APROXIMACIONES A LA VIDA Y OBRA LITERARIA DE ANTONIO OCHOA-ALCÁNTARA

La Tribuna Cultural

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Dagoberto Espinoza Murra

Escritor y periodista Antonio Ochoa-Alcántara

En el hogar de Ángel Alcántara, natural de la ciudad de Danlí, y Pascuala Genoveva Ochoa, dama capitalina proveniente de la aldea de Suyapa, nació Antonio Ochoa-Alcántara el 3 de abril de 1893. Figuró en la ceremonia bautismal como padrino suyo el abogado y político liberal Policarpo Bonilla. Por el tronco paterno tuvo como hermanos a Teodoro, Ángel, Julio, Crisanto, Lilian y Dolores, madre esta última del laureado escultor Mario Zamora Alcántara, (en la foto), quien residió muchos años en la ciudad de México y donde falleció en el mes de abril de 2017.

De sus estudios de secundaria, el propio Antonio refiere: "Era yo un niño que ya sentía la inquietud de andar, y dejé mis patrios lares en busca de nuevos horizontes para mi espíritu. En mi camino, allá en Nicaragua, la bella tierra de los lagos, encontré al maestro José León Castillo. Bajo su dirección cursé mis primeros años de bachillerato. Él me devolvió al hogar paterno, porque entendía que yo no tenía edad para la aventura y la lucha fuera del hogar". En Tegucigalpa prosiguió su aprendizaje en el recordado Colegio El Porvenir, luego de lo cual ejerció por un buen tiempo el hoy casi desaparecido oficio de tipógrafo.

Con un dejo de nostalgia e inocultable orgullo, evoca las raíces ibéricas de su apellido Alcántara:

Con emoción que apenas recuerdo todavía, mi pálida abuelita: --Hijo mío -decía- llevas sangre de España. Fueron tus genitores de la ilustre prosapia de los conquistadores que a las huestes morunas infundieron espanto...

Este nexo ancestral representó no sólo un factor importante en su formación periodística y literaria, sino en la cultura diplomática de la que se ufanaba.

De su vida matrimonial

En el recinto sentimental de Ochoa-Alcántara campearon, de manera incidental, tres atractivas Evas centroamericanas.

En El Salvador, su primer y posiblemente su más grande amor fue una hermosa joven -de ojos color de cielo-, Emma Contreras. De la unión matrimonial vino al mundo Antonio, nacimiento que infortunadamente produjo en el parto el fallecimiento de la madre. Aquella dolorosa circunstancia dio lugar a que el recién nacido pasará a poder de una hermana de Emma, tal y como había acaecido, tiempo atrás, con el hijo de Rubén Darío y Rafaela Contreras, criado también por una hermana -al morir prematuramente la célebre hija de nuestro máximo orador Álvaro Contreras-.

Antonio, el retoño mayor del poeta, participó como soldado en la segunda gran conflagración mundial; tuvo su residencia en los Estados Unidos, país en el que falleció hace algún tiempo.

Posteriormente, el poeta Ochoa - Alcántara desposó, en Guatemala, a la joven Ana Ruiz, efímera y problemática vinculación matrimonial de la que advino Ana María Alcántara Ruiz, difunta hará cuatro años, y a la que su padre evoca cuando niña con este sencillo cuarteto: 

Nada podrá el nido para que mi ternura te ampare, y estarás siempre en mi vida como una estela inmortal y bendecida, como un fanal de luz, eterna y pura. 

En 1934 El Cronista informó a sus lectores del matrimonio Ochoa-Alcántara-Matamoros

El sábado 21 de julio de 1934 y en una ceremonia que concitó la atención del entramado político y social capitalino, se casó con la señorita Tomasa Margarita Matamoros Lanza. Civil y religiosa fue destacada por los medios noticiosos del país. De manera especial, el diario El Cronista destacó con amplitud las fotografías de los contrayentes.

Un selecto círculo de invitados, en particular de conocidas figuras del régimen gubernativo del Gral. Tiburcio Carías Andino, colmó los asientos de la catedral metropolitana, en la que se efectuó el enlace religioso.

