¿FILOMENA ROSINA RODRÍGUEZ GALLEGO, ESPOSA DE PABLO ZELAYA SIERRA, ¿FUE MILITANTE DEL PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA?
Oscar Aníbal Puerto Posas
Palabras preliminares.
Una mujer extraordinaria: REBECA PATRICIA SANTOS, hasta hace poco
presidenta del Banco Central de Honduras, me hizo llegar el libro: “Pablo
Zelaya Sierra, el legado de un artista universal” (Honduras, Costa Rica y
España). Escrito por Luis Alonso del Moral, español, en excelente prosa,
cuidadosamente urdida. Consciente, el escritor, que estaba escribiendo la vida
de un inmenso artista. No tuvo que buscar en los archivos. Las hermanas de
Pablo Zelaya Sierra, guardaban con celo cuanto recorte periodístico se publicó
en Honduras sobre nuestro eximio artista. En Madrid obtuvo también información
fehaciente, sobre todo en lo relacionado a la viuda del pintor Filomena Rosina
Rodríguez Gallego. Mejor conocida -el nombre es extenso- como “Filo”. Y también
datos sobre su unigénito Pablo Zelaya Rodríguez. Que no heredó el talento de su
padre (fue un modesto mecánico electricista).
El BCH, guarda gran parte de las
obras pictóricas de Pablo Zelaya Sierra y de otros grandes artistas hondureños.
Roberto Ramírez (1908-1997), primer presidente del Banco Central, le dio ese
sesgo. Amistó el dinero con el arte. Sus sucesores, siguieron su ejemplo.
Algunos y algunas con apatía. Rebeca Santos, retomó ese sendero. BCH tiene
varios museos: El de Arte; el numismático y el filatélico. Asimismo, edita
obras raras y maravillosas, cual la que acabo de citar. Fue un legado magnífico
el de abogado, catedrático de Derecho Mercantil, exdecano de la Facultad de
Derecho, entre otras galas espirituales que caracterizaron al doctor Roberto
Ramírez, de toda nuestra consideración. Él y ella hicieron mucho por Honduras.
El abogado Roberto Ramírez, era poseedor de la mejor biblioteca de Honduras y,
además, que se sepa es el único compatriota que murió estudiando. Su familia,
lo encontró ya muerto, con un libro abierto entre sus manos.
Pablo
Zelaya Sierra: síntesis vital
Pablo Zelaya Sierra (1896-1933). Es, sin duda, “el más completo y genial”
de los pintores hondureños. Toda su vida artística transcurre fuera del lar
nativo. Nació en cuna humilde. Su padre fue, además de pequeño agricultor,
imaginero (fabricante manual de imágenes religiosas). Zelaya Sierra era oriundo
del pueblo de Ojojona. Allí hizo sus estudios primarios y, finalizados estos,
viajó a Tegucigalpa. El director de la Escuela Nacional de Varones, el
benemérito don Pedro Nufio, le dio trabajo como conserje, lo que le permitió
obtener el título de Maestro de Educación Primaria. Pero su vocación no era el
magisterio; por ello, viajó a San José de Costa Rica. Lo hizo caminando. Tardó
en llegar 4 meses. En la república hermana trabajó como Maestro y estudió en la
Escuela de Bellas Artes de San José. Comenzó a realizar excelentes trabajos al
óleo que concitaron la admiración de los intelectuales de esa nación, quienes
gestionaron, ante el gobierno hondureño una beca que le permitió estudiar en la
famosa Academia de Bellas Artes San Fernando (Madrid, España).
Tuvo maestros notables -dice Mariñas Otero- (véase “Acercamiento a la
cultura de Honduras”, 2000, p. 92). Tales como Benedicto y Daniel Velásquez
Díaz. España significó mucho para Pablo Zelaya Sierra. En el país de Picasso,
Juan Gris, Juan Miró y Salvador Dalí, residió más de 12 años. Contrajo
matrimonio con Filomena Rosina Rodríguez Gallego. Regresó a su patria, solo a
morir; en plena juventud, tenía 37 años. El gobierno de Honduras, quedó en
deuda económica con el artista. Si bien no mereció la atención del doctor Vicente
Mejía Colindres y del licenciado Tiburcio Carías Andino, presidentes de la
República en aquellos remotos años. La otra deuda es moral; pocos, muy pocos,
sabemos quién fue Pablo Zelaya Sierra. La peor ofensa a un artista es el
olvido. Él, en cambio, amó a Honduras. Para aproximarnos a sus sentimientos,
basta ver sus cuadros: “La muchacha del huacal”, “Dos campesinas”. Da la
impresión que Zelaya Sierra, se llevó la patria en sus retinas. En tanto:
“Hermanos contra hermanos”, es una denuncia contra las guerras fratricidas.
Hablemos
de Filomena Rosina Rodríguez (“Filo”), su esposa
Nació en Madrid, el 11 de agosto de 1888. Mayor
por una década que su esposo. Lo que no fue obstáculo para un amor apasionado.
