prima, con el nombre y dirección en Olanchito, escrito en tinta morada en la parte superior. Letra elegante, propia de un poeta y hombre culto. El corresponsal en Olanchito era Mauricio Ramírez. Tuve la tentación de robarme la colección, con la complicidad de Darío; pero por razones que no recuerdo, desistí. Si lo hubiera hecho, las habría salvado, porque una vez que Lolita Turcios se cambió de domicilio, alguien votó las revistas; y, probablemente les prendió fuego.
Guardo el último número de Ariel, que contiene en su interior una nota en la que se informa que “mientras se preparada esta edición, don Froylan Turcios murió, en San José de Costa Rica”. Muerto Turcios, también murió Ariel. Años después, Medardo Mejía la resucito. Pero igual, cuando murió Mejía también murió Ariel. Nadie ha intentado iniciar la “cuarta época” de una de las más bellas revistas literarias y políticas de Honduras.
La obra de Turcios, es enorme y variada. En poesía, su discurso poético tiene olor local, resaltando los paisajes y las bellezas de Honduras. Mediante el diestro manejo del soneto, lo vuelve impecable y fácil para la declamación. El lenguaje, típico de los modernistas, exhibe muchas metáforas, piedras de diferentes colores; y reminiscencias singulares del pasado griego o romano.
Políticamente perteneció al Partido Liberal –en sus primeros años militando en el “manuelismo”— y después con José Ángel Zúñiga Huete, Vicente Mejía Colindres que durante su gobierno lo nombró en el exterior, Encargado de Negocios en Francia y después Cónsul en Roma.
En la década de los veinte del siglo pasado, participó en las luchas anti imperialistas apoyando a Cesar Augusto Sandino, del que era orgullosamente amigo y proclamaba ser su secretario y representante. Posteriormente rompieron relaciones; pero Turcios mantuvo fiel su pluma defendiendo la causa y escribiendo en contra de la invasión de los marinos estadounidenses a Nicaragua.
Murió en San José de Costa Rica en diciembre de 1943. Su cadáver fue repatriado a Honduras y enterrado en el Cementerio General de Tegucigalpa. Sobre su tumba se erige un busto que honra su memoria. Su texto más popular y que resiste los estragos del tiempo, es la “Oración del Hondureño”. Bella. Bien escrita. Profunda y reflexiva. Una verdadera declaración de compromiso con esta “Honduras de fusil y caza”, como la llamo tiempo después Pompeyo del Valle.
Tegucigalpa, 24 de enero de 2026

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