RELACIONES ENTRE ESTADOS UNIDOS Y HONDURAS: Joseph C. Tucker, aventuras y desventuras de un cónsul en Honduras
Anales Históricos
Juan Ramón Martínez
General José Trinidad Cabañas & General José
Santos Guardiola
Para los patriotas centroamericanos la independencia de los Estados Unidos
el 4 de julio de 1776, fue objeto de interés y esperanza. Sin embargo, el
conocimiento de la naturaleza y sentido filosófico del acontecimiento, solo
llegó por medio de México, que imitó el sistema federal estadounidense; pero
sin las instituciones previas que habían permitido para prefigurar la nación de
allá. Con alteraciones y eliminaciones, como toda copia, les llegó deformado el
federalismo estadounidense.
Mientras en Estados Unidos, los estados – las partes – fueron previas a la
Federación, en México y en Centroamérica, por el contrario, primero se creó la
Federación y después los estados. Pero al margen de estas diferencias, los
Estados Unidos vieron con simpatía la independencia de México y Centroamérica.
Los centroamericanos también, especialmente los salvadoreños que en un momento
consideraron la posibilidad de unirse a la federación estadounidense. En
la década de los veinte, unos pocos años después de 1823, Estados Unidos
reconoció la independencia de Centroamérica y acredito sus primeros cónsules.
El 5 de diciembre de 1825, Estados Unidos firmó un tratado de Navegación con la
Provincias Unidas de Centroamérica. En 1839, el presidente de los Estados Unidos
Martin Van Buren, “nombro a John Lloyd Stephens, enviado especial en
Centroamérica, con la misión confidencial de conocer de primera mano la
situación política de la región” centroamericana. (Julia Aguilar, Desde mi
Ventana, 2025, pág. 18).
Aunque tenía el enviado especial su sede en ciudad Guatemala, viajó
extensamente e incluso hizo un valioso reporte sobre las Ruinas de Copán, las
que por este medio fueron de conocimiento de algunos círculos académicos de los
Estados Unidos.
Por otra parte, el “Tratado de Paz y Amistad, Comercio y Navegación entre
Estados Unidos y Honduras” que fue firmado en Comayagua el 4 de julio de 1864,
le dio continuidad al firmado con las Provincias Unidas de Centroamérica. El
Presidente Monroe en 1823, ante la pretensión de España de recuperar sus ex
colonias que se habían declarado independientes, pronunció un discurso en que
sostuvo que “América era para los americanos”. Posteriormente se les ha llamado
a estas expresiones Doctrina Monroe, con diversas interpretaciones y
valoraciones. A Honduras como estado independiente Estados Unidos le reconoció
su condición de tal después de 1839. Los primeros cónsules con sede en Trujillo
y Comayagua, fueron entre otros John C. Skinner, Robert Montgomery, James R. Partridge
y Joseph Clarence Tucker en 1856 y Augusto Follin y su hijo Charles
Follin que estuvo acreditado en Omoa. También hay que mencionar el agente
consular Edward Pruduth acreditado en Trujillo. Aunque antes de ello había
enviado a agentes especiales a investigar la situación de la región.
Tucker es el nombre más famoso porque el gobierno de José Santos Guardiola
no aceptó sus credenciales. Ello provocó un incidente diplomático, posiblemente
el más importante de toda la historia de las relaciones entre ambos países,
porque el Cónsul nombrado una vez rechazado desplegó al regresar a los Estados
Unidos una campaña publicitaria con la que desprestigió al gobierno de
Honduras; y que algunos exaltados, incluso quisieron asimilar el rechazo a
Tucker, con un rechazo hacia los Estados Unidos de parte de Honduras, para lo
que incitaron en algunos sueltos periodísticos, que se declarara la guerra en
contra de la nación centroamericana.
Tucker era médico y amigo del influyente senador por California John B.
Weller (1812- 1876) que, para ayudar a su compañero y amigo, le consiguió en el
Departamento de Estado el cargo de Cónsul en Honduras. En 1855, con sus cartas
de presentación en el bolsillo, se encaminó hacia Centroamérica. Pero en vez de
bajar en Omoa o en Trujillo, se dirigió a Nicaragua “y se alistó en las filas
del entonces coronel William Walker, como Cirujano General interino
(sustituyendo al titular que regresó a Nueva York de vacaciones, para no volver
a Nicaragua) (John Moran, Potencias en Conflicto, Ediciones 18 Conejo, 2010,
págs. 9,10).
