Cosas del español (79): POLÍTICA Y POLÍTICOS

Grecia, la civilización que inventó la democracia

El término política procede -a través del latín- del griego politikē [téchnē], que alude a todo lo que se refiere a la polis, la ciudad-Estado de la antigua Grecia. El primer diccionario académico define el término como ´gobierno de la República´, la respublĭca de los latinos, ´la cosa pública por antonomasia´, es decir, el Estado. La democracia, el gobierno del pueblo, fue creación de los griegos, que consideraron la dimensión política esencial en el ser humano -como zôom politikón, ´animal político´, según Aristóteles-, actividad que, partiendo de los principios de la justicia y la ética -lo que remite a Platón-, ha de organizar Estados basados en la primicia del bien común sobre los intereses particulares.

Muchos de los términos relacionados con la política se han ido cargando de connotaciones negativas. Si nos atenemos al diccionario académico, este ha sido el caso de una voz como populismo, que, en fecha tan tardía como 1989, fue recogida así: ´Doctrina política que pretende defender los intereses y aspiraciones del pueblo´. El diccionario actual registra una acepción de carácter negativo: ´Tendencia política que pretende atraerse a las clases populares´. Algo similar sucedió en la Grecia clásica con una palabra como dēmagōgía (literalmente, ´arte de conducir al pueblo´), que se relacionaba con la persuasión y la elocuencia oratoria, pero que no tardó en cargarse de connotaciones negativas. Aristóteles tacha ya de «adulador» al demagogo.

Otro término peyorativo relacionado es clientelismo, ´practica política de obtención y mantenimiento del poder asegurándose fidelidades a cambio de favores y servicios´. El concepto tiene su origen en el vínculo jurídico del patronato de la antigua Roma. A cambio de los alimentos, el dinero o la defensa que el patrón proporcionaba a sus clientes (voz que deriva del latín cliens, -entis), estos se encargaban de su seguridad y se convertían en sostén de sus aspiraciones electorales y políticas. Al mismo tiempo, entre los romanos, quienes aspiraban a algún cargo público vestían la toga candida (´toga blanca´), en alusión a la pureza y honestidad. De esta tradición procede la palabra latina candidātus (propiamente ´blanqueado, vestido de blanco´), étimo de la española. Tiene su origen en el adjetivo candĭdus (´blanco brillante´), diferente del albus (´blanco mate´), que en español habría dado cándido, ´ingenuo, sin malicia ni doblez´.

(Fuente: Nunca lo hubiera dicho, Taurus, Madrid, Real Academia Española, Asociación de Academias de la Lengua Española, págs. 199 y 200).

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