Cosas del español (85): TÚBAL Y AITOR EN EL LÉXICO ESPAÑOL
A partir del siglo IX, se registra la aparición
de vocablos vascos insertos en textos en latín y romance (castellano,
navarroaragonés, gascón). Las primeras frases se encuentran en el ya citado
manuscrito del monasterio riojano de San Millán, donde figuran, intercaladas
con otros comentarios en lengua romance, las Glosas Emilianenses. Según
Menéndez Pidal, en el origen de la lengua castellana existe un sustrato vasco.
A él se ha atribuido la simplicidad de su sistema vocálico y la pérdida de la f
inicial latina.
Por lo que al léxico respecta, se produjeron
préstamos entre el latín y el vasco desde los inicios de la romanización.
Algunos acabaron incorporándose al castellano tras experimentar su propia
evolución en el auskera. Es el caso de la palabra latina cistella
(´cestilla´), que dio txistera en vasco y pasó al castellano como
chistera. De raíz vasca es aquelarre, adaptación de
akelarre, formado por la unión de aker (´cabrón,
macho cabrío´) y larre (´prado´); literalmente, por tanto, ´prado
del macho cabrío´ (en origen, hacía referencia al lugar donde se celebraban
estas reuniones nocturnas con el demonio).
También de filiación vasca es la palabra izquierda
(eskerra), que sustituyó en castellano a siniestra,
de origen latino, ya que en la Edad Media, como en la Antigüedad, se
relacionaba la izquierda con la desgracia (el vuelo de las aves a este lado del
augur se interpretaba como signo de mala suerte), y el término acabó cargándose
de connotaciones negativas. Son préstamos claros gabarra (de kabarra),
chirimiri (de zirimiri) o chapela (de
txapela), que, sin embargo, habría pasado al vasco a partir del
francés antiguo chapel (´sombrero´). También de ascendencia
francesa, derivada de geôle (´mazmorra´), es la voz txabola,
antecedente del chabola español. Del ámbito rural proceden zamarra,
zurrón (de zorro, ´saco´) o chistorra
(de txistor, ´longaniza´).
Resulta curioso el origen del término guiri,
con el que en España se designa a los turistas extranjeros. Según el
diccionario académico, resulta de un acortamiento del vasco guiristino
(´cristino´), nombre que recibían en el siglo XIX los partidarios de la reina
María Cristina frente a los carlistas.
(Fuente:
Nunca lo hubiera dicho, Taurus, Madrid, Real Academia Española, Asociación de
Academias de la Lengua Española, págs. 212 y 213).

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