De este tercer himeneo devino una numerosa cosecha filial, constituida por Ángel Humberto (piloto de aviación), Rosalinda Margarita, Ricardo Salvador (médico -ginecobstetra), Froylán Antonio (abogado) y Marcos Policarpo (ingeniero). De Ángel Humberto cantó su progenitor:

Eres tan pequeñito, tan débil y tan frágil, que te pierdes en los cuencos de mis manos; pero en mi enorme emoción se me figura que de mis manos está brotando un mundo.

La familia residió por largos años en el céntrico barrio San Rafael hasta el fallecimiento de la pareja: Don Antonio en 1968 y doña Margo 1991.

Andadura periodística

Similar al ejercicio del periodismo escrito desplegado en Centroamérica por figuras del talante de Juan Ramón Molina, Augusto C. Coello, Julián López Pineda, Paulino Valladares, Alfonso Guillén Zelaya y Medardo Mejía, Ochoa Alcántara hizo de la prensa el medio de expresión por excelencia, con énfasis en su patria y el Partido Nacional, agrupación política en la que militó.

He aquí, en apretada síntesis, su labor periodística, de la que como se sabe, concluyó el 2 de octubre de 1963 -en el diario El Nacional- un día antes de que la marea verde olivo tirara por la borda al progresista mandatario de la Segunda República, Dr. José Ramón Villeda Morales.

Director de los diarios: "La Voz de Occidente", en Santa Rosa de Copán, 1919; "La Nación", Tegucigalpa, 1928; "Diario de Honduras", 1929; "Diario de El Salvador", 1932; "El Norte", San Pedro Sula, 1936-1937; "Honduras Nueva", 1945-1948; "La Época", Tegucigalpa, 1957; "El Nacional", Tegucigalpa, 1961-1963.

Redactor de las publicaciones: Mesa (ahora Prensa Gráfica), El Salvador, 1919-1920; "Diario de Edor", 1920-1925; "Diario de Guatemala", 1925-1927; "El Mundo", Guatemala, 1925.

Dirigió la revista "Ateneo de El Salvador", en 1923, y publicó colaboraciones esporádicas en el magazín francés "Mundo Latino".

Participó como delegado de la prensa hondureña en Madrid, en 1930; Costa Rica, 1937; Estados Unidos, 1943; Colombia, 1946; El Salvador, 1957, y como Académico, en México, 1951 y en Colombia en 1960.

Títulos honoríficos

Fue miembro del Ateneo de Honduras, de El Salvador, de la Sociedad Bolivariana de Nueva York, de la Sociedad Bolivariana del Atlántico de Barranquilla, Colombia y del grupo de intelectuales y artistas "México en el Arte y la Cultura"; fundador y presidente de la "Sociedad Hondureña de Acción Bolivariana", presidente honorario del "Comité Argentino de Cultura Panamericana", socio fundador de la Biblioteca "América", de Quito, Ecuador, y "Ciudadano honorable" de Colombia.

Dos de las condecoraciones dispensadas a su persona en Estados Unidos y Ecuador, fueron: Medalla de oro, por la Liga Internacional Bolivariana, y Medalla al Mérito, Grado Oficial, respectivamente.

Don Antonio mantuvo estrechas relaciones con escritores y periodistas del país, aquí entre ellos: Jorge Fidel Durón, Oscar A. Flores y Virgilio Zelaya Rubí.

Funciones públicas y diplomáticas

Por un lapso aproximado de veinte años, el poeta Ochoa-Alcántara ocupó algunos cargos de orden cultural, administrativo y diplomático, de los cuales se cuentan los que aparecen en el Boletín de la Academia Hondureña N° 2, que corresponde al mes de marzo de 1956.

Ministro, Agente Confidencial y Cónsul General de Honduras en El Salvador, 1933. Director de la Biblioteca y Archivos Nacionales del país 1933- 1935. Secretario de la Misión Diplomática en Misión Especial en Costa Rica, 1948. Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Misión Especial en Nicaragua, 1947. Gobernador Político del Departamento de Francisco Morazán, 1938-1946. Primer Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario acreditado en Caracas, Venezuela 1952-1955. Antes y por poco tiempo, desempeñó similares funciones en Panamá y Costa Rica.

