Contracorriente: BUKELE, ¿CONQUISTADOR DE HONDURAS?
Juan Ramón Martínez
Bukele tiene una conducta bipolar.
Gratuitamente inamistosa con los gobernantes hondureños. Muy cercana; -- casi
melosa -- con la población. Ha sido indiferente, lindando con la enemistad, con
los tres gobernantes hondureños que coincidieron con sus años en el poder. En
privado alimenta la idea que los territorios hondureños que por sentencia de la
Corte internacional de Justicia volvieron a la soberanía nacional, retornaron a
ser salvadoreños. Públicamente vive preocupado por que los “salvadoreños” –
que no son tales porque nacieron en territorio hondureño-- reciban todas las
atenciones que se merecen. Y busca transmitir la idea que el gobierno suyo no
abandona a sus ciudadanos jamás. Y que en el largo plazo, esos territorios
volverán a ser parte integral del estado cuscatleco.
Durante ha gobernado El Salvador, no ha
visitado nunca a Honduras. No ha llamado a ninguno de los tres gobernantes
nuestros. No vino a las tomas de posesión de ninguno. No ha intercambiado carta
alguna, -- como se acostumbra -- para felicitarlos. Tampoco se ha adherido al
Tratado Ortega—Hernández porque no acepta que Honduras tenga acceso soberano al
océano Pacifico.
Ante estos hechos, la pregunta es inevitable
¿qué quiere Bukele? ¿Conquistarnos, bajo el concepto que Centroamérica debe ser
una región integrada bajo su liderazgo y unida política y económicamente? O
simplemente quiere recuperar los “bolsones”, especialmente el de Nahuaterique
que durante la pasada guerra civil, estuvo bajo el control del FMNL, del que
unos años después fuera miembro destacado. Cualesquiera sean sus propósitos,
Bukele tiene que reconocer que Centroamérica es un problema real. Que nos
bastan los deseos, o mandar a confeccionar una chaqueta Morazánica para
convertirse en Francisco Morazán.
La región centroamericana está políticamente
dividida. Económicamente no ha podido especializarse, de forma que la
integración reditúe beneficios justos para todas las naciones forjadas después
de la ruptura del Pacto Federal en 1839. En términos partidarios, Bukele carece
de ideas democráticas que compartir con los centroamericanos, excepto sus
visiones carcelarias, su metodología de seguridad a cambio de libertad, el
irrespeto a la Constitución; y su vocación dictatorial. Ortega no tiene nada
que aprender. Arévalo, no lo necesita. Asfura tiene una conducta respetuosa de
la ley y mandato democrático. Extrañamente, solo tiene la adhesión y la
admiración de Rodrigo Chávez, que ha roto todos los límites de la tolerancia de
los ticos y desenvainado la sonrisa falsa del “dictador amable” que ofrece
seguridad a cambio de renunciar a la libertad.
En Honduras cuenta con algunos admiradores. En el pasado, hasta cinco alcaldes
lo visitaron y tuvo la habilidad de recibirlos, poniendo en evidencia que el
gobernante hondureño no los atendía. Pero de esos alcaldes, en las
elecciones, tres de ellos perdieron el cargo. Este es un simple detalle.
Ahora, ha incurrido en una provocación que no
le hace mérito a su talento. Están muy bien las actitudes fraternas.
Cuando uno ha sufrido, el otro ha estado al lado. Honduras le metió el hombro a
El Salvador, cuando el FMNL arrinconaba a las FFAA salvadoreñas. Entonces en
territorio hondureño se entrenaron los soldados que impidieron que el FMNL se
hiciera con el poder en El Salvador. Esta ayuda -- que ofendió a muchos
hondureños --, se hizo en un plan de solidaridad que corresponde a la forma
como los demócratas responden cuando están amenazadas. Claro, Bukele, no es de
las fuerzas democráticas.
Ahora ¿que pretende? Es ingenuo darles a los
alumnos hondureños de Nahuaterique cuadernos y cartillas salvadoreñas, cuando
están en escuelas hondureñas, bajo la dirección de profesores hondureños. Igual
que el sargento que frenó el ingreso del Ministro de Educación, los maestros
saben cuáles son sus obligaciones; y hasta donde pueden permitirle a Bukele,
mantener la ficción que esos niños deben pensar como salvadoreños. La actitud
oportunista del alcalde de Piraera, no debe confundirlo. Los hondureños no
estamos para conquistas. Aquí sabemos quién es Bukele. Que busca y cuál es la
naturaleza de la dictadura que ha instaurado en El Salvador.
Para concluir, una recomendación: debe saber que en Honduras tenemos un régimen elegido popularmente. Si quiere negociar con Honduras, demuestre que nos respeta, permitiendo la demarcación de la bocana del océano Pacifico. Y si quiere el bienestar de los habitantes de los bolsones, coopere dando servicios, igual que nosotros le damos a los salvadoreños en los lugares en que su gobierno no les atiende convenientemente. Este no es tiempo de conquista. Su marcha hacia la dictadura es consentida por los salvadoreños. Los hondureños, tenemos otros caminos. Que los seguiremos con la libertad que hemos caminado siempre. Sin “dictadores” que nos marquen el paso.

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