POESÍAS DE MANUEL MOLINA VIJIL (1853-1883)
Este sorprendente poeta romántico, para
algunos el más completo de su generación, “vio la luz del mundo en uno de los
viejos barrios de Tegucigalpa en 1853 y como pertenecía a una familia acomodada
de la ciudad fue favorecido para realizar estudios de medicina en Guatemala.
Graduado con especialidad en cirugía retornó a la ya entonces capital hondureña
prestando sus servicios en la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional
dedicando sus tiempos libres a escribir poemas. Romántico, se apasionó y en una
tarde del 9 de marzo de 1883 su alma perturbada, a pesar de sólo contar con 30
años de edad, lo llevó a tomar la decisión de quitarse la vida con su arma de
fuego colocada en la sien” ([1]).
Fue un poeta que gozó del calor popular ya que sus versos eran muy sentidos y
llegaban a tocar las fibras más íntimas del diapasón del amor en sus lectores y
lectoras; la nota intimista siempre está presente en sus elaborados versos. La
visión trágica y amarga de la vida no le era ajena. En algún momento sus poemas
también tocaron cierto sentir social, en relación al progreso y la modernidad.
Famosos son sus poemas: “Te amo aún”, “Sufro por ella”, “A María”, “Temor”, “El
beso”, y muchos más.
TE AMO AÚN
Hubo un tiempo ¿recuerdas? que a tu mano
estrechaba la mía tiernamente;
hubo un día, es verdad, que allá en tu frente
mi ardiente labio se posaba ufano.
¿Quién me dijera entonces que cercano
estaba el fin de nuestro amor vehemente,
y que a tu corazón indiferente
mi corazón invocaría en vano?
Embriagado en tu rostro, yo creía
eternas tu pasión y mi ventura;
pero al fin de olvidarme llegó el día;
se extinguió de tu amor la llama pura,
y hoy miras impasible mi agonía
y yo adoro en silencio tu hermosura!
EL BESO
Un beso es la expresión más elocuente
De un corazón ajeno a los agravios,
Es la emoción vivísima y ardiente
De dos almas que se unen tiernamente
En el límite estrecho de los labios.
A MI MADRE
Ay! yo distante de mi patrio suelo
Sus auras perfumadas no respiro,
y en la estrecha extensión de mi retiro
Evoco los recuerdos con afán;
Ya no derramo el llanto que me exige
Este país de compasión ajeno,
Mas como gotas de letal veneno
Aquí en mi corazón cayendo van.
Aquí no encuentro un ser que compasivo
Del desgraciado se apellide hermano;
Aquí un alivio se pretende en vano,
Y los consuelos irrisiones son.
¡Injusta sociedad! Visteis mi llanto
Y me arrojasteis la anatema encima;
La carcajada vuestra me lastima
Y me arranca la fe del corazón.
Mas tú, madre infeliz, que por mí lloras
Allá en tu triste soledad oscura,
Tú puedes comprender mi desventura
Y medir la extensión de mi dolor;
Tu recuerdo sagrado presta aliento
A mi ánima doliente y desolada
Para llegar al fin de la jornada,
Donde me aguarda tu infinito amor.
Pero no sufras más... Enjuga el llanto
Que en tus párpados arde noche y día;
No olvides que hay un Dios; en él confía,
Que a tu seno ese Dios me llevará;
Y de nada entonces bastará a arrancarme
De tus amantes brazos ni un momento;
Y si derramo el llanto del contento,
Ese llanto tu mano enjugará.
¿Que fuera sin tu amor del hijo tuyo
En medio del océano de la vida,
Luchando con esa ola embravecida
Que sin razón se Ilama sociedad?
Ay! Sin tu amor, tal vez pasado hubiera
De la senda del bien a la del crimen,
Y cuantos ora a su placer me oprimen
Mañana buscarían mi amistad!
Pero prefiero, abandonado y solo
Y lejos de tu lado, madre mía,
Imitar tu virtud, mi único guía,
Y sentir siempre la conciencia en paz,
A encontrarme rodeado de ventura,
De honores, de placeres... mas sin calma,
Llena de vicios esconder un alma
Tras la risueña, engañadora faz.
Si acaso te ofendí, cuando era niño,
De mi imprevisto error heme contrito;
Joven aún, consejos necesito,
Y de tu amparo y protección también.