Obras literarias

Gemas, en prosa literaria, sobre temas filosóficos, editada en la Imprenta Latina, Guatemala, en 1926, reeditada en 1927 y una tercera impresión en los Talleres Tipográficos Nacionales, de Tegucigalpa, en 1934. En nota remitida desde Barcelona, Juan B. Turull señala que el libro "es un raudal poético en prosa, pero poesía toda verdad; una multitud de trozos filosóficos que encantan y fascinan; un manantial de máximas y consejos para la vida; una serie de conceptos bellos, no llenos de inquietud sino de seguridad".

Cerebros del mundo, 1942, con prólogo del escritor costarricense Moisés Vincenzi; contiene algunas entrevistas y apreciaciones alrededor de personajes que, de conformidad con el título del libro, desarrollaron con facilidad y perfección actividades relacionadas con la cultura, la ciencia, la técnica y la política.

Bajo este concepto figurativo, destacan, entre otros, los nombres y esbozos del rey Alfonso XIII, del periodista Román Mayorga-Rivas, la bailarina Tórtola Valencia, la declamadora argentina Berta Singerman, los escritores Jacinto Benavente, Vicente Blasco Ibáñez, los poetas Rubén Darío y Juan Ramón Molina, el músico Giacomo Puccini, el aviador español Ramón Franco y el presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt.

Vale la pena detenerse unos instantes en la entrevista que el joven Ochoa-Alcántara, laborando para un periódico de San Salvador, le hiciera al escritor Jacinto Benavente, premio Nobel de Literatura. Después de una amena introducción en que se pone de manifiesto su habilidad periodística, leemos:  

--Tengo encargo del Ateneo de El Salvador, de ofrecerle una recepción pública en el Paraninfo de la Universidad Nacional.  

--Encantado, amigo. Ya veremos. Hay tiempo para todo.

--En este caso no, don Jacinto. Yo le pido que se decida ahora; y nos restará solamente designar el día, el más apropiado, para recibirle con la solemnidad del caso. Tenemos que empezar los preparativos, para que el acto resulte brillante.

Y, mirándome fijamente con sus ojos ratoniles, me dice:

--Preparativos ¿de qué? Hagan una cosa sencilla; una reunión de amigos, en confianza; y desde luego acepto el agasajo, si quieren el domingo próximo...

--Preparativos de discursos--le interrumpo y otros detalles para que la cosa resulte lúcida.

Con la fina ironía que caracteriza al gran dramaturgo, me dice: 

--Hombre, ¿no podríamos omitir los discursos?

Y yo, llenándome la boca de risa:

--Sin discursos, don Jacinto, aquí no hay fiesta. Y ese será el festejo para usted: música y discursos; y luego la entrega de un diploma y una medalla, a usted, con ceremonial de discursos y más música.

--¡Padre nuestro, que estás en los cielos! Hágase tu voluntad.

Lo que sigue de la entrevista es algo que nuestros hombres públicos deberían leer con mucho detenimiento...

La nueva Honduras. Tipografía Nacional, 1934, plena de atinadas reflexiones en lo concerniente a la vida económica y social del país. Tres comentarios ponen de relieve la importancia de este ensayo:

"El Instituto Hispano Americano de relaciones culturales se identifica con la fiel expresión que refleja Antonio Ochoa Alcántara en su obra "La Nueva Honduras", porque el Instituto es ferviente defensor de la independencia económica de los pueblos hispanoamericanos; y el problema que plantea su autor es el problema que comprende a todos estos antes pueblos de naciente nacionalidad (sic) que necesitan la definitiva afirmación de su vida próspera al amparo de la paz y de un recíproco apoyo, para fomentar su existencia económica". Revista La Fraternidad, Madrid.

"La Nueva Honduras". El autor señala razones causantes de un estado desfavorable en la vida política y económica de la nación hondureña. Anota con énfasis las posibilidades de mejoramiento del país por medio de un desarrollo sistemático de las riquezas naturales, de las cuales hay en abundancia. Entiende que para lograr tal fin sería preciso que todos, tanto nativos como extranjeros, contribuyan a la obra tan necesaria, exigida para el progreso de la nación. Por supuesto, la finalidad es no solicitar ni admitir una inmigración que no entendiese o que no sintiese el verdadero problema que el pueblo hondureño se propone solucionar por medio del trabajo y de la paz. Ibero-Amerikanisches. Berlín.

