Mirador: OTRA FORMA DE BUSCAR EL DESARROLLO
Juan Ramón Martínez
La pobreza es fruto de la incompetencia de los
hondureños. Echarles la culpa a los españoles, a la religión católica, al
imperialismo, al banano; o a las remesas, es una estupidez. Los resultados
económicos, crecimiento desordenado de las ciudades, el gigantismo burocrático
y el menosprecio de la iniciativa particular, embobados en una falsa
superioridad de los gobiernos para darnos un mejor nivel de vida, es un error
que debemos erradicar de la mente colectiva. Hay que reconocer que hemos hecho
las cosas mal. Que no hemos trabajado lo suficiente; y que los administradores
escogidos – por error selectivo o por falta de vigilancia – son responsables
que 7 de cada 10 hondureños vivan en la pobreza y la miseria.
Esta es la hora de rectificar. El momento de
construir un nuevo relato del futuro nacional. De construir una mejor visión de
nosotros mismos; y creer que en el futuro tenemos oportunidades de acuerdo a
los esfuerzos realizados. Hay que dejar de pensar que el gobierno es el
constructor del bienestar; o que los políticos son los dueños de nuestra
voluntad. Debemos aceptar que nadie hará por nosotros lo que cada uno debe
hacer buscando resultados en la vida personal y pública.
Tenemos recursos naturales suficientes. Una
población que –mejorada– puede ser la clave del desarrollo. Tenemos
en el pasado, acumuladas experiencias de lo que nos resultó exitoso. La
minería, la ganadería, el banano, madera y el café nos dieron resultados.
También la palma africana, las frutas y las flores. Opción inexplorada: energía
eléctrica. Tuvimos una red ferrocarrilera efectiva. Contamos con dos accesos
marítimos y mercados cercanos. Con compradores de alta capacidad monetaria.
En consecuencia, debemos determinar qué es lo
que queremos lograr. En cuanto tiempo y cuáles son las tareas que hay que
cumplir para lograr el objetivo de hacer grande a Honduras. Por una sencilla
razón: nunca jamás lo ha sido.
Los hondureños debemos creer en nosotros
mismos. El sistema educativo y cultural debe prepararnos para mejorar el
carácter, aumentar nuestra fuerza para la lucha y el trabajo; y mejorar la
habilidad para descubrir dónde están las oportunidades, las rutas adecuadas; y
los aliados que hay que buscar. Evitando las malas compañías como nos enseñaban
nuestras madres cada mañana cuando nos enviaban a la escuela.
Hay que entender que somos parte del mundo. Que
hay oportunidades y celadas, trampas y peligros. Que debemos aliarnos con los
más amistosos; evitando a los que han mostrado que quieren aprovecharse de
nosotros, y quieren volvernos sus sirvientes.
El desorden mundial que estamos viviendo, con
el irrespeto de las reglas democráticas que se originaron al final de la II
Guerra Mundial, es fruto de su abandono. Que China, Estados Unidos, Rusia y la
UE se disputan el mundo. Que nosotros no debemos –como sociedad y como gobierno
en representación colectiva– colocar los huevos en una sola canasta, pensando
que los liderazgos y las posturas que se manejan ahora, seguirán inamovibles.
Lo ocurrido con Trump es una singularidad; no
una normalidad. Y como tal, hay que esperar que a más tardar en noviembre de
este año, la correlación de fuerzas políticas en Estados Unidos se modifique. Y
entonces, si hemos optado y nos equivocamos, recibiremos más daños que nunca
antes.
Debemos apuntar en términos productivos a
asegurar la alimentación de nuestro pueblo. Volviéndonos autosuficientes Seguir
haciendo lo que sabemos: cultivar banano, extraer minerales, producir
alimentos, participar en maquilas tecnológicas y buscar el ingreso a los
mercados. Y para ello, hay que vigilar y orientar al gobierno. Al que el 27- de
enero no le daremos un cheque en blanco, sino que tareas concretas cuyos
resultados evaluaremos.
La Prensa, San Pedro Sula, 16 de enero de 2025.

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