Cosas del español (89): EL RASTRO DE ESOPO
Félix María de Samaniego fue un escritor español de ascendencia noble famoso por sus fábulas de tono aleccionador mediante moralejas.
El género de la fábula, de origen remoto y
carácter moralizador y didáctico, alcanzó fortuna en España a partir de la
segunda mitad del siglo XVIII y durante el XIX, favorecido por el contexto
histórico y sociocultural de la Ilustración y el neoclasicismo. Las fábulas se
incorporaron de manera directa e indirecta -y no solo en este periodo, también
en siglos anteriores- a los dichos y modismos de nuestra lengua.
Uno de los fabulistas de mayor éxito fue el
alavés Félix María de Samaniego, autor de «La gallina de los huevos de oro»,
para la que se inspiró en la reinterpretación de la fábula de Esopo realizada
por Babrio, poeta latino de finales del siglo I y comienzos del II. En la
actualidad, la gallina de los huevos de oro hace referencia en la
lengua común a aquello de lo que se obtiene un gran beneficio, pero la moraleja
de la fábula puede resumirse en la frase proverbial: la avaricia rompe el saco,
que es el mensaje que transmite la sentencia: «Quienes se contemplaban ya
marqueses» pueden llegar a verse «en la calle sin calzones».
También se debe a Samaniego «El congreso de los
ratones», que nos ilustra sobre la locución poner el cascabel al gato
(´arriesgarse a hacer algo considerado peligroso o difícil´). En realidad, esta
locución es muy anterior. La recoge, con ligeras variaciones, Covarrubias, que
hace referencia a la fábula del gato y los ratones, conocida en España a través
de El Libro de los gatos, obra del siglo XVI que adapta algunas
piezas ejemplarizantes del fraile inglés Odo de Cheriton.
La anécdota la incluye Lope de Vega en La
esclava de su galán (c. 1626): un grupo de ratones se reúne para idear
la fórmula -colocar al gato un cascabel- que les permita burlar al felino y
salir en busca de comida. El desenlace queda en la pluma de Samaniego: «El
proyecto aprobaron uno a uno, / ¿quién lo ha de ejecutar? Eso ninguno».
También el cuento de la lechera
remite a una fábula de Esopo, luego reinterpretada por Don Juan Manuel antes
que por Samaniego. En el cuento, una muchacha se dirige al mercado en el
cántaro de leche en equilibrio sobre la cabeza, sin cesar de maquinar un solo
instante un «plan de negocios» que se va al traste cuando el cántaro cae y su
contenido se derrama. La moraleja es conservadora: «No seas ambiciosa / de
mejor o más próspera fortuna […] / No anheles impaciente el bien futuro, / mira
que ni el presente está seguro».
El otro gran fabulista español del siglo XVIII,
Tomás de Iriarte, popularizó la historia del asno que, tras hallar en el campo
una flauta y acercarse a olerla, arranca de ella un sonido inesperado. El
origen está en el fabulista latino Fredo, autor de «El asno y la lira», y
nuevamente se encuentra en España un antecedente en Lope de Vega, que se
refiere al asunto en El caballero de Illescas (c. 1602). La
expresión sonar la flauta ha pasado a la lengua para designar un
acierto casual. Así lo manifiesta el fabulista canario al final de su relato:
«Sin reglas del arte, / borriquitos hay / que una vez aciertan / por
casualidad».
El modismo el parto de los montes
tienen su origen en la Epístola a los Pisones, de Horacio, en que
se criticaba la ampulosidad de algunos autores: «Parturient montes, nascetur
ridiculus mus» (´Están de parto los montes: nacerá un insignificante ratón´).
La imagen, que retoman Esopo y Samaniego, dio origen en español al modismo el
parto de los montes (´cosa fútil y ridícula que había suscitado grandes
expectativas´). Samaniego le da la forma que hoy es mas conocida: «Con varios
ademanes horrorosos / los montes de parir dieron señales; / consintieron los
hombres temerosos / ver nacer los abortos más fatales. / Después que con
bramidos espantosos / infundieron pavor a los mortales, / estos montes, que al
mundo estremecieron, / un ratoncillo fue lo que parieron».
(Fuente:
Nunca lo hubiera dicho, Taurus, Madrid, Real Academia Española, Asociación de
Academias de la Lengua Española, págs., 222, 223 y 224).

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