Solo procrearon un hijo: Pablito. Zelaya Sierra, decidió trasladarse con su
familia a Honduras. Proyecto del que desistió porque en su patria observó
barruntos de guerra civil. Partió solo, a pesar de que ya había enrollado los
cuadros y comprado los billetes para su mujer e hijo. Seres amados a quienes no
volvería a ver.
Pasarían muchos años para que Filomena viajara
a Honduras. 1954, para ser precisos. Gobernaba Juan Manuel Gálvez (1887-1972).
Fecha en que se ratificó el acuerdo sobre la pensión de ochenta lempiras
otorgados por el Congreso hondureño, se llevó a cabo la venta de la obra y se
pudo cobrar lo estipulado. La venta al Banco Central de Honduras de ocho
cuadros a elegir, proporcionó una ganancia de 15 mil lempiras; además, se
vendieron otros cuadros a particulares. Doce años de larga espera,
fructificaron al fin. Hay que reconocer el apoyo de grandes escritores
nacionales: Arturo Martínez Galindo, Medardo Mejía, Luis Andrés Zúñiga y el
doctor Salvador Corleto.
Después del óbito de Zelaya, la vida se volvió
muy dura para Filomena. Pero era una mujer de temple y supo sacar adelante a su
pequeño hijo. Trabajó de modista, asistente de ancianos y otras labores
humildes.
En 1936 estalla en España la Guerra Civil.
Filomena se incorporó inmediatamente, como responsable de intendencia sanitaria
en un Hospital de Sangre en El Escorial. Allí coincide con MATILDE LANDA
(escribo su nombre con letras mayúsculas, porque fue una mujer extraordinaria).
Dirigente del Partido Comunista, desarrolló una ingente labor de resistencia
antifascista. Tan grande es su legado que para hablar de ella abriré capítulo
aparte.
¿Quién
fue Matilde Landa?
Acudo a la sapiencia de Manuel Vásquez
Montalbán, en su obra: “Pasionaria y los siete enanitos: “El Comité Nacional de
Mujeres antifascistas, presidido por Dolores (Ibárruri), jugaría un importante
papel movilizador y unitario porque reunía a destacadas militantes de
diferentes formaciones políticas progresistas y muy diversos status sociales:
Constancia de la Mora, Isabel de Palencia, Irene Falcón, Luisa Álvarez del
Vayo, Caridad Mercader, Clara Campoamor, María Martínez Sierra, Victoria Kent y
Matilde Landa”.
En la misma obra, Vásquez Montalbán da este
testimonio: … Mujeres como las “trece rosas” o Matilde Landa llegaron a la
muerte en su intento de reorganizar el PCE.
También es difícil creer que no haya
“catequizado” a Filomena Rodríguez Gallego. Fueron amigas íntimas; Filo fue
subordinada de Matilde Landa en el Hospital de Sangre.
¿Cómo
escapó doña Filo de la “razzia” fascista?
Según Pablo Zelaya hijo, su madre se salvó de
la represión franquista, a pesar de ser interrogada por su relación con Matilde
gracias a diversas circunstancias: el trato humanitario que proporcionó a los
hospitalizados de ambos bandos; su estratagema religiosa que le llevó a
esconder imágenes sacras debajo del colchón; y la suerte de conocer a una
persona relevante del bando vencedor; Luis Alonso del Moral, fiel a su
apellido, no da el nombre. “Los caballeros no tienen memoria”, reza un viejo
refrán español. Pero sí nos dice: “Filomena tuvo un novio diez años antes de
conocer a Zelaya. Este hombre, estaba felizmente casado; sin embargo, como dice
la canción del mexicano Alfonso Esparza: “Un viejo amor, ni se olvida ni se
deja”, siguió manteniendo en la post guerra, una relación de amistad con ella.
Persona vinculada al régimen franquista (jefe de falange e importante directivo
de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid), ejerció una acción
protectora sobre Filo y su hijo. Pablo consiguió, gracias a su mediación,
comprar lo que en España se llama “un piso” (para nosotros, un apartamento).
Allí la muerte sorprendió a doña Filo, el sábado 2 de febrero de 1980.
Sobrevivió 47 años a su esposo. Es inexplicable que Pablo Zelaya Sierra no haya
plasmado en el lienzo el rostro bello de su mujer.
Bibliografía
mínima
·
Del Moral, Luis Alonso, “El legado de un artista universal”, tercera edición,
Banco Central de Honduras, Tegucigalpa, 2025.
·
Mariñas Otero, Luis, “Acercamiento a la Cultura de Honduras”, Litografía
Iberoamericana, 1ª edición, Tegucigalpa, Honduras, 2009.
·
Vásquez Montalbán, Manuel, “Pasionaria y los siete enanitos”, Editorial
Planeta, 1995, Barcelona (España).
Tegucigalpa, marzo de 2026.

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