Contracorriente: LA RECONCILIACION CON EL BANANO
Juan Ramón Martínez
A Guillermo Machhi y Saúl Montes
El 15
de septiembre de 1975, el gobierno militar de Melgar Castro cometió el más
grande error económico de toda la historia de Honduras. El gobierno de la
Republica dio por finalizada las concesiones a las compañías bananeras y
precipito a Honduras a una condición secundaria en el mundo internacional,
porque los otros gobiernos competidores no hicieron lo mismo. Las razones de
Honduras, fueron subjetivas, oportunistas y basadas en visiones equivocadas.
Hechas por incompetentes.
El
gobierno de López Arellano y su estilo de liderazgo sobre la vida política, fue
destruido por el “soborno bananero”. Para los jóvenes militares, actuar contra
las bananeras era una forma de recuperar el honor mancillado. En junio de 1975
los militares cometieron la matanza de Olancho, donde 15 personas –dos
sacerdotes, dos mujeres y 11 lideres campesinos y trabajadores sociales–
perdieron la vida en forma injusta y brutal. Los militares sintieron que su
honor estaba herido y que tenían que rehabilitarse con medidas espectaculares.
En
septiembre de 1975, la mayoría de las concesiones bananeras y ferroviarias,
caducaron. Lo que hizo que técnicos sin experiencia en banano y transporte
marítimo y ferrocarrilero, se embarcaran en una ruta suicida: meta, el banano
lo cultivarían y lo comercializarían los hondureños, porque de esa manera
Honduras recuperaba su dignidad y prestigio frente al imperialismo
estadounidense.
El
problema es que Honduras no tenía una burguesía interesada en el cultivo y
comercialización del banano. Unas pocas cooperativas cerca de Santa Rita, Yoro
y en la zona de isletas ex trabajadores desempleados porque la Stándard había
abandonado las plantaciones afectadas por el Huracán Fifí y que su recuperación
sin los incentivos que habían sido suprimidos la inversión no era rentable,
estaban en el negocio. Pero lo peor fue que los oficiales militares –los
miembros de la primera promoción de la Escuela Militar Fráncico Morazán– no
tenían experiencia bananera, y ni siquiera eran originarios de la zona.
En esa
ignorancia, los militares confiaron en egresados de la Escuela Agrícola Panamericana,
en economistas de escritorio y unos pocos dirigentes sindicales “sanforizados”,
que creyeron que los hondureños como habían hecho los mejicanos y los peruanos,
podían nacionalizar el cultivo y la comercialización del banano. Y se puso en
manos de Benjamín Villanueva que no sabía nada del cultivo bananero. Ni
siquiera el amen.
Se creó COHBANA y lo único que funciono
exitosamente en forma original --antes que la corrupción dañara sus operaciones--,
fue la empresa Asociativa de isletas porque los peones sí sabían cultivar
banano. Lo que ignoraban era como administrar una empresa y como comercializar
el banano en mercados competitivos.
El
error fue tal que la entrega de las vías ferrocarrileras –aproximadamente 427 kilómetros- y los equipos, vagones y maquinas, en vez de
un beneficio sirvió para poner en evidencia la incompetencia del Ferrocarril
Nacional que, sin la carga de los bananos, confirmó que la operación no era
rentable. Se redujo el servicio entre La Ceiba y el Valle del Aguan; y se suspendieron
todos los trenes restantes porque la Tela podía mover sus bananos en cajas y
contendores, encima de camiones con costos más bajos.
La corrupción
hizo el trabajo final. Se robaron los rieles –solo quedo una pequeña fracción
en Mézapa y otra en La Unión, Atlántida– que fueron convertidos en alambre de púa
y en clavos. Los ladrones no se llevaron el túnel de Quemado, cerca de Olanchito,
porque no pudieron ponérselo en las espaldas.
El
desempleo aumento. Unos años después, durante el gobierno de Azcona, las
maquilas empezaron a usar mano de obra barata que había empezado a quedar sin
oportunidades desde 1954. Y Honduras se precipitó a una posición, que, en vez
de exportador de bananos, se transformó en exportador de mano de obra barata.
La población creció aceleradamente. Y a la par, la PEA aumento al grado que
ahora cerca de la mitad de la misma trabaja para Estados Unidos, España, Italia
y Canadá. Y la composición del PIB, se modificó: remesas, café, piñas y
bananos, maderas y mieles, se convirtieron en la fuente de riqueza de un país que,
gracias al error de los militares en 1975, no levanta cabeza y sigue, en la última
línea de Centroamérica y en la penúltima en el continente.
Todos los sentimientos anteriores me los ha provocado la película “Banana Day: Honduras 1900”, proyectada en premier a un grupo de compatriotas en el Banco Central de Honduras. En la película digo que Honduras tiene que “reconciliarse con el banano”. Y ¡lo sigo sosteniendo!

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