Contracorriente: LA FUERZA “SOBERANA” DEL PODER
Juan Ramón Martínez
Nuestros antepasados tenían más libertad ante
el poder público. Había más cercanía entre el ciudadano y el poder y sus
instituciones. Respeto mutuo. Se dependía menos y cuando era necesario, la
revuelta pública y la montonera era la alternativa para cambiarlo. Los
hondureños eran más más “valientes” que ahora. Gonzalo R. Luque (Memorias de
un Soldado Hondureño) escribió que si ellos hubieran estado activos en
1969, los salvadoreños habrían mordido el polvo. Machete en mano se habrían
tomado San Salvador y derribado a Sánchez Hernández. Ningún militar le
respondió a Luque.
Otro autor escribió que “antes de la evolución
del estado, en la mayoría de las sociedades grupales y aldeanas el ser humano
medio disfrutaba de libertades económicas y políticas que hoy solo goza una
minoría privilegiada. Los hombres decidían por su cuenta cuánto tiempo
trabajarían en un día determinado, en que trabajarían… o si trabajarían” ( Marvin
Harris, Caníbales y Reyes).
Ahora las empresas más grandes son el gobierno
y las municipalidades. Son los empleadores más generosos y menos exigentes. Hay
familias – más de las 10 que inocentemente recordó Rixi Moncada en su
campaña—que cuando nacen sus hijos en vez de inscribirlos en el RNP los anotan
en el Servicio Civil. Trabajar en el gobierno da más prestigio que en la
empresa privada. Muchos miembros de esta última, no creen que su hoja de vida
sea distinguida si no aparece que han ocupado algún cargo público.
Las Universidades prepararan para el servicio
público. Recuerdo a
varios ganaderos con los que conversé una vez graduados sus hijos
en las Escuelas de Agronomía, me dijeron que debían trabajar en
al gobierno para que cometieran sus primeros errores y maduraran. En su
finca no permitirían que hicieran estupideces.
El poder era más pequeño. Ofrecía menores
servicios de tal manera que el ciudadano se las arreglaba por sí mismo, desde
la defensa de su vida, familia y propiedades; hasta sus derechos ciudadanos,
que no creia que fueran actos de buena voluntad del gobierno. El alcalde
municipal ejercía el cargo por un año. De forma que el que entraba sabía
que debía volver a la ciudadanía; por lo que era obligado portarse bien. Las
relaciones eran más horizontales y el intercambio entre gobernados y el
gobernante frecuente: en la calle, en el mercado donde se compraba la carne, en
el río donde se bañaban todos, en el campo de fútbol, en la misa, en la cancha
de gallos; y en los casamientos y velorios donde el encuentro era inevitable.
Ahora el Alcalde es elegido por cuatro años. Nos parece un error. Los ministros
del gobierno son figuras distantes, casi nunca vistas de cerca. El Presidente
de la República que vive en Tegucigalpa, es un milagro que haya la oportunidad
de verlo, saludarlo y menos de intercambiar palabras con él y su
comitiva. Cuando el gobernante sale a los pueblos, muchos le escriben
cartas apresuradas pidiéndole algún favor, mismas que entregan a sus
asistentes, en la esperanza que el Gobernante las lea, responda. Y les dé
alguna solución: un empleo para la hija, una beca para el cuñado, un regalo
metálico para atender una enfermedad; o una recomendación para que lo
“atiendan” en la aduana de San Pedro Sula, donde “le cobran muchos impuestos”.
En la medida en que pasa el tiempo, el
gobernante y sus ministros son más distantes. Carias Andino hizo toda su
carrera pública en la guerra; o como comandante militar en la Costa Norte. En
la campaña de 1932, no visito pueblo alguno fuera de Zambrano. Solo se comunicó
con sus “hombres” en cada municipio, mediante telegramas. Durante su
gobierno, los correligionarios que le pidieron ayuda para atender quebrantos en
salud, les enviaba aviones de la Fuerza Aérea a traerlos. Los atendían en San
Felipe y los devolvía recuperados. Para el caudillo la lealtad era el primer
mandamiento.
Ahora hay menos probabilidades de ver a los
gobernantes. En los últimos cuatro años nunca vi a Xiomara Castro, aunque
vivíamos en la misma colonia. Tampoco a Rixi Moncada que hizo una intensa
campaña presidencial. Almorcé con Asfura en nuestra casa. Nasralla no llegó.
Me sorprende el escándalo que ha provocado que
Asfura recibiera en Casa Presidencial a “Supremo”, --personaje de las redes
sociales--, que dicen que influye y “creen que le dará mucho prestigio
al Presidente de la República”.
La dependencia del ciudadano y la distancia del
poder gubernamental con las personas posiblemente sean dos fallas de la
democracia. El distanciamiento con el poder, más que libertad, ahora es
un peligro.

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