Mirador: CAPACIDAD COMPETITIVA
Juan Ramón Martínez
No solo nos dejamos ganar de Nicaragua, sino
que en general somos los menos competitivos de CA. No solo en deporte que es lo
obvio, sino que además en otros campos: en la producción, presencia en los
mercados, en el mundo intelectual, libros publicados; patentes registradas; e
incluso en la farándula. Hace algunos años había campeonato de béisbol,
softball, basketball, motociclismo, ciclismo, natación, atletismo, ajedrez,
artes marciales y otros deportes. Las competencias entre los grandes colegios
de Tegucigalpa: San Miguel, San Francisco y la Escuela América, eran
legendarias. En los periódicos, las estrellas deportivas no cedían espacio para
que los delincuentes fueran los “ejemplos” orientadores de las nuevas
generaciones. Ni siquiera hemos restaurado el Gimnasio Nacional
En la música, después de Moisés Canelo,
Anderson, Reynot y los Laboriel, no hemos tenido figuras que
iluminen los escenarios mundiales. En poesía y novela, nuestros escritores
tienen pocos logros; y después de Roberto Sosa, el más premiado, no hemos
tenido sino bufones que creen que basta con unos pocos tragos para ensillar a
las musas; y hacerlas caracolear frente al viento. Apenas, nos quedan los
jugadores de fútbol que son las titilantes estrellas que cuando se apagan o
duermen se dejan ganar incluso de equipo poco competitivos. Y Dubón, en las
grandes ligas.
Nada es accidental. Todo tiene su causa.
Tenemos un castigo de lo no competitivo en la vida familiar. La sociedad ha
agachado la cabeza de tal manera que nadie quiere esforzarse y destacarse,
porque sabe que de repente en vez de premios y felicitaciones, recibirá ofensas
y descalificaciones. Perversos maestros del mal, han dicho que es defecto
capitalista competir. Los hechos mundiales dicen lo contrario. Todo mundo
compite con los otros; e incluso en contra de sí mismos. Nadie se hace si no
prueba que tomando todo lo que tiene adentro, prueba sus fuerzas en el
escenario colectivo, corriendo al lado del otro; y adelantándose.
Hace unos años para quedar bien con algunos –
como ahora se ofrece premiar a los que no pagan sus deudas dándole
oportunidades de engañar a los prestamistas – se redujo el índice para pasar
una materia. A alguien se le ocurrió que a los niños, al margen de sus
debilidades, se les promovería del primero hasta el tercer grado. Y en la
Universidades se ha suprimido, de forma oblicua el examen para que cada uno
ponga lo mejor; y de resultados que le honren. Como resultado nos hemos
engañado con egresados de altas calificaciones, que son un fracaso como
profesionales, porque en el fondo han participado en un engaño en donde al
final, las víctimas son los premiados.
Hay que entender que la vida humana es una
lucha permanente contra los elementos. La tierra no es fraterna. El sol no
siempre es una bendición. Las aguas y los vientos cortan vidas, destruyen
bienes y estructuras comunicacionales. La vida no es un paseo, sino que una
lucha contra todo. Hay más fuerzas para el fracaso que factores para el
triunfo. Por ello, triunfan los mejores. A estos hay que celebrarlos y
premiarlos. No celebrar la mediocridad.
Hay que cuestionarnos y valorar los resultados.
El que Nicaragua nos gane un partido importante debe preocuparnos. Pero no solo
es eso. Hay que competir con salvadoreños, guatemaltecos y ticos, para producir
más; y vender más que ellos. Es necesario darnos cuenta que nada es gratis;
debemos trabajar. Cuando nos ayudan, nos ofenden, exigiéndonos pagos elevados.
Por ello cada uno debe hacer esfuerzo; competir
con los otros y buscar en la recta final ocupar los primeros lugares. De lo
contrario estamos llamados al fracaso, que no es otra cosa más que la muerte
anticipada. De nosotros. Y de Honduras.
La Prensa, San Pedro Sula, 20 de noviembre de 2025

Juan Ramón , tu artículo de hoy es toda una realidad, nos hemos acostumbrado al fracaso allí el peligro en las próximas elecciones
ResponderBorrarEs una consecuencia de la "cultura del pobrecito", que todo se justifica por ser pobres.
ResponderBorrarMuy acertado su artículo que refleja la realidad que vivimos en Honduras, pero la culpa sigue siendo de todos nosotros por darle tanta importancia a quienes no les importamos un bledo. Recuerde lo que dijo el Abogado Kendall David Ruiz: “ Un pueblo que le exige más a un futbolista que a un gobernante está condenado a la mediocridad”. Eso es Honduras.
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