Para entonces en Honduras, el “liberal” José Trinidad Cabañas había sido
depuesto por un movimiento armado dirigido por el general Juan López y apoyado
por el presidente Rafael Carrera de Guatemala. El gobernante de Honduras era
José Santos Guardiola, conservador y enemigo de Walker y de quienes le seguían
como gobernante de Nicaragua. Algunos “gringos” residentes en Honduras como el
doctor Albert C. Wells, -residente en Yuscarán- propalaba en las conversaciones
privadas su admiración por Walker y expresaban sus juicios beneficiosos para el
país vecino, una vez que fuera gobernado por los estadounidenses. El doctor
Wells había sido médico del ejército de Honduras. Pero además Wells, no era un
hombre comedido. Todo lo contrario “su comportamiento escandaloso e indiscreto
a favor del General y ex presidente Trinidad Cabañas (1805—1871) y el General
Walker, causó serias dificultades e inconvenientes para elllos mismos Supremo
Gobierna en sus relaciones con los Estados Unidos porque Wells logró vincularse
con el doctor Tucker y su malograda misión”.
En una de sus borracheras, Albert C. Wells fue encarcelado en Yuscarán lo
que utilizó también Tucker a su favor al regresar a los Estados Unidos para
desacreditar al gobierno de Honduras. Las autoridades consulares preguntaron al
gobierno de Honduras sobre la detención del doctor Albert C. Wells. El gobierno
de Honduras fue muy ambiguo. Primero negó el encarcelamiento. Y después calló.
Wells al regresar a los Estados Unidos declaro que había estado preso durante
dos meses y había sido objeto de malos tratos por parte de las autoridades
hondureñas. Pero sin aportar pruebas al respecto.
Lo que ocurría en Nicaragua era de sumo interés para el gobierno de
Guardiola. Tenía espías allá y los viajeros que atravesaban Honduras, traían
informaciones alarmantes la mayoría de ella. La lucha en Nicaragua en la base
tenía como fundamento una pelea entre conservadores y liberales. Los
aventureros encabezados por Williams Walker apoyaban los enemigos de José
Santos Guardiola en Nicaragua. Y por ello Guardiola temía que al triunfar alla,
apoyará a sus adversarios y lo depondrían del poder.
Además, en su círculo más cercano tomó fuerza la especie de que, si Walker
se imponía en Nicaragua en forma definitiva, el próximo paso sería el de
reponer al general José Trinidad Cabañas en el gobierno de Honduras y
expulsando del poder al presidente Guardiola. Los amigos de Cabañas, negaron la
especie y no pocos intelectuales de entonces, evitaron caer en la especie con
la que, lo que se quería era denigrar al ex presidente Cabañas. Sus amigos,
escribieron y varios historiadores han demostrado que Cabañas no tenía interés
de regresar al poder sobre los galones de Walker. Lo que sí es cierto es que
exploró las posibilidades y para ello Cabañas viajó a Nicaragua. Efectuó
algunas aproximaciones con los miembros del círculo de Walker y tomó el pulso
de la situación y desarrolló el concepto que nada podía obtener de su
aproximación y amistad con los filibusteros. Regresó a Granada. Allí estuvo
algunos días y después embarcó hacia San Miguel en enero de 1856, El Salvador,
donde residía.
El general José Santos Guardiola no tenía muy buena reputación. Era temido
y odiado por sus enemigos y celebrado y querido por sus seguidores,
especialmente los más anti liberales entre los hondureños. Es útil una
descripción de un estadounidense sobre el gobernante hondureño:
“Es un mestizo prieto, fuerte y corpulento, con una cara que manifiesta su
diabólico comportamiento, pero bien querido de sus soldados a quienes
consciente en todos los aspectos. A la intemperancia alcohólica pueden
agregarse todas las lacras que afligen a los viciosos habitantes de
Centroamérica; frecuentemente en sus borracheras ordena fusilar a
personas que en nada le han ofendido, mientras en todo momento está presto
a ordenar la ejecución inmisericorde de cualquiera que exprese inadvertidamente
cualquiera opinión que pueda molestarle en lo más mínimo. Tiene la costumbre de
hacer llamar a las mujeres más guapas de los lugares por donde pasa, y después
de aprovecharse de ellas en la forma más baja, las arroja de su lado con los
epítetos más ofensivos; a pesar de esto, puede afirmarse que es el mejor
general que existe en Centroamérica, y aun que es el mejor que este país ha
tenido. A semejanza de Mario, el caudillo romano, sus modales groseros le
sirven para aterrorizar al enemigo; de aquí que, mientras la llegada de Cabañas
o cualquiera de los otros jefes es recibida tranquilamente por la población, la
sola mención del nombre de Guardiola basta para que los habitantes huyan a los
bosques, abandonando todas sus posesiones” (Dunlop´s Travels In Central
América pág. 237, citado por William Wells en Exploraciones y Aventuras en
Honduras, 1857, pág. 463, Banco Central de Honduras, 1960)
Como decíamos antes el gobierno de los Estados Unidos nombró cónsul en
Honduras al señor Dr. Joseph C. Tucker. Era un hombre temperamental y con
un carácter dispuesto a la violencia a la primera provocación. Además, “como
hombre de su época aficionado a inventarse méritos y honores que no siempre
correspondían con la realidad.” “Por mucho tiempo había ocupado el puesto de
Cirujano general del departamento de California de la Frand Army of the
Republic; es decir, una organización fraternal de miles de veteranos unionistas
o federales de la guerra contra el sur de los Estados Unidos (1861-1865). El
año anterior Tucker fue elegido Cirujano General del GAR. Al ser descubierto en
su mentira, Tucker presentó su renuncia; pero no le fue aceptada por la
directiva nacional porque determinaron que él nunca fue un miembro legítimo;
fue expulsado formalmente. Tal comportamiento obliga a entender porque las
autoridades hondureñas le dieran poca credibilidad a Tucker cuando lo
interrogaron en 1856” (John Moran, 267).
