Contracorriente: LOS 100 DÍAS DE ASFURA (3/3)

Juan Ramón Martínez 

Es oportuno ratificar la finalidad de estos análisis. Buscamos tendencias, identificando el estilo ejecutivo presidencial para valorar al Gabinete y por el arranque, anticipar sus posibilidades. Y como desiderátum, predecir el grado de éxito que puede lograr en estos cuatro años que le ha dado el pueblo.

No hay duda que Asfura es un pragmático que sabe lograr resultados y que los juicios sobre los logros materiales lo animan mucho. Esto es bueno. Sin embargo, hay que observar algunas fisuras que los pragmáticos no atienden; pero que en términos de percepción, se constituyen en la base de los juicios que la población hace de las gestiones de sus gobernantes. Notamos en Asfura una clara debilidad: no tiene un discurso, -ahora llamado relato- para dar esperanzas al pueblo y permitirle conceptuar que su gobernante es un hombre preocupado que a cada rato, le da resultados; y que le construye esperanzas.

En el equipo de Asfura no hay intelectuales. En Cultura por ejemplo, nombró a una persona de otras virtudes y capacidades que la titular del gobierno anterior. Hasta ahora, no muestra ningún atisbo que entiende la cultura hondureña. Tampoco que haya desarrollado para su administración un relato que repetido, haga pensar al pueblo que estamos en una nueva fase, buscando la felicidad del pueblo, mediante la reducción de la pobreza e inseguridad, buscando una situación mejor. Asfura lo dijo pero no lo repitió: “estaremos mejor”. Aquí está la base para construir un discurso presidencial, que lo repitan sus ministros; y que le pongan carne con sus acciones.

Además, como se acostumbra, Asfura debe leer sus discursos. No tiene los problemas de lectura de Mel; ni las persistencias rencorosas de Xiomara. De modo que por medio de un intelectual amigo que le escriba discursos, el actual régimen pueda conseguir por medio de la palabra presidencial una consistencia de solidez y esperanza que transmita confianza que vamos bien; y que mañana, como dijo en la campaña “estaremos mejor”.

El discurso presidencial –que no debe parecerse al de Xiomara, sino que todo lo contrario ser diferente y esperanzador– debe servir igualmente para que el gobernante se auto evalúe, reconozca sus avances; e identifique valientemente donde se ha equivocado, comprometiéndose a rectificar. Nunca un gobernante consigue más que cuando se presenta como un ser humano que al tiempo que rinde cuentas, reconoce sus fallas y sus aprendizajes, construyendo sobre aquellas las nuevas guías del proceso rectificador de su régimen.

Decir de donde arrancamos, cuantas dificultades ha encontrado; y lo que ha conseguido, es una forma de rendir cuentas y volver más democrático al régimen convirtiendo  al electorado en el protagonista principal. 

Asfura y su equipo ministerial –que debe reorganizarse y especializarse; un gabinete social, un gabinete político, un gabinete de seguridad y un gabinete económico— deben reunirse más veces. En los 100 días, solo se ha reunido una vez. Es necesario que se conozcan, que compartan información; y se den cooperación mutua. Evitando salirse de línea y andén buscando, en lugares diferentes de su gestión, espacios donde volverse visibles. Por ejemplo, el INA no fue creado para resolver los problemas de las municipalidades. Su tarea es incorporar la población que no tiene tierra a la producción agropecuaria y resolver las diferencias entre terratenientes y campesinos, dentro de la ley. Seguir como si nada inadecuado hizo el gobierno anterior y no resolverlo en 100 días, es una muestra de debilidad que no ayuda a prestigiar la administración de Asfura. Las invasiones en Colón, están como el año pasado.

Nos parece en la parte final, llamar la atención de Asfura sobre las tendencias cambiantes de orden internacional. Es posible se haya dado cuenta que el programa “Lanza de las Américas” es muy volátil. Que Trump es muy imprevisible. Que las fuerzas políticas de los Estados Unidos son muy cambiantes. En la primera semana de noviembre habrá elecciones de “segundo término”. Allí se elegirán dos tercios del senado. Varios senadores irán por la reelección. Se anticipa que no variará mucho la composición final; y que los republicanos retendrán el control de la “Cámara Alta”. No así la “Cámara Baja” o Cámara de Representes. Aquí el cambio es total. Son 435. Las encuestas anticipan que los demócratas tendrán la mayoría. Estos resultados complicaran mucho la gestión de Trump y expondrán a sus aliados a la furia y el disgusto por parte de sus adversarios. Es necesario desde ahora, anticipar esos resultados. Para ello, hay que pactar con los demócratas. Haciéndolo antes de noviembre. Después será muy complicado.

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