Contracorriente: HONDURAS, ¿PARA DONDE VAMOS?

Juan Ramón Martínez

Es inevitable para un analista político hacerse preguntas. Debemos tomar el pulso de las cosas y reaccionar, dando opiniones sobre “la salud” del país. Como hacen los médicos frente a la ansiedad de los parientes, decir si el enfermo mejora. O no. No pasó por alto que no hemos cumplido ni siquiera un mes del nuevo régimen. Pero la evaluación de un gobierno empieza el mismo día que toma posesión. Especialmente en una situación que, --aunque algunos se auto menosprecian-- pasamos de un régimen autoritario hacia otro que sin mayores pruebas; pero por necesidad queremos que sea diferente. La tarea no es fácil. Tanto por el corto tiempo transcurrido como por razones culturales.

Los hondureños cuando asumen cargos tienden a aislarse. Creen que el poder debe ser distante para confirmar su superioridad. O evitar a los que pidan empleo. El Alcalde de Cabañas, La Paz, Rene Melgar una vez asumió el cargo cambió de teléfono. Ahora lo tiene una persona que propone cambio de dólares para “inocentes”. Otros se llaman al silencio y no quieren saber nada de nadie. De repente temen que podamos opinar sobre sus planes; o criticar su estilo. Incluso poner en evidencia los arreglos de sus oficinas.

En Honduras, contrario a otros países los funcionarios no usan las relaciones con los informadores y analistas como medio para saber cómo valora la población su gestión. O para filtrar información y anticipar la reacción de la opinión pública al enterarse de las mismas. O para poner en evidencia al jefe. Estados Unidos es un ejemplo en que la filtración de noticias, constituye una fuente en la que la opinión pública se entera radiográficamente del estado interno de las relaciones entre las diferentes unidades del gobierno. Saber para dónde va la administración.

Aquí es más difícil. Intente conocer información en varios ministerios. Y fue muy complicado. El martes pasado fui al Congreso. Un diputado amigo me facilitó el ingreso, en un horario complicado porque casi coincidía con mis tareas en Canal 10. Apuradamente llegué e ingresé sin dificultades. Me habían pedido el nombre y el número de identidad. Al llegar los guardias me la pidieron y con un aparato electrónico constataron que no portaba arma bajo el saco. Hice bromas sobre cuántos diputados andan armados. Pedí que me llevaran a la oficina del directivo del Congreso, porque era primera vez; y no conocía. Fueron muy amables. En el pasillo, un joven diputado con su escudo de oro en la solapa, era atendido por un lustrador de zapatos. Lo saludé y me dijo que era congresista por Choluteca. No quise pedirle el nombre y él tampoco se interesó por conocer el mío. Al joven obrero le pregunté cuánto cobraba porque me echó una ojeada a mis zapatos. 50 lempiras me dijo. No había mucha gente en los pasillos. Cosa que me extrañó.

Con el diputado amigo hablamos sobre el juicio político. Dijo que no tenía información. Le interrogue sobre la reforma del reglamento interno y me confió que eso era cosa del Presidente Zambrano. Usted sabe me dijo que, cuando están abajo hablan de reformas; pero arriban mejor no hacen nada, porque les resulta más fácil. Entendí su natural sabiduría. Y su conocimiento de la mentalidad de los “reformadores” hondureños.

Le referí el problema del tráfico de las ciudades y de la capital específicamente. Me dijo que había un millón de vehículos y que la ciudad solo tenía capacidad para estacionar una cuarta parte. Hablamos del “retiro” del parque vehicular, que en otras ciudades se hace en función de antigüedad del vehículo, porque entre más viejo más consume combustible. Y contamina el medio ambiente agrego. Le pedí teléfonos de informantes y su intervención para acceder a Zambrano. No lo vi entusiasmado. La petición era innecesaria. Puedo hacerlo directamente.

Seguí la sesión. Algunos abusan de ignorancia y mediocridad. Hay más orden que con Redondo. Casaña, sigue disfrazado de comandante revolucionario. Pero participan más los diputados. Zambrano es más democrático. Concede el uso de la palabra. Pero sigue el bajo nivel educativo. Poco conocimiento de la ley. Pobreza en el manejo de la ironía. Se impone la brusquedad y la ofensa. Cálix, muestra liderazgo. Noté temor en los diputados del PLR sobre el juicio político. Saben que han hecho mal las cosas. No hay claridad sobre la agenda legislativa. No sé si existe. Debe ser “in pectore”. En manos de Zambrano. Por lo que vi, no puedo decir que vamos hacia alguna parte. De repente es muy temprano.

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