Contracorriente: HAY QUE SOMETERLOS A JUICIO POLÍTICO

Juan Ramón Martínez 

La “opinión” de Luis Redondo sobre la reunión de Asfura con Trump en su residencia de Florida indica que el cambio de régimen no anuló ni canceló el programa autoritario que dirigido por Mel abandera el PLR. No podía ser de otra manera. Mel, Redondo, Hernández y Johel Zelaya, no son demócratas. No aceptan la superioridad del voto popular. Creen que siempre tienen la razón. Que el rechazo popular fue inducido desde el exterior, por malas personas que les odian y que están en desacuerdo con sus intenciones patrióticas. Ellos son los buenos. Los otros los malos. Tienen entonces una idea irregular del pecado y de los pecadores. Los malos son los otros. Ellos los buenos y magníficos. No aceptan la idea de San Agustín que el mal esta dentro de cada uno. Y que tenemos que luchar para encaminarnos por la ruta del bien.

Creímos que los perdedores se encaminarían al desierto. Y que en la soledad reflexionarían sobre el mal hecho. La razón por la que el pueblo no los acompaño. Buscando la causa por la que el discurso revolucionario no encontró eco. Y nos equivocamos. Mel y sus amigos no son “revolucionarios”. Incluso los que se llaman marxistas – probablemente sin serlo y solo en procura de prestigio intelectual que esta afiliación tenía en el pasado – no son tales. Carecen de capacidad para el análisis objetivo de la realidad, la crítica de la misma y la voluntad para transformarla y hacerla avanzar. Estos elementales conceptos dialecticos no pueden ser aceptados por quienes -por deformaciones mentales- creen que siempre tienen la razón. Y que sus visiones de la realidad son únicas. Porque esta solo tiene un acceso, una ruta de ingreso y ellos tienen la llave. Desde afuera parecen mentirosos. Otros son tontos eternos. Y no pocos incluso mentalmente enfermos.

Compatriotas con más sentido práctico —mucho de los cuales participaron en la redacción de la Constitución de 1982— establecieron el juicio político. Por razones domésticas como pedagógicas. En lo simple, había que llamar la atención de quien había hecho mal he invertido el interés público para volverlo juguete de sus pasiones infantiles, que debían recibir el castigo pertinente. Pero en lo formativo, era necesario que los ciudadanos entendamos que vivimos en una sociedad en la que priva la metodología de premios y castigos. Que los que hacen bien reciben regalos y reconocimientos. Y los se portan mal, son objeto de castigos. Desde el rechazo en las urnas, la investigación por los tribunales, las sanciones de los jueces hasta las penas máximas. Para al final llegar al juicio político. Un ejercicio magisterial para que la ciudadanía entienda que hay valores y conceptos que nadie puede traspasar, sin que reciba el castigo pertinente.

Urgen el juicio político para Mel Zelaya, Luis Redondo, Roosevelt Hernández y Johel Zelaya. Si no se les sigue el procedimiento se enviará un mensaje en favor de la impunidad confirmándose que somos una sociedad que, carece de capacidad de enmendarse a sí misma.

Transmitiremos a los que han escogido la vía irregular del mal, que aquí se puede actuar en contra de todo; y no pasa nada. La delincuencia común conoce esta impunidad e incompetencia de los órganos policiales para ser castigados. Por ello, en vez de disminuir el delito aumenta en forma irremediable. Se asesinan mujeres, se matan jóvenes, se embosca profesionales del derecho; y se asaltan propiedades ajenas, sin que la autoridad --además de acordonar con cintas amarillas--, muestre la capacidad además de excusarse que siguen líneas investigativas, anunciando que pronto identificaran los culpables. Y al final nada. Aquí más del 90% de los delitos, no tienen culpable identificado.

A los políticos les indicaremos que pueden hacer todo lo que quieran porque nosotros además de tontos, tenemos mala memoria, no creemos en la rectificación y que ignoramos los valores morales que significan los castigos y los premios para tener en el interior de la sociedad comportamientos que apunten hacia la ordenada y respetuosa convivencia civilizada.

Mel, Redondo, Hernández y Zelaya, deben ser objeto del juicio político por el Congreso Nacional. Si no se hace, será señal que en el Congreso no tenemos legisladores comprometidos con la rectificación y el mejoramiento de la vida cívica. Sino que hemos elegidos a un grupo de cobardes que no tienen voluntad de sacrificio y valor cívico para hacer una Honduras mejor castigando ejemplarmente a los que les hacen mal a los hondureños y llenan de vergüenza a las instituciones republicanas.

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