Contracorriente: HONDURAS, PROBLEMAS Y SOLUCIONES
Juan Ramón Martínez
Los problemas de Honduras están intactos. Nadie
debe creer que se resolverán en 100 días. Que solo es cambiar de partido; de
unas caras por otras. Se trata de modificar una compleja matriz de
anormalidades que para corregirlas, hace falta un acuerdo multipartidario y un
liderazgo competente para comprometer la energía de la sociedad. Tanto en
la neutralización de las fuerzas negativas como en la movilización de las que
actúan en favor del cambio y la normalización. El cambio de un partido por
otro, es un trámite. El modelo democrático, ofrece un espacio de
concertación para que la energía política económica y social, derive en una
dirección positiva y enriquezca la capacidad colectiva para dirigir su destino
y lograr los cambios que urgimos desde hace más de cien años.
Asfura recibió un mandato frágil. Apenas 17.000 votos de diferencia
con respecto a Nasralla. De manera que es un error caer en falsos
triunfalismos; embriagarse de arrogancias tropicales, creyendo que con el
control del Ejecutivo –frágil y desorientado– o un Legislativo que fuera del
juicio político, el aumento de las sesiones y la aprobación del empleo por
hora, no ha introducido reforma alguna que signifique que tiene una visión
de las urgencias transformadoras que requiere el país. Porque no basta
quitarle la gorra a Casaña. Las dificultades para formar mayorías necesarias
para nombramientos de los sustitutos del Sistema Electoral, ilustran la
fragilidad del mandato del PN.
Lo decimos para llamar la atención ante el
triunfalismo alocado de Zambrano, que carece de fundamento objetivo. No sabemos si es una estrategia
para crear un ambiente que llene el vacío de Asfura; que se prepare para
sucederlo como JOH con Pepe Lobo; o simple ingenuidad de Zambrano. El PN no
solo tiene un mandado de poco respaldo, sino que además, ha empezado a mostrar
un distanciamiento incomprensible hacia la ciudadanía que, en el sistema
democrático es –más que las elecciones mismas– la fuente del poder. Al fin y
al cabo, gobernar es animar, unir y convencer. Para lograr objetivos que
consoliden el bien común.
Los últimos acontecimientos: el reto del
Presidente Bukele en Nahuaterique, la revuelta de los importadores de cemento
barato y de inferior calidad de China, la toma de las entradas a la capital por
los camioneros indignados, las masacres en Rigores, Colón; y el comportamiento
de la Policía en el caso de Corinto, Omoa donde fueron emboscados cinco
miembros suyos no son buenas señales. Confunden. No se sabe porque se
producen. ¿Son fruto de pelas entre facciones Policiales? O entre pandillas.
Cualquiera sea la causa son retos al PN.
Como todo también tienen un lado
positivo. Sirven para que Asfura tome conciencia de la fragilidad de su
mandato, la peligrosidad del triunfalismo de Zambrano y la extraña somnolencia
de un gabinete que no ha mostrado imaginación y creatividad que haga pensar
que en el Ejecutivo hay un equipo con capacidad y disposición de
romperse el pecho para servir al pueblo.
Lo que vemos en el PN es una especie de
soberbia que no toma conciencia de su debilidad para manejar individualmente
los problemas. Y sin tomar conciencia que debe decidir entre Maquiavelo
–que enseñó que el poder es un premio– y Tomas de Aquino que legitima el poder
por la satisfacción ciudadana. Para entender que gobernar solo es legítimo
cuando consigue el respaldo y el aplauso popular. Porque gobernar es un
plebiscito diario, en el que el gobernante tiene que estar preguntándose
diariamente si lo que ha hecho es correcto; y para ello, -tiene que oír al
pueblo en forma cercana y constante-para saber si el gobierno va en buena
dirección, si debe aumentar la velocidad; o debe cambiar a los “maquinistas”
del tren gubernamental.
Falla Asfura y el PN. Olvidan su debilidad.
Solo ganaron la presidencia con una frágil minoría. Tienen que pactar con el
PL porque el peligro –el enemigo que nunca duerme– está preparado para
tomarse la revancha en las próximas elecciones. Mel está bien. Marlon
Ochoa, Johel Zelaya y Mario Morazán, son “pirrachas” políticas. Prescindibles.
El PLR, está intacto. No deben menospreciarlo. Creer que está muerto y que solo
falta celebrar el funeral, es un error.
El PN no puede gobernar solo. Debe formar una dirección
colectiva con el PL. Evitando que Asfura se distancie del pueblo. Zambrano no
es alternativa; ni co-gobernante, ni príncipe. Este es un gobierno de obligada
integración. Pensar lo contrario es caer en el infantilismo que solo presagia
males adicionales al país que requiere soluciones y alternativas que no vemos
en la dirección nacional. Hasta ahora.

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