Contracorriente: NORMATIVAS MILITARES NECESARIAS
Juan Ramón Martínez
Aunque la doctrina jurídica manda que la emisión de leyes tenga carácter
general, -- anticipando evitar situaciones anormales --, en el caso de la
legislación militar, por el contrario, tiene un carácter más casuístico que
otras normas. Para el caso, aunque la legislación militar ha sido estable,
desde 1957 ha mostrado un carácter cambiante; y, lo peor con dedicatoria. En
esta Constitución los liberales, como fruto de sus negociaciones con López
Arellano y sus hombres, crearon un inédito capítulo dedicado a las FFAA. Y
le dieron al Ejecutivo un carácter bicéfalo: un gobernante civil y otro militar.
Estableciendo que cuando hubiera dificultades entre ellos, el Congreso
Nacional intervendría y determinaría lo mejor para el país. Una verdadera
expresión de ingenuidad. O del colmo de la desesperación. Creemos que fue más
esta última. El diputado Ildefonso Orellana, se opuso al capítulo de las
FFAA y anticipó que en el futuro – como en efecto ocurrió – lo lamentaríamos
porque los militares estaban llamados a dominar al país. No tardó mucho
para que el “cura” Orellana dijera, “verdad que se los dije” a sus
correligionarios liberales. El 3 de octubre de 1963 López Arellano, destruyó la
primavera liberal y precipitó al país en una situación irregular cuyos
resultados todavía estamos pagando. Con atraso y pobreza.
Lo que los políticos no anticipan es que lo que se hace mal, es difícil
enmendarlo. Los militares – hay que reconocerlo – cuando se les subordinó a los
civiles, a regañadientes lo aceptaron. Se sometieron profesionalmente.
Los civiles no. Mel Zelaya y Juan Orlando Hernández pasaron por encima
del concepto que era fatal para el país: la reelección presidencial. En la
forma que se presentará. Más con complicidad de los militares.
En 2009, el profesionalismo militar se impuso y aunque Mel había reelegido
a Romeo Vásquez para que este le apoyara en su proyecto reeleccionista, los
altos oficiales de entonces se impusieron; y sometidos a la defensa de la
ley y el orden, cumplieron los mandatos y resoluciones de la Corte Suprema de
Justicia.
JOH, más ladino, siguió la ruta de la “ley”. Mediante una resolución
“boba” de la Sala de lo Constitucional y el silencio cómplice del Congreso
– incluida la bancada del Partido Liberal – aceptaron la reelección y obligaron
a las FFAA a admitir que habiéndose modificado la ley – cosa que no había
ocurrido – solo tenían que someterse a su imperio.
Lo que Mel no consiguió con Romeo Vásquez, lo logró fácilmente con
Roosevelt Hernández. Este y su generación, se entregó al caudillo
“revolucionario”, convirtiéndose en activista y en última instancia,
formando parte de la estrategia continuista en que, al perder las elecciones
del 30 de noviembre, buscaron impedir la realización del escrutinio general,
para crear un vacío y provocar un “golpe de estado”. Trump se les atravesó
en el camino. La comunidad internacional, haciendo eco de la voluntad general
expresada en las urnas, evitó el golpe electoral fraguado por Mel como última
alternativa. Confirmando que siendo el alto mando de las FFAA fácilmente
manipulable por los políticos hay que buscar nuevas normativas para
evitarlo en el futuro.
No hay que regresar a 1957. Debemos mantener la profesionalidad de
las FFAA. Sometidas al poder civil; pero limitándolo en sus intentos de someter
a la oficialidad a sus manipulaciones partidaristas. Para ello el Jefe del
Estado Mayor Conjunto, debe mantener su tercer lugar en el escalafón; pero
su nombramiento – dentro de las reglas de méritos y antigüedad – ser potestad
del titular del ejecutivo; pero aprobado por el Congreso Nacional por
mayoría simple. Que la duración en el cargo, sea por dos años y sin
reelección. Al irrespetar este tiempo, se niega la participación en el
mando a más de dos promociones profesionales, lo que es injusto e
inconveniente.
Al final su estabilidad estará determinada por su obediencia a la
Constitución. A la idoneidad en el cargo, determinado por la defensa de la
democracia, el imperio de la soberanía popular; y la paz de la República.
De este modo, se impide la reelección en el cargo – como hizo Mel con Vásquez Velásquez con
perversas intenciones – la destitución del Jefe del Estado
Mayor cuando no le obedeció órdenes ilegítimas referidas a la cuarta urna;
o la sumisión oportunista que consiguió con Roosevelt Hernández, a cambio de
cargos y beneficios, toda vez que apoyara su aventura ilegal e irrespetuosa
contra la voluntad popular manifestada en las urnas.
Los abogados y estudiosos militares pueden mejorar esta fórmula que aproveche la experiencia y evite los riesgos provocados por el oportunismo político de Roosevelt Hernández y sus compañeros.

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