Contracorriente: ENRIQUE REINA, EL ENCANTO PRESUPUESTARIO
Juan Ramón Martínez
En los últimos 19 años Enrique Reina ha estado
vinculado con el presupuesto nacional. Durante la administración liberal de
Manuel Zelaya fue Canciller. Y en la crisis provocada por la obstinación de Mel
por efectuar con consulta que un Juez de Letras juzgó ilegal, fue delegado de
Zelaya en las inútiles negociaciones en la Embajada de Estados Unidos en
Tegucigalpa. Aquí se buscó solución al problema.
Después del 28 de junio de 2009 no acompañó a
Mel. Busco en forma discreta acomodo en la OEA que le nombró representante en
Bolivia. Allí se mantuvo hasta 2021. Regresó al país y se integró en el
gabinete de Xiomara como Ministro de Relaciones Exteriores. Aquí empezó a
desdoblarse de diplomático en político. Abandonando la prudencia y la
discreción para convertirse en activista partidario. Se implicó en polémicas
repetidas. Sus declaraciones cada día fueron más conflictivas. Y se peleó con
medio mundo. Este cambio de diplomático a activista le valió para ser escogido
como candidato a Designado Presidencial. Fue el más conocido de la fórmula
refundacional derrotada el 30-N.
Después del 30 de noviembre en que el PLR fue
rechazado por el 81% del electorado, Enrique Reina se quedó desempleado. Fuera
del presupuesto nacional. En forma poco ética e irregular fue nombrado en la
última semana del mandato por Xiomara como Presidente del FOSEDE, órgano de
protección de los ahorrantes en caso que los bancos donde los tengan
experimenten dificultades. La AHIBA rechazó el nombramiento. Y la mayoría de la
opinión pública concluyó que era un acto de cinismo; y de aprovechamiento del
poder con fines particulares. Reina se ha llamado al silencio. Ha vuelto
a la discreción diplomática con el fin de evitar el rechazo general. No sabemos
si está al frente del cargo o no.
Su obsesión por el presupuesto no es cosa
nueva. Ni extraña. Hay muchas familias que exhiben iguales aficiones. La
diferencia es que ninguno de los casos anteriores es el de un activista
político, con mala reputación por su desempeño, como es el caso de Enrique
Reina.
Recuerda más bien a Cesar Garizurieta
Ehrenzweig ex embajador en Tegucigalpa. Apodado “El Tlacuache”, estuvo
acreditado por México, mientras Honduras era dirigida por el presidente liberal
Ramón Villeda Morales. Era un hombre simpático, amigo de tertulias y con
algunas públicas aficiones etílicas en las que los más conocedores
identificaban daños irreparables que en algunos momentos le deparaban
discusiones alteradas y conflictos verbales con sus contertulios. En una
oportunidad mientras Villeda Morales estaba en la recepción, discutió con el
gobernante y en un momento en que Garizurieta no controló sus nervios, le
arrojó el contenido de su vaso al Presidente de la República provocando un
escándalo mayúsculo. La guardia del gobernante y los amigos, lo tomaron por la
fuerza –porque el embajador de México estaba fuera de control– y le sacaron de
la recepción. Con la mayor discreción los gobiernos de México y Honduras, se
pusieron de acuerdo; y el embajador Garizurieta salió del país donde nunca jamás
volvió.
No era un cualquiera. Era hombre muy leído. Su frase más popular –con la que
justificaba su larga carrera diplomática al servicio de México- era “vivir
fuera del presupuesto es un error. En el error no se puede vivir. Mejor
es morir”. La frase, cínica pero exacta y de acuerdo con la visión
patrimonial del poder entre las elites latinoamericanas, era muy celebrada. Tan
así que siempre, muchos años después se le recuerda en las tertulias y se le
asocia con quien la popularizó: el ex embajador de México en Tegucigalpa.
Porque además Garizurieta fue consecuente con
su expresión. Una vez que declinó su estrella y sus amigos se cansaron de
sus excesos y amarguras le negaron el respaldo. Fue despedido de la Cancillería
de México. Abatido entró en una depresión que lo llevo al suicidio.
Honró su expresión que fuera del presupuesto era mejor morir. Suicidándose.
Enrique Reina, se parece mucho con el ex
embajador mejicano. Tiene una fuerte inclinación para vivir dentro del
presupuesto. Ignoramos si sigue a estas horas usando la casa que el
gobierno de Honduras tiene en Washington, donde ha residido su esposa y él
cuándo visita Estados Unidos. En lo que no se parecen es en la forma de
confirmar esa afición presupuestaria. Reina afortunadamente no se ha suicidado.
Gracias a Dios. El P.L.R. seguirá contando con sus habilidades para futuras
derrotas electorales.
Como cristianos no le recomendamos el suicido. Más bien le aconsejamos que por
honor renuncie. Antes que lo corran.

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