Contracorriente: ECONOMÍA, LO FUNDAMENTAL
Juan Ramón Martínez
La disputa política hondureña, ha girado
alrededor del empleo público. No solo Mercedes Saravia, exige empleo para ella
y sus correligionarios que creen que, porque ganaron las elecciones, tienen
derecho a un salario público. Y si está ocupado por uno del PLR, se justifica
que lo echen a la calle. Al margen de la calidad de su desempeño.
Esto no es nuevo. Forma parte de la historia
nacional y ejemplifica la incapacidad de la sociedad para invertir, producir y
llevar a los mercados nacionales e internacionales, los productos pedidos por
la demanda. Cada gobierno – hasta ahora hay que reconocerlo – lleva a sus
activistas a los empleos gubernamentales como premio por sus luchas en favor
del partido ganador. Los militares con López Arellano a la cabeza, creyeron que
se debía profesionalizar la burocracia pública. Para que el ingreso a ella fuese
por méritos, ascendiendo de conformidad a las contribuciones efectuadas y al
desempeño de las tareas confiadas. Se emitió la Ley de Servicio Civil que
durante algunos años pareció superar el concepto que se llegaban a los cargos
no como un favor de los líderes, sino que por méritos personales.
Pero se han producido dos problemas que no se
han atendido convenientemente. El primero de ellos es la reducida capacidad de
los hondureños para correr riesgos, invertir y ganar produciendo y vendiendo
bienes o servicios, en el territorio nacional o en el exterior. La mayoría de
los empresarios exitosos del país son hijos de inmigrantes recientes, la
mayoría del oriente próximo y Europa Oriental; que sus padres llegaron a
Honduras en las tres últimas décadas del siglo XIX. Los empresarios
capitalistas anteriores, fueron herederos de los españoles: los Soto, Midence,
Velásquez, Zelaya, Gardela, Canelas, Lara, Rivera, Sevilla, Gamero y otros que,
no sobrevivieron a la maldición de la “tercera generación”. O se dedicaron a la
ganadería o la compra de casas de alquiler. Los alemanes, fueron destruidos en
nombre de un anti germanismo guerrero impuesto por los Estados Unidos que nos
impidió contar con un capitalismo sureño prometedor. Grave error.
Ahora, los inversionistas son los Atala,
Rosenthal, Goldstein, Larach, Nasser, Kattan, Chahin, Kafaty, Williams Agase,
Lobo Sosa, Bendeck, Azcona--Bocook y Facusse. Hay más hondureños antiguos:
Bueso--Arias, Bográn, Bueso-- Anduray, Bueso--Bonilla, Ferrari--Villeda,
Callejas--Valentine, Andonie--Fernández, Flores-- Pavón, Flores—Facusse,
Sikafy, Santos Ordoñez y Asfura.
La política ha atraído al hondureño más que la
inversión por razones que hay que explorar suficientemente. Eliminando el
ejercicio del disgusto y la envidia que el hondureño promedio siente por el
éxito del otro, con la excepción del que se logra en la actividad política, que
no solo permite entrar al circuito de los triunfadores, sino que, además
recibir admiración y respeto como ninguna otra actividad. Aquí la familia
Zelaya encontró oportunidad de sobrevivir e integrarse con otras que, en el
pasado, tenían como origen de su éxito la política exclusivamente.
El otro problema es el de la formación
educativa. Pese a los reclamos de Ramón Rosa, las universidades siguen
preparando funcionarios. La mayoría de los empresarios exitosos del país, se ha
graduado en el extranjero. Las excepciones son Yany Rosenthal Hidalgo y
Guillermo Bueso, que estudiaron en la UNAH. Y Castro, Mel y Asfura que no son
universitarios. La mayoría de los exitosos son graduados en Estados Unidos. Lo
que plantea la obligación de indagar que pasa en las universidades hondureñas –
estatales y privadas – para identificar si el problema es de enfoques globales,
contenidos; o de ofertas educativas. La UNAH y la ENAG, preparan empleados
públicos. La primera abogados y médicos. La segunda agrónomos y extensionistas
agropecuarios para emplearse en el gobierno central o municipal. Pocos en la
empresa privada que confía más en el Zamorano. Necesitamos más empresarios que
otra cosa.
Desde principios del siglo ha crecido el sector
informal. Hace pensar que los universitarios en el gobierno, para justificarse,
complican los trámites burocráticos y obligan a los inversionistas a evitar al
gobierno, para tener la libertad necesaria y correr los riesgos que implica la
inversión y el goce de sus resultados sin compartirlos con los burócratas.
Hay un enredo complicado. Reducir el gobierno es un imperativo. Pero al hacerlo, aumenta el desempleo universitario, creando las condiciones para una rebelión desestabilizadora. El éxito de Mel fue que convirtió el PLR en agencia de empleo. igual que los otros partidos, con la diferencia que les dio salida a las necesidades de los más jóvenes, agresivos e inexpertos. Que ahora son nuevos ricos. Que esperamos se vuelvan inversionistas y dejen la política.

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