Su personalidad, los hechos que se atribuía, sus antecedentes no le hacían
un hombre que despertara confianza. Además de la fanfarronería típica de su
tiempo, su narrativa era poco creíble por quienes le escuchaban. Era un
mentiroso muy desafortunado. No tenía quien le creyera.
Una vez nombrado Cónsul de Estados Unidos en Honduras, Joseph C. Tucker
ingresó al país por una vía equivocada. En vez de hacerlo por Omoa o por
Trujillo lo hizo por Chinandega y Choluteca. Desde que salió de la zona
dominada por Walker y sus seguidores, empezó a tener problemas. Las fuerzas
militares anti Walter, le interrogaron y le crearon muchos inconvenientes. Al
ingresar a Honduras sus problemas aumentaron. Hablaba poco español, sabía muy
poco de la cultura dentro de la que se movía; y lo peor, no tenía respeto por
los funcionarios hondureños que le interrogaron en su marcha hacia Comayagua.
Además, la sospecha y las dudas sobre sus objetivos en la región, le
anticiparon una actitud de rechazo elemental por parte de muchos que tuvieron
contacto en su ruta. Los espías del gobierno de Honduras, desde Nicaragua,
informaron que Tucker había participado como cirujano en la campaña militar de
Walker. La narración de su viaje de Nicaragua hasta Comayagua, fue un verdadero
calvario. “En Choluteca, en Honduras, más bien en la frontera encontré la
primera dificultad seria; entonces mis sirvientes nativos desertaron
inmediatamente que entré a este pueblo, reclamándome el pago de un mes por la
semana que me habían servido” (Carta de Tucker a su hermano Gideon, mayo 28
de 1856).
Pero antes, había tenido otras dificultades. “El ex presidente José María
Estrada de Nicaragua con unos cien soldados nativos, estaba allá en la línea
entre Honduras y Nicaragua impidiendo entrar a cualquiera. El y el alcalde, me
citaron a comparecer ante el ayuntamiento y dar cuenta de mi visita.
Afortunadamente para mí, encontré un alemán – un coronel del ejército de
Estrada—quien habla inglés y quien interpretó para mí. Después de muchas
preguntas, muchas de las cuales se trataban sobre Nicaragua, los movimientos y
las fuerzas del Gral. Walker. Rehusé contestar o más bien dije que no sabía
nada; me reclamaron los papeles. En esto le pregunte que deseaban. El
alcalde dijo que llevaba en el sombrero un águila dorada, la enseña de la
Legación de los Estados Unidos; que viajaba con la bandera de los Estados
Unidos, que estaba en camino para la capital para presentar mis papeles ante al
gobierno y que reconocía a nadie más para reclamarme. Después de una prolonga
consulta entre ellos, y otra revisión de mi pasaporte del gobierno de
Nicaragua, dijeron que estaba libre para continuar hacia el interior y me
aconsejaron que me debía apresurar” … “Entonces me dirigí hacia Comayagua, la
capital de la República, e inmediatamente me dirigí al Ministro de Relaciones Exteriores.
