Mirador: “ESCUDO DE LAS AMERICAS”, ALIANZA Y DEFENSA MILITAR
Juan Ramón Martínez
El Escudo de las Américas es una propuesta
exclusiva de Estados Unidos a sus “amigos”. Los que no fueron invitados es
porque no los considera como tales. Y en tres casos: México, Guatemala y
Colombia, además se identifican como escenarios probables donde se librarán las
acciones en contra de los narcotraficantes y sus organizaciones. El discurso de
Trump, --entre informalidades y bromas--, insinúo que el primer espacio de
combate de la alianza militar será México. Los juicios sobre la presidenta
Sheinbaum no dejan duda que, para los analistas de Washington, su gobierno no
tiene la libertad para actuar, porque sus decisiones están sometidas a
intereses que operan fuera de los parámetros de su autoridad.
En términos simples es la multiplicación del
comportamiento exitoso de Estados Unidos en Venezuela. Aquí, Estados Unidos
actúa en solitario. Con “Escudo de las Américas”, actuará bajo el amparo y
apoyo de sus aliados. Aumentando eficacia en las futuras operaciones y lo más
importante, disfrutando de legitimidad para pasar por encima del derecho
internacional y operar fuera de las fronteras de los aliados, sin darle
explicaciones nadie. Constituyendo nuevas reglas que la potencia dominante
usará para defender sus intereses, bajo el supuesto que todo lo que es bueno
para Estados Unidos es bueno para los doce que conforman la alianza.
Pero, además, la alianza obliga – y esto no es
letra fina, sino que obligación natural dentro de las alianzas, legitimas o
ilegítimas – que ninguno de los miembros actuara unilateralmente en contra de
otro miembro sin violar los principios de la unidad que la sostienen. Es decir
que Bukele de El Salvador, por más que quiera intervenir en Honduras, el hecho
que los dos países sean miembros de la alianza, le impide hacerlo sin que los
otros diez países se lo impidan. O lo castiguen si procede unilateralmente. Este
detalle constituye un beneficio para Honduras. Y un mecanismo útil para obligar
a El Salvador a tener una actitud más amistosa hacia Honduras.
Pero fuera del ejemplo anterior toda alianza
militar – y esta lo es fundamentalmente –significa una disminución de soberanía
individual de los países miembros. Honduras no puede ser neutral en ninguna
operación que se haga en cualquier país que el liderazgo del Escudo de las
Américas determine que se debe actuar. Martin Torrijos, ex presidente de
Panamá, lo ha entendido muy bien. Y ha reaccionado de consiguiente. La
defensa de Panamá no es su neutralidad; ni un asunto exclusivo de los
panameños. Es prioridad del “Escudo de las Américas”, en que los doce países
tienen que defenderlo en caso de ataque o frente a la pretensión de cualquiera
potencia que busque su control. De igual manera la defensa de la “Base Soto
Cano” en Honduras y Comalapa en San Salvador, frente a la pretensión de una
potencia enemiga, ya no es asunto exclusivo de Honduras y El Salvador, sino que
obligación de los 12 países miembros. En pocas palabras, Estados Unidos ha
creada una OTAN en América Latina sin que los pueblos de América Latina lo
hayan pedido; o decidido.
Los ejércitos de los doce países, que
normalmente se han quedado fuera en la lucha en contra del narcotráfico. Ahora
tienen entre sus tareas la de dar el pecho, librar la lucha y vencer a los
carteles. Solos o bajo el liderazgo de los Estados Unidos. En la operación
contra Venezuela, militares del Comando Sur, mostraron desacuerdos. Uno de
ellos renunció. Ahora con el nuevo órgano militar la jerarquía está definida,
la misión muy clara; y las acciones predefinidas. Lo que hará falta será el
tiempo. Y la orden.
La Prensa, San Pedro Sula, Honduras 12 de marzo
de 2026.

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