Contracorriente: LAS CLAVES DEL CRECIMIENTO
Juan Ramón Martínez
El atraso de Honduras es de nacimiento.
Ignoramos la fecha en que el país perdió el pie. Una revisión de los
presupuestos enseña que cerca de un 99%, desde mediados del siglo XIX, han sido
deficitarios. Aunque el gobierno durante el siglo XIX era pequeño, la sociedad
económica no tenía capacidad para producir dinero suficiente para sostenerlo.
El aparato económico fue incapaz por medio de la exportación de ganado o broza
mineral de vincularse en condiciones estables con el mercado internacional.
Mientras Guatemala, El Salvador y Costa Rica impulsaron el cultivo del café,
Honduras no pudo hacerlo. Solo en el siglo XX se articuló con el mercado
internacional en segura continuidad. En las primeras tres décadas fue uno
de los grandes exportadores de banano, situación que decayó a partir de 1932 e
hizo crisis en 1975, cuando se “nacionalizo” el cultivo del banano y se
eliminaron los incentivos para que el capital externo pudiera operar en el país.
Honduras vio con indiferencia el crecimiento de la población, el aumento de la
PEA y el inicio de la “exportación” de mano de obra barata hacia Estados
Unidos, Canadá, España e Italia.
En los últimos cuatro años, el discurso oficial
defendió la superioridad del gobierno para producir desarrollo, pese a
que no existe en la historia ninguna evidencia, -fuera del breve ensayo de
Isletas y la apertura del Bajo Aguán-, que el modelo estatista sea oportuno
para el país. Todavía nos preguntamos qué hacer y las respuestas no son claras
y definidas. Tampoco tenemos respuesta a la tesis que se manejó en los años
ochenta que para salir adelante necesitábamos que se produjera en forma
simultánea un mercado interno mayor, una burguesía nacional agresiva,
imaginativa y sensible a las demandas internacionales. Y que para esta última
necesitamos esfuerzos profundos para elevar el nivel educativo creando una
franja poblacional agresiva e imaginativa, que invierta, acumule y reinvierta.
En la búsqueda de las claves que permitan
derrotar a la pobreza, desde la iniciativa privada –como no podía ser de otra
manera– han continuado las reflexiones. El 13 de marzo “más de 400 líderes
empresariales, académicos, economistas y representantes del sector
gubernamental se reunieron en el Ciclo de Conferencias “Perspectivas
Económicas”, organizadas por el Banco Atlántida en el marco de su 113
aniversario de fundación”. Tres personalidades disertaron: Andrés Oppenheimer,
periodista argentino, Sergio Recinos economista guatemalteco y Guillermo Bueso,
Presidente del Banco Atlántida.
Recinos dijo que “el desarrollo es un proceso
continuo en el que el gobierno tiene una clara responsabilidad. Destacó tres
pilares: coordinación entre el sector público y privado, inversión pública en
capital humano, -particularmente en educación y salud- y el tercero, garantizar
la autonomía de los Bancos Centrales, indispensables para preservar la
estabilidad de los precios”. Deben fijarse objetivos y metas de largo plazo,
porque el “crecimiento requiere objetivos de país que trascienden los periodos presidenciales,
evitando que cada cambio de gobierno implique un reinicio de políticas
económicas”, concluyó.
Oppenheimer, “planteo un desafío que podría
redefinir el futuro del trabajo y de la economía global: la Inteligencia
Artificial”. Categórico dijo que “las empresas no desaparecerán por la
Inteligencia Artificial, sino por otra empresa que la use mejor. Este ánimo de
competencia, aumento de la productividad es inevitable en una economía global
cada vez más competitiva, incluso más allá de lo anticipado”.
Bueso enfatizó en la necesidad de fortalecer
las instituciones, invertir en capital humano y crear condiciones para la
inversión productiva, porque solo el país puede transformar su destino
económico. Fue magistral cuando dijo: “Todos hablamos de capital, de
inversión, de liquidez; pero hay una moneda que determina el valor de las
demás, y esa moneda no se imprime y es la más importante: la confianza. Confianza
institucional, confianza regulatoria y confianza financiera. Y construirla no
depende de un solo sector ni de un gobierno y mucho menos de un gobierno de
cuatro años”.
La evaluación de la administración Asfura es
interesante. Bueso dijo que eran buenas decisiones “el regreso de Honduras al
Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones y la
ampliación por cinco periodos del Régimen de Importación Temporal (RIT) y
que el Banco Central avanza en una reforma cambiaria con el Fondo Monetario
Internacional, orientada darle a la economía mayor transparencia y
previsibilidad”.
Honduras agregó, tiene oportunidades y
ventajas. Hace falta aprovecharlas inteligentemente. “Debe aprovechar
su ubicación estratégica, captar parte de la recolocación industrial que
hoy se concentra en México, si mejoramos nuestra competitividad logística y
regulatoria”
Un buen
evento, para Honduras y los hondureños.

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