La carta me fue devuelta después de unos días por manos de un sirviente sin
sobre, sin mención y dirección, con un mensaje verbal. …. Por mientras, yo
había sido presentado informalmente a su excelencia el Presidente Guardiola,
quien, durante la entrevista, expresó una duda acerca de la autenticidad de mis
credenciales, diciendo que él no conocía al Señor Mercy ni su firma, ni el gran
sello del gobierno de los Estados Unidos. Trate de explicarle que una
falsificación de esa naturaleza, si fuera posible hacerla, seria descubierta de
repente, sirviéndole de nada a la persona que la había cometido; pero el quedo
resuelto con su impresión desfavorable del documento, aunque su manera de
recibirme fue cortes en sumo grado” “Teniendo pruebas que el Gobierno de la
República de Honduras posee documentos que llevan el sello y firma del
secretario de Estado ( de los Estados Unidos) y dudando de las de la sinceridad
de las razones dadas para no recibirme, no conteste la carta del Ministro de
Relaciones Exteriores, ante bien sin más ni más deje el país por Omoa” (Carta
al secretario de Estado, 24 de julio de 1856, en Moran 265).
Tucker regreso a los Estados Unidos, ofendido y frustrado. Desembarco en
Nueva York. “ Los rumores de la denegación se habían adelantado en otro barco.
Como una consecuencia el entonces diario principal de los estados Unidos, el
New York Herald, mando un reportero para pedirle a Tucker una entrevista.
Tucker, con razón, molesto por lo que le había ocurrido en Honduras, logró
causar un gran escándalo que impulsó al Senado de los Estados Unidos que le
exigiesen al Presidente (Partido Demócrata) general Franklin Pierce que les
diera explicaciones. Este dio órdenes al Departamento de Estado par que
exigiesen explicaciones al Supremo Gobierno de Honduras. La prensa
norteamericana de más influencia consideró el cierre de los puertos hondureños
al ingreso de inmigrantes norteamericanos y lo que le pasó a Tucker como
declaraciones indirectas de guerra por el Supremo Gobierno de Honduras” (Moran,
pág. 10).
El tercer incidente y que coincide con el fracaso de Tucker en su misión en
Honduras, es que en esta misma fecha y como resultado de la actitud de
Guardiola con respecto a los estadounidenses que merodeaban en Centroamérica,
aprovechando las divisiones políticas en Nicaragua y Honduras “dictara leyes
prohibiendo el ingreso de extranjeros al interior del país por cualquier
motivo, y celosamente ha excluido a los norteamericanos hasta de poder residir
en los puertos marítimos (William Well, pág. 464 citado por John
Moran).
En el informe que Tucker rindiera al Secretario de Estado de los Estados
Unidos, le indica que le “Adjunto para usted cartas de norteamericanos” en que
informan “que el Supremo Gobierno de la República de Honduras recientemente ha
emitido un decreto en el que instruye a los Comandantes de los pueblos y los
puertos que prohíban a los “americanos” que entren al país si no poseen
capital, un oficio, o una manera visible de sostenerse, vengan con sus familias
y entreguen sus armas de fuego. Esto a pesar de un decreto permanente en que el
Supremo Gobierno invita a los emigrados y de un tratado de amistad con los
Estados Unidos” (United States, Congress, 34 Senate, Executive Document N°
105, Mensaje of Presidente, En Morán pág. 266).
La medida restrictiva del gobierno de Honduras tenía sentido y no podía ser
considerada contradictoria con el decreto a que alude Tucker, porque en el
fondo, lo que quería el régimen de Guardiola era que los aventureros
estadounidenses ingresaran a Honduras con sus armas y además de apoyar a Walker
en su guerra en Nicaragua, pudieran en algún momento levantar armas en contra
del gobierno de Honduras. Antes de la emisión del decreto a que alude Tucker,
los norteamericanos fueron muy bien recibido. Pero con Walker en Nicaragua y
Honduras preparando tropas para en coalición con los demás países de
Centroamérica expulsarlo de la región se puede entender el clima de rechazo que
algunas veces se tradujo en abusos y exaltados comportamientos especialmente en
las zonas mineras de Olancho.
Al final, el asunto se diluyó. La opinión pública de los Estados Unidos se
interesó en otros asuntos. En Honduras muy pocos recuerdan el incidente en que
un Cónsul de los Estados Unidos, fue rechazado por un gobierno hondureño y tuvo
que regresar a su país porque no confiaron en la profesionalidad de su misión.
Y menos en sus documentos oficiales.
Tegucigalpa
marzo 31 de 2026
Bibliografía:
1. John
Moran, Potencias en Conflicto, Ediciones 18 Conejo, Tegucigalpa, 2010.
2. William V.
Wells, Exploraciones y Aventuras en Honduras (1857), Banco Central de Honduras,
Tegucigalpa 1960
3. Julia
Aguilar, Desde mi Ventana: Una mirada al pasado de Copan, Copan Ruinas, 2025.

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