Mirador: REALIDAD Y RELATOS
Juan Ramón Martínez
Imagen, cortesía: expedientepublico.org
Los relatos sobre la realidad, son muchos y variados. La realidad es una sola, como la verdad misma. Que algunas veces es difícil conocerla; y en otras, muy fácil esconderla; o disfrazarla. Ahora, durante la campaña electoral, el relato de los oficialistas y los opositores, no coinciden. Parece que fueran de dos países distantes y diferentes. El gobierno desde el principio, empezó a repetir el relato “del golpe de estado, la dictadura de los doce años y los corruptos y delincuentes que nos gobernaron”. Por lo que había que refundar el país, sin aclarar qué se entendía como “Refundición”. Lo ha repetido hasta el cansancio.
La oposición por su parte, amparada en los
resultados ha construido un relato que no coincide --como es natural-- con el
de los oficialistas. No hubo tal golpe de estado. El que intento violar la
constitución fue Mel. Los resultados “fundacionales no se ven”. El Congreso no
funciona. La Corte no es confiable. La inseguridad continua. Hay más más
muertes que antes. La atención hospitalaria es deficiente. Y los corruptos
“fundacionales”, son más corruptos que los de “la dictadura”. Dos relatos
diferentes sobre una misma realidad que es independiente. Y además, está allí,
herida y sangrante, dándonos palmoteadas en la cara a todos.
La realidad está a la vista del colectivo
nacional: el crecimiento económico ha sido mínimo, igual al tenido en los doce
años anteriores. La balanza comercial, no ha mejorado; y más bien, por efectos
externos e imprevisiones nacionales, tiende a ser negativa. La pobreza ha
aumentado y la desigualdad se ha incrementado entre los hondureños de las
ciudades; de los barrios elegantes con los pobres, de la Honduras moderna y la
Honduras profunda y dolorosa.
La formación de capital nacional sigue siendo
lenta. La moneda se deprecia en la misma velocidad de antes; y la inversión se
ha reducido por el clima de inseguridad que se ha impuesto. La
inconstitucionalidad de las Sedes y los delitos de corrupción, hacen creer que
Honduras no es un país confiable para invertir. Y quienes los hacen, exigen
muchas seguridades y contrapartidas.
El sistema político no ha funcionado. El
Congreso no ha estado a la altura de las circunstancias. La Corte Suprema no
parece que mejore su respetabilidad; y la Fiscalía General ha dejado de
representar a la sociedad para convertirse en un instrumento partidario, de una
familia; y de una “nueva casta política”, voraz y agresiva.
Lo peor que nos ha ocurrido es que pese a vivir
en el más largo estado de sitio de toda la historia, la inseguridad ha
aumentado, contrastando con las informaciones que nos llegan desde los países
vecinos, especialmente Nicaragua y El Salvador. Las posibilidades de ser
asaltado, agredido o muerto, han aumentado. Las ciudades mayores son muy
inseguras. Los crímenes en contra de las mujeres han crecido en forma
exponencial; y la sociedad da la impresión que se ha acostumbrado a culpar a
las víctimas. Las venganzas entre los particulares, parece que son efecto de la
escasa capacidad de manejo de los delitos por parte de los tribunales, lentos,
modosos y poco confiables.
El gobierno dice que todo está mejor; que el
sistema mediático –que no ha pagado — no divulga los resultados positivos. Esta
excusa es más política que realista. Un gobierno no tiene que hacer publicidad
de lo que hace, porque la ciudadanía, beneficiaria de los mismos actos, los
conoce, los siente y los goza. Resiente de la oposición que ha crecido por el
modelo de gobierno distante e indiferente de Xiomara Castro.
La realidad
está allí. Los electores tienen su propio relato. El 30 de diciembre, lo
conoceremos.
La Prensa, San Pedro Sula (09-10-2025).

Al final del comentario debiera leerse # 30 de noviembre",...no diciembre
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