Mirador: INVERTIR EN CAPITAL HUMANO
Juan Ramón Martínez
El tiempo de los depredadores ha terminado. Es
la hora de los reformadores. De los constructores de una Honduras diferente. La
que tenemos no gusta a nadie: muchos pobres, exagerada desigualdad, población
de débil carácter. Frente a un entorno hostil y complejo, no nos sirven los
hondureños formados hasta ahora. El nuevo capital humano que formemos, tiene
que tener ojos para el futuro. Seguir haciendo lo que hemos hecho, nos dará los
mismos resultados, manteniéndonos en la cola de Centroamérica y a pocos pasos
delante de Haití.
Para lograr salir del atolladero, Honduras
necesita un nuevo liderazgo que maneje otras visiones, que tenga un carácter
viril y una disposición para correr riesgos que las anteriores generaciones no
han exhibido. Rafael Bardales Bueso y Mario Membreño, en sus libros sobre la
historia de la educación nos han informado sobre los esfuerzos hechos en la
modernización de su sistema educativo. E indicado como los gobiernos en el
pasado, invirtieron –muy poco durante el tiempo de las montoneras– y mayor
desde mediados del siglo pasado hasta ahora.
Nos parece relevante entre esas ideas y
juicios, compartir los conceptos axiológicos que se manejaron en un periodo
parecido al que vivimos. En 1917 el mundo cambió. La revolución rusa y la
primera guerra mundial, desquiciaron al mundo. Y se impuso en la educación
hondureña, más que la información vacía y la repetición ofensiva, la formación
del carácter y la producción de una conducta diferente. En tiempos posteriores
se habló en otros países, de la formación del “hombre nuevo”. Ahora, creemos
que hay que hablar del “hondureño nuevo”, para una nueva Honduras, más fuerte,
próspera, respetada. Que le dé a todos sus hijos, seguridad, comodidad y
felicidad.
Ramón Rosa lo entendió muy bien. En su discurso
en la Universidad Central haciéndose eco a la Ilustración, invocó la
superioridad de la razón. Prefiguró las tareas que los pedagogos no le dieron
continuidad. Él era el político y el reformador. La acción era responsabilidad
de los maestros. Los pedagogos de la dictadura de Carias avanzaron en el
análisis de los vicios de los hondureños. Aunque no siempre acertados –porque
algunos en vez de cambiar las cosas, buscaron justificar al régimen– sí
pusieron énfasis en el capital humano. Llegaron a la conclusión que
necesitábamos nuevos hondureños, para construir el futuro.
Villeda Morales y los militares -1956-1957–
apoyados por Beltrán Prieto y la UNESCO, crearon la Escuela Superior del
Profesorado dándole prioridad a la formación de docentes que coincidió con la
reforma de los estudios secundarios: tres años de formación general y dos años
diversificados, para bachilleres, maestros y tres para peritos mercantiles.
Ahora ha transcurrido suficiente tiempo para
revisar y cambiar. Las aguas y los ríos son distintos. Hay que diferenciar las
instituciones al servicio de los fines de la república y los resultados que
justifican su existencia.
El 13 de marzo recién pasado, el Banco
Atlántida en ocasión de su 113 aniversario de fundación, ofreció tres
conferencias magistrales. Andrés Oppenheimer habló del reto que significa para
el empleo, para las empresas y para las personas, la Inteligencia Artificial.
Recinos de Guatemala, ofreció líneas sobre las relaciones de cooperación entre
el sector público y la empresa privada. Pero lo que nos parece más
extraordinario, fue el llamado de Guillermo Bueso para que “Honduras invierta
más en capital humano”. En forma clara y precisa, determinó que no hay futuro
si no tenemos un mejor recurso humano con el cual enfrentar los retos de una
competencia que nos guste o no, no podemos ignorar.
Hace un tiempo anticipé que en Honduras había
que cuidar tres cosas: la autonomía e independencia de las FFAA, la libertad de
los periodistas y la superioridad de los maestros. Y que, si los caudillos
controlaban a esos sectores, el país estaría perdido. En los últimos veinte
años, los maestros se han entregado a los políticos –algunos incluso buscaron
la presidencia de la república- como fue el caso de Rafael Pineda Ponce. Fue un
error, dejaron el aula y salieron a gritar a la calle, a disputar malcriadezas
con otros sectores.
Además de invertir en capital humano,
necesitamos que los maestros regresen a la cátedra y se consagren a producir el
hondureño nuevo que necesitamos ahora.
La Prensa,
San Pedro Sula. 2 de abril de 2026.
Email: ed18conejo22@gmail.com

Comentarios
Publicar un comentario