¡Bendíceme y perdóname! Soy tu hijo,
Pedazo de tu ser, ídolo tuyo;
Tú has sido mi ambición, eres mi orgullo,
Tú mi esperanza y verdadero bien.
Guatemala: 1873.
EN TIERRA
Vuelvo, mi patria, a tu seno,
Donde de ventura lleno
Pasé mi primera edad;
Ya tus brisas
Mis sonrisas
Bañarán a todas horas,
Y calmarán tus auroras
Mi ansiedad.
Allá en mi amargo aislamiento
Tu recuerdo me dio aliento
Y mitigó mi dolor;
Si algún día
El alma mía
Te olvida, niega o infama,
Un rayo en tu cielo inflama,
Vengador.
1877
ÚLTIMA VEZ
A…
Te llamo. con el título más dulce, ídolo mío,
Y responder no quieres al grito de mi amor;
Está desierta tu alma, tu corazón vacío,
El goce del afecto conviertes en hastío,
Y esquivas mi presencia, burlando mi dolor.
Yo tengo por testigos de los acentos bellos
Que al pie de tu ventana te oyera murmurar,
Del astro de la noche los pálidos destellos,
Un rizo tu mano me dio de tus cabellos
Cuando me amabas mucho, cuando supiste amar.
En vano te pregunto por qué tus dulces ojos
Apartas de los míos, vedándome su luz;
En vano te pregunto por qué tantos en enojos,
Por qué mis flores bellas conviertes en
abrojos
Y vistes mi esperanza de lóbrego capuz.
Tal vez disculpar quieres tu fría indiferencia
Diciendo que engañada creíste en la pasión
Diciendo que del sueño feliz de la inocencia
Mi mano te sacara con bárbara insolencia
Dejando envenenado tu tierno corazón.
¡Oh, no, dulce amor mío! de norma la pureza
Sirvióme en los momentos de exaltación febril;
Y cuando sobre el seno tenía tu cabeza,
Un ángel custodiaba tu cándida belleza,
Cubriendo con sus alas las flores de tu abril.
El Dios que ora consuela mi lánguido abandono
Te dice que te amaba, que te adoraba bien;
Que no soy el primero que tuvo en tu alma un
tono;
Que no soy el primero que sufro y que perdono;
Que ya otro que engañaste te perdonó también.
Tú todo lo olvidaste; yo vivo en mis retiros
Trayendo a mis recuerdos el tiempo que se fue;
El tiempo en que del aura me enviabas en los
giros
Palabras y promesas, sollozos y suspiros
Que siento aún palpitantes, que nunca
olvidaré.
Si en un jardín penetro, y en dulce
arrobamiento
Contemplo el casto broche de la naciente flor,
Oculta entre sus hojas te finge el
pensamiento,
Mezclado en sus aromas la aroma de tu aliento,
Que unidas se desprenden en húmedo vapor.
Te busco, quiero verte...; mas ¡ay! todo es en
vano
Ya sé que para siempre abandonado estoy;
Por eso como un mártir en el dolor ufano,
Y puesta sobre el pecho con inquietud la mano,
Mi tierna despedida con lágrimas te doy...!
¡SUFRO POR ELLA!
¡Estaba tan hermosa! La vi un día
Del río de mi patria en las riberas,
Rivalizando con las flores todas
En perfumes, en gracia y gentileza.
El suave resplandor de su mirada
Eclipsaba el fulgor de las estrellas;
Y caía en sus hombros con descuido,
Revuelta en ondas mil su cabellera.
La oí decir adiós; esa palabra
Siento que aún en mi interior resuena,
Y desde entonces en el alma mía
Quedó su imagen para siempre impresa.
La amo? No sé; del corazón amante
La única fibra que vibrar pudiera
Está por el dolor adormecida,
Y quizá nunca para amar despierta.
No sé lo qué pensar; pero la busco
Con tan profunda fe, con fe tan ciega,
Que la he de hallar en mi fatal camino,
Porque, bien sabe Dios...¡sufro por ella!...
¿Y así quiero callar? ¿Así mi labio
Del corazón los sentimientos niega,
Cuando mis ojos de llorar marchitos
Todo el secreto de mi amor revelan?
¿Qué dije, pues? ¿Qué inerte, adormecido
Estaba el corazón?... ¡Vana creencia!
El fuego santo del amor me abrasa!
¡No la puedo olvidar! ¡Sufro por ella!
Fuente: Gaitán, N. A. Canon Poético Hondureño (inédito).

Comentarios
Publicar un comentario