Contracorriente: LA “GUERRILLA” DE LOS RETRATOS
Juan Ramón Martínez
Hemos tenido acciones irregulares, entre la
clase política en el pasado. Igual o más ridículas –por sus nombres– que la que
comentamos ahora. Solo por el nombre, recordamos la “guerra de las
crinolinas”, después de la muerte del presidente Guardiola; y por lo
despectivo en contra de los hondureños, “La Guerra del Futbol”, como se
llamó en la prensa internacional a la agresión salvadoreña de 1969. Pero
ahora, la “guerrilla de los retratos” la efectúan diputados del Congreso
Nacional, políticos de alguna ilustración; pero dominados por el rencor que
obnubila sus capacidades mentales y los vuelve niños, frente a los hechos
históricos. El retiro de la fotografía de Luis Redondo y su sustitución por la
de Jorge Cálix, tiene sus antecedentes.
Durante la administración de Xiomara Castro del
Salón de los Retratos se retiró el retrato de Roberto Micheletti Bain ex
presidente de Honduras. “Por golpista” Dejando el espacio vacío. Ahora
hay un “avance” en el irrespeto histórico y el ridículo: el vacío es llenado
por una persona que no ejerció el cargo de Presidente del Congreso. Luis
Redondo si ejerció la condición de titular del legislativo. Criticado,
cuestionado, odiado por muchos; pero históricamente probado que actuó y
ejecutó acciones de Presidente de la Cámara legislativa, evidenciado en los
periódicos, en los filmados de la televisión y, fundamentalmente en La Gaceta,
órgano oficial del gobierno de la República de Honduras.
Además de ser un acto que conspira contra la
verdad y ofende a la ciudadanía que ha exigido –no siempre en forma audible-
que se respete la historia y la juridicidad, se trata de una “guerrilla”
rencorosa, con olor a pañal orinado, de un grupo de diputados sin
vergüenza alguna, irresponsables; e incluso, comportándose como facinerosos interesados
en modificar el pasado.
Los maestros en esta materia fueron los
soviéticos una vez que tomaron el poder en Rusia en 1917. Fusilaron al Zar y a
toda su familia –para que no hubiera sucesores– y borraron su nombre de
forma que las nuevas generaciones no supieran que había existido. Los
resultados confirman que estos actos rencorosos, infantiles de guerrilla
orillera en contra de la memoria histórica, no duran porque la verdad,
siempre termina por imponerse.
Hay motivos para rechazar la gestión de Luis
Redondo al frente del Congreso. Su elección fue irregular e ilegal. Estuvo
cargada de violencia y su juramentación no siguió los cánones legales. Pero
fue un hecho histórico, que le permitió realizar acciones que siguen vigentes:
aprobó varios presupuestos de la República, juramentó a la mayoría de los
funcionarios a nombre de los diputados, incluso de muchos que ahora quieren
borrar su nombre en un acto de venganza y que fueron muy obedientes en
su momento cuando ejercía la dirección del Congreso. Nunca mostraron la
dignidad y el valor que exigían las circunstancias. Incluso, muchos de los
ahora rencorosos que lo quieren borrar de la historia, le llamaron Señor
Presidente en múltiples sesiones presididas por una persona que todos saben que
no goza de nuestro respeto y consideración.
Si rechazamos el acto infantil realizado por
una guerrilla política mal formada, sin un che Guevara mortal que la dirija, es
por ser contraria a la historia, por la cobardía con que se hace; y por el
irrespeto a la ley, al elevar a Jorge Cálix a la calidad de una presidencia que
nunca ejerció, porque aunque elegido en la sesión preparatoria el acto
final de toma de posesión fue violentamente interrumpido y nunca ejercido
acción que puede permitir indicar que en la lista de los presidentes del
Congreso haya que incluir su nombre.
Además, rechazamos el acto por la cobardía con
que se ejecuta. Más como acto pandillero que como acción reparadora.
Quien ejecuta estas acciones, incluso en nombre del rencor y el disgusto, tiene
que tener las alturas que corresponden. Es más mezquina esta acción que la que
en su tiempo ejecutó Redondo. Con lo que se legitima lo que se critica; e
incluso, elevando en dignidad al objeto de sus venganzas y rencores.
El Presidente del Congreso Tomas Zambrano debe
rectificar la vergüenza cometida. Tienen que ser adultos, serios y responsables. Si tienen deseos de
mostrar su disgusto –que no podemos decir que no tengan– en contra de Luis
Redondo, hay formas más respetuosas de la verdad y de la legitimidad mejores
que las acciones rencorosas que han usado hasta ahora. Que ha recibido el
rechazo de la generalidad, empezando por quien suscribe este artículo. No
por amigo de Redondo, sino que por amigo de la verdad. ¿Estamos?

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