"Su estudio sobre las diferentes fases de la economía nacional de Honduras, tratadas hábilmente en un plan científico, metódico y nacional, es el más bello y sólido ensayo económico-social que he leído en América Central". David Saavedra.

Otros trabajos publicados por Ochoa-Alcántara llevan los títulos "La fragua de la victoria", Crónicas, 1945 y "Comentarios políticos", en dos series, 1947 y 1948. Anunció como obras "para publicarse": "Estampas de España", "Gobernantes de Honduras", "Espejismos del camino" y "Discursos y conferencias". 

Notas sobre el poemario "Ánforas"

Antes de proceder a la formulación de mi criterio personal, sobre todo como lector, acerca del poemario "Ánforas" de Antonio Ochoa-Alcántara, transcribo algunas de las apreciaciones de críticos y escritores nacionales y extranjeros, que se han publicado alrededor de esta obra.

En misiva fechada el 9 de julio de 1942, Luis Andrés Zúñiga puntualiza: "Tus versos son tu juventud apasionada, por lo que derraman fragancia de primavera; pero lo que más seduce en ellos es su deliciosa estructura clásica, su forma vigorosa y suave y de una claridad resplandeciente. Los has hecho con primor para que duren, porque has comprendido que el arte está en la forma, y que lo clásico, es decir, lo humanamente perfecto, es lo único que tiene derecho a la eternidad".

Para la escritora Helen Umaña, "las composiciones que aparecen en "Ánforas", son de inspiración predominantemente postmodernista". En las mismas confluyen -dice la citada autora- "el desmoronamiento de las ilusiones, la certeza de la muerte, el espíritu atemperando la angustia; versos de íntimo escarbar en el dolor, aunque sin renunciar a la elegancia expresiva".

Por su parte, el escritor guatemalteco Rafael Arévalo Martínez, establece que "al tener entre las manos la bella y doliente obra de Antonio Ochoa Alcántara", viene a la memoria ineludiblemente el nombre del poeta mexicano Amado Nervo. Alusión que tiene un doble sentido, pues como se recordará Nervo también sufrió la pérdida de la que fue el amor de su vida, Ana Cecilia Luisa Dailliez, a quien dedicó algunos de sus versos más apasionados, y a la que en uno de sus libros llamó la "Amada inmóvil". Recordándola, Amado Nervo escribió estos hermosos y conocidos versos:

Todo en ella encantaba, todo en ella atraía:

su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar;

el ingenio de Francia de su boca fluía...

Era llena de gracia, como el Ave María.

¡Quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!

Otro autor, el yucateco Juan Aragón Osorio, admira en Ánforas, las "rimas que brotan de lo más profundo del alma con la fluidez de un remanso y la virtud de la naturalidad, y el mérito de la espontánea inspiración, sin rebuscamientos ni posturas de estilista, ni estridentismos de la época".

Por mi parte, al expresar una valoración personal, lo hago partiendo de las palabras del poeta Ochoa-Alcántara en la nota introductoria "al lector", en la que advierte:

"He tramontado ya la edad en que todo sentimental lleva dentro un poeta. Tarde, quizá, ha sido mi despertar, pero más vale tarde que nunca. Como el manchego sublime, se me ha despejado en la cabeza la verdad de que yo no soy, en buen romance, lo que se dice un poeta. De mis andanzas por el estrecho campo de la poesía, he tornado con esa conclusión y, ya estoy curado. Ya no escribo versos. Soy, eso sí, un sentimental incurable, un enamorado fiel y un devoto ardiente de la poesía.

"He grabado en verso muchas páginas de mi vida, por una inclinación natural a hacer música con nuestro idioma inmortal; pero considero sinceramente que mi poesía, que mi modalidad poética no es, no puede ser trascendental; ni siquiera puede ser una aportación de valía para lo literatura indo española. Mucho menos en esta época en que los poetas -buenos y malos poetas- abundan, y la producción es proficua y generalmente disparatada y de muy mala calidad".

De esta espontánea declaración se derivan algunas inferencias. Por caso, su tardío ingreso como “poeta en la poesía" -no como simple lector de ella-, en relación con su temprana incursión en el plano periodístico registrado a partir de 1913, pues sus bodas de oro en ese campo de la comunicación las celebró en 1963 conjuntamente con la Asociación de Prensa Hondureña y el Pen Club de Honduras. Sus primeros poemas - debidamente registrados- datan de 1922, cuando ya él cifraba los treinta años de edad.

Asimismo, su primer libro de poesías, anunciado desde 1927 y publicado en 1936, lo hizo, a tenor de sus propias palabras, "para complacer a quienes han gustado de mis versos" y en pago a "una deuda que contraje con aquel espíritu luminoso que voló al Misterio (alude a su esposa Emma) y a quien está consagrada la primera parte de este libro".

Por consiguiente, Ochoa Alcántara no desarrolló -como hombre de letras- una carrera poética continua, sea porque el periodismo, la política y sus trabajos literarios en prosa, impidieron aquel desarrollo; o bien -y ésta probablemente sea la razón por excelencia- porque no le fue dable contar a plenitud con aquella cualidad especial e indispensable para la creación e inspiración concentradas y constantes, que tuvo, por ejemplo en 33 años de vida Juan Ramón Molina o en su larga trayectoria Rafael Heliodoro Valle o, más recientemente, Pompeyo del Valle, Roberto Sosa y Rigoberto Paredes.

Precisamente, y hablando de esta cualidad específica, Eduardo Marquina, uno de los poetas preferidos que don Antonio Ochoa Alcántara cita en su libro, se expresaba en estos términos:

"Poeta es el hombre que tiene el don de idear y expresar lo que los demás presienten y no saben decir. El poeta se mueve en esa zona misteriosa del alma en que se producen los inefables procesos psíquicos que la idea encierra y corona".

Pero el poeta se mueve igualmente en esa zona, también misteriosa, donde se engendran las palabras que dan cuerpo a la idea y, como si dijéramos, la actúan. En el primer momento -el de la inspiración- el poeta es un poco adivino; vate se le ha llamado. En el segundo momento -el de la expresión- el poeta es, por instinto, a la manera del pueblo, inventor, maestro del idioma.

Sin embargo -anota el mencionado vate español- al poeta no le caracterizan tanto sus ideas y sus palabras, su doctrina o su estilo, como su capacidad emocional, el phatos por el que, caldeándose, pasa de lo informe y puramente psíquico a la idea que la define; y de ésta, a la palabra que la expresa y revela".

Por ende y teniendo en cuenta estas consideraciones, estimo que la producción lírica de Antonio Ochoa-Alcántara, reflejada en su libro "Ánforas" corresponde a una etapa de su itinerario existencial, en la que se mezclan el amor y el dolor, la meditación y la muerte, producción que abarca, en un primer momento, de 1922 a 1927, "poemas dedicados todos ellos al amor y la muerte de su amada EMMA Contreras"; y una segunda instancia, de 1928 a 1936, contentiva de 38 composiciones, "26 de las cuales su autor denomina "ritmos dispersos" y que significativamente al libro da término la composición que calza el título "La última elegía", con un epígrafe de Amado Nervo: -"Ya no hay un dolor humano que no sea mi dolor", poeta que, efectivamente, ejerció notable influjo en la obra del hondureño.

El libro de Emma. Cual señala el autor, la primera parte de Ánforas encierra su tragedia, la gran tragedia de su vida, y aun cuando la "dedicatoria" está referida a su hijo Antonio:

"Tú eres el amor que venía, radioso,

a fundir en uno solo nuestro amor",

Es la figura y el recuerdo de Emma, lo que constituye la médula sentimental en los 24 poemas primordiales, que en orden sucesivo cantan al amor, la muerte y la resignación frente a lo irreparable. En versos de once y catorce sílabas, algunos de ellos rimados, el poeta y el hombre amoroso extreman sus sentimientos, si bien con un acento cercanamente personal, pero de igual manera ligados a las corrientes artísticas en boga o, mejor aún, impregnados de la estética modernista de Darío, Lugones y Nervo y de "sensibilidad postmodernista".

Del poema inicial "Medallón" son estas líneas de entonaciones modernistas:

Yo no sé si fue en Roma o en Venecia

o en el Generalife de Granada

donde me cautivaron tus encantos

y el infinito azul de tu mirada.

En "El día que me amaste" hay alguna reminiscencia poética de Amado Nervo:

El día que me amaste, ¡cómo se abrió la aurora!

Fue un día más hermoso que el de la creación;

un estremecimiento de amor sobre los mundos

pasaba, y era toda una inmensa canción.

¡Cómo se abrió la aurora y suspiró la brisa!

El mar robó a tus ojos su más intenso azul;

sobre seres y cosas floreció una sonrisa

y el sol era un gran beso de armonía y de luz

La muerte de su "amada inmóvil", acaecida en la segunda semana de mayo de 1926, le inspira en los meses siguientes piezas de profundo pesar de rencor hacia la vida y de suaves increpaciones hacia el Creador. He aquí algunas muestras de ese dolor desmedido:

Diez días nada más, Señor, que Ella se ha ido

al seno del misterio, y me pregunto

si esta cruel pesadilla es el trasunto

de una enorme verdad que me ha herido

No lo advierto, Señor, pues fue tan rudo

aquel golpe traidor de mi destino

que mi espíritu siente como nudo

exterminándolo sin tregua... Mi camino

lleno de sombra está: ¡y ni un escudo,

¡Señor, me ha dado tu poder divino!

Un halo de resignada melancolía, con lejanos ecos de Gabriela Mistral, la recordada poeta chilena, recorre las venas emocionales de su poema "Indiferencia":

Indiferentemente

yo dejo correr la vida.

¿Qué importa al mundo mi herida,

ni qué mi emoción doliente?

Doble el dolor mi cabeza.

¿Qué importa al mundo mi lloro?

Ya no tengo otro tesoro

que mi angustia y mi tristeza.

 ¿Qué importan días serenos

--o que el rubio sol no alumbre--,

si en mi mortal pesadumbre

no son malos ni son buenos.

Para mí la muerte empieza

 donde terminó su vida.

¿Qué importa al mundo mi herida

o mi infinita tristeza?

Indiferentemente,

yo dejo correr la vida.

E igual hilo conductor percibimos en otros títulos del "Libro de Emma", verbigracia, en "Sonata de noviembre", "Yo no nací para reír", "Soledad", "Lo imposible" y "Serás sólo un recuerdo".

Las páginas restantes del poemario, comprenden como se ha dicho dos apartados, "Poemas" y "Ritmos dispersos", cosecha de desigual medida y calidad, aunque por supuesto revestida de lo que Helen Umaña da en llamar "elegancia expresiva" y que otros autores denominan "estilo elegante y correcto".

Ya en su primera obra de nombre "Gemas" figuran algunos elementos característicos en el quehacer literario de Ochoa-Alcántara, entre otros, su propensión moralizadora, sus reflexiones de orden filosófico, su inclinación, en fin, a enseñar, aconsejar y a propugnar la elevación espiritual por encima de lo material.

Estas constantes son igualmente perceptibles en sus poemas y ritmos dispersos. Así, en "Meditaciones de año nuevo", poetisa:

Amar, volar, vivir: tal nuestro solo empeño;

triple anhelo en que el hombre se desvela y consume;

tener el alma abierta al amor y al ensueño;

¡volar! Tender el vuelo: ser ave o ser perfume.

En su escrito "Sabiduría", es palmario lo dicho: su propensión moralizadora:

Aprende aquel precepto de que todas las cosas

Terrenas son efímeras; y de que el hombre mismo

Vivirá lo que viven los sueños y las rosas,

Pues por leyes arcanas rodarán hacia el abismo

De la muerte... Aprende a verlo todo

Con los ojos del alma, y observa y medita.

Si tienes fe en ti mismo no caerás en el lodo,

Y aprenderás la clave que en tu alma está escrita.

Esa clave es a modo de una senda tendida

Entre Dios y el hombre, y la muerte y la vida.

¡Un puente suspendido entre el bien y el mal!

Purifica tu espíritu en las claras cisternas

De las ciencias que encierran las verdades eternas

¡Y aprenderás entonces que el alma es inmortal

Finalmente, en Pájaros de mayo, a la sombra de la fauna volandera, desliza dulcemente un canto a los patrios lares:

Pájaros de mayo, poetas sonoros,

alados mensajes que nos manda Dios,

pájaros sonoros que en excelsos coros

evocan recuerdos en mi corazón.

Mañanas de mayo de la tierra mía

olorosa a nardos y beoda de sol:

lluvias tempraneras, ópalos del día,

estremecimientos y albores de amor.

Pájaros poetas que en esta mañana

de mayo florido me hacen añorar

los dulces anhelos que allá en mi montaña

se desvanecieron con pena letal. 

El académico Ochoa-Alcántara, en una comparecencia radiofónica celebrada en el Parque Central.

Concluyo estas aproximaciones a la vida y obra literaria del ciudadano Antonio Ochoa-Alcántara, con un breve comentario acerca de su tránsito por esta docta Academia, inaugurada -como bien sabemos- el 28 de diciembre de 1948, estando presentes sus miembros fundadores: Rafael Heliodoro Valle, Luis Andrés Zúñiga, Esteban Guardiola Cubas, Julián López Pineda, Silverio Laínez, Alejandro Alfaro Arriaga, Juan Bautista Valladares Rodríguez, Marcos Carías Reyes, Carlos M. Gálvez, Joaquín Bonilla, Carlos Izaguirre, Céleo Murillo Soto y Antonio Ochoa-Alcántara.

Tanto en la Junta Directiva que presidió Don Esteban Guardiola, como la que rectoró Don Luis Andrés Zúñiga, en los períodos sucesivos 1949- 1954, 1955-1956, nuestro homenajeado se desempeñó como bibliotecario, cargo y actividad consonantes, desde luego, con su invariable inclinación por los libros y la lectura asidua. Fue, además en otra de sus facetas participativas, miembro activo de la masonería hondureña.

Hijas e hijos de Antonio Ochoa-Alcántara: Rosalinda, Ana María, Humberto, Ricardo, Froylán y Marcos.

Líneas epilogales

Fuerza y energía de la voluntad, he aquí los rasgos de la obra y el carácter de este compatriota, quien en sus ratos libres -que no eran muchos, a decir verdad- rindió culto a la bohemia rubendariana y al juego heminwayano, sin abandonar por ello la compostura del hombre culto ni el traje sobrio del caballero. Un busto suyo, trabajado en piedra por el escultor Roberto M. Sánchez, reposa en una sala familiar.

Sus restos yacen -juntamente con los de su esposa, Margarita-, "en el viejo recinto del Cementerio General capitalino", y su obra es hoy por hoy una sombra más en el mudable escenario de las letras nacionales, a la espera de que manos auspiciadoras o que el juicioso acuerdo de una institución la vivifique y la extraiga del olvido hasta ahora indiferente, a través de una cuidadosa selección que conglomere las partes de valía que, a buen seguro, palpitan aún en muchas de las páginas, acaso amarillentas, de "Gemas", "Ánforas" y "Cerebros del mundo".

Aunque mi padre, el Prof. José María Espinoza (1904-1989), me había mencionado la obra literaria del escritor Don Antonio Ocho-Alcántara, a quien consideraba un excelente poeta, fue el periodista Mario Hernán Ramírez el que me motivó a buscar los libros del célebre escritor, periodista y diplomático. "Cuando tenga Gemas -me decía Mario Hernán-, la leerá de un tirón, pues cada página atrapa la atención de quien tiene la dicha de poseerla en sus manos". Pensé que el amigo Ramírez exageraba, pero ahora considero que tenía sobrada razón.

El encuentro casual con Froylan -uno de sus hijos-, me ha permitido obtener varias obras de Don Antonio, las que he leído con detenimiento y me han producido gran deleite y, por supuesto, he aprendido mucho de ellas.

El licenciado y escritor Óscar Armando Valladares, yerno de Don Antonio Ochoa Alcántara, ha tenido la gentileza de explicarme detalles de la obra poética de su suegro y en repetidas conversaciones hemos abordado el tema de la poesía hondureña de la primera mitad del siglo pasado. Sus observaciones me han permitido presentar este trabajo con la fidelidad histórica de tránsito existencial del poeta Ochoa Alcántara. A ellos, mi sincero y eterno agradecimiento.

Fuente: “Estudio en homenaje del poeta y escritor hondureño Antonio Ochoa-Alcántara”, Dagoberto Espinoza Murra, Tegucigalpa, Honduras, 12 de septiembre de 2019.

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