Contracorriente: TRUMP Y XI PING, “DUEÑOS” DEL MUNDO
Juan Ramón Martínez
La visita de Trump a Pekín y los discursos
intercambiados con el líder de la potencia mundial emergente, confirman que
entramos en un nuevo orden internacional, basado en el dominio de Estados
Unidos y China – que cooperarán estratégicamente sin obstaculizar su
desarrollo—inaugurando otra vez, una nueva guerra fría. La ONU, la OTAN, la UE
y BRIC, están cuestionadas y solo serán operables, si se acomodan a este nuevo
bilateralismo que ya vimos nacer en 1946, poco después de la II Guerra Mundial.
El multilateralismo, la globalización y el comercio mundial, son cosa del
pasado. Su prevalencia, sólo será posible en caso de necesidad en el nuevo
internacionalismo bipolar.
Aunque el mundo respiró aliviado que “los dos
grandes” se hayan puesto de acuerdo, el precio a pagar será incalculable. No
más ahora, en los preludios de la pelea entre las dos potencias, ha habido más
muertos por armas de fuego que por razones naturales, cosa que no habíamos
visto en los últimos cien años. Y como la competencia entre Estados Unidos y
China, tiene el inevitable carácter de la confrontación entre la potencia
restablecida y la potencia retadora, hay que esperar – como lo dijo Xi Ping--,
si tendrán la capacidad para “evitar la traición de Tucídides”.
Tucídides es el filósofo y político reconocido
como el fundador de la geo estrategia. Realista. Fue el primero que enseño
que el relato de los hechos, tiene que hacerse con pruebas. Y que las
conclusiones, deben ser el fruto de los acontecimientos del pasado, estudiados
minuciosamente. Vivió en el siglo V antes de Cristo. Concluyó -- estudiando a
Esparta y a Atenas--, que es difícil hacer pacíficamente una transición entre
la potencia establecida y la potencia emergente. Esparta se puso nerviosa
por el crecimiento militar de Atenas; y la atacó. Con los resultados conocidos.
Esta acción los estudiosos la han llamado la “traición de Tucídides”.
En nuestro tiempo, Graham Allison publicó un
libro bajo el título “Destinado a la Guerra: Pueden Estados Unidos y China
escapar de Tucídides?. De acuerdo a los análisis de Alisson de 16 casos, en
14 -- la potencia establecida y la retadora-- terminaron en guerra. Las
excepciones fueron el relevo entre Gran Bretaña y Estados Unidos y el fallido
entre Estados Unidos y la URRSS que no terminaron en guerra general. En la
última no hubo transición porque la URSS se disolvió. Tal cosa le permite
anticipar que, hay alta probabilidad que la competencia – que ahora celebramos
por pacífica tal los discursos oídos— entre Estados Unidos y China, termine en
una guerra mundial. Porque Estados Unidos, igual que Esparta, puede atacar a
China, antes de 2049. Año que Xi Ping calcula que China superará económica y
militarmente a los Estados Unidos. Que por razones que todavía no son muy
claras, entrará en un curso de debilidad del que no podrá salir.
Las predicciones son, predicciones. Nada más.
Pueden cumplirse o no. Observando el talante de los líderes reunidos en Pekín,
las cosas que se dijeron; como las que se reservaron, anticipamos una nueva
“Guerra Fría”. La competencia se moverá entre líneas rojas, que ninguna se
atreverá a traspasar. Xi Ping, dijo que Taiwán es una de ellas. Trump,
interrogado por los periodistas se refugió en la ambigüedad de Washington, lo
que le permite una discreción singular.
Sin embargo, la venta de armas para Taiwán, se
congelará. Provocando incomodidad en Taiwán y haciendo que muchos países “dejen
de creer en los Estados Unidos”. Porque hay que diferenciar las cosas:
algunas de las líneas rojas, son vivas. Taiwán ha dicho que no obedecerá,
porque la defensa de su libertad e independencia son innegociables. Y solo para
efectos inmediatos, hay que esperar que Rusia – con armamento nuclear,
igual que Taiwán probablemente – no le sienta bien una tercería que significa
menosprecio, cuando fue potencia emergente. Tratará de llamar la atención de
“Esparta y Atenas”, provocando su propio curso de sucesos militares.
Siguiendo a Tucidides, en los discursos
intercambiados entre Trump y Xi Ping, hay un par de cosas. La tranquilidad y
falta de prisa del oriental. Las exageraciones verbales de Trump, la ansiedad
que transmite en su necesidad de que Xi Ping le apoye sus exigencias. China
tiene un aparato político al servicio de la nación. Estados Unidos
tiene un sistema en el que los políticos pueden usarlo menoscabando los
objetivos de la nación. Trump no quiere vencer a China. Es más modesto.
Quiere ganar las elecciones del 3 de noviembre.
El riesgo es que el nerviosismo político, puede
romper los equilibrios estratégicos más